sábado, 30 de septiembre de 2023

CTXT. Melilla, vestigios franquistas, contrabando y minorías sin derechos, de Bea Fernández Kunst

 Bea Fernández Kunst Melilla , 8/08/2018

La ciudad es una maqueta de la estructura neocolonialista según la cual se acepta que la gente con menos recursos sufra escasez por el sobreconsumo de Occidente

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí




Melilla es, con Ceuta, el único territorio europeo que queda en el continente africano. La pequeña frontera terrestre entre España y Marruecos ostenta el título de la más desigual del mundo. Es el ojo de la aguja de un continente convertido en fortaleza, cuya estrategia consiste en repeler violentamente a toda aquella persona que trata de entrar. La consecuencia: un verdadero desastre humanitario ante nuestros ojos.

Pese a que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya ha condenado la práctica de las “devoluciones en caliente” en la frontera española por suponer una violación absoluta del derecho de asilo, las autoridades se amparan en la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (“Ley Mordaza”) para continuar llevándolas a cabo.

También ha sido repetidamente condenado el uso de las concertinas, cuchillas instaladas en lo alto de las vallas de Melilla y Ceuta, por su extrema peligrosidad. Sin embargo, lejos de erradicarse, su uso se ha extendido a zonas portuarias para dificultar el acceso de personas que intentan llegar a la península como polizones.

El Gobierno de Pedro Sánchez ya ha anunciado su voluntad de terminar con estas irregularidades largamente denunciadas por diversos sectores de la sociedad, que recuerdan que la presión migratoria no se reduce con medidas represivas y que el endurecimiento de las condiciones solo modifica las vías y las hacen más mortales.

El Gobierno de Melilla alerta del riesgo de un “efecto llamada” en caso de llevarse a cabo estas medidas. El peligro de que cargos públicos defiendan el incumplimiento de los Derechos Humanos para intentar detener la entrada irregular de personas responde, según el colectivo Caravana Abriendo Fronteras, “a una política que deshumaniza a las personas migrantes, que las despoja de sus derechos”. Desde esta organización, que viajó el verano pasado a la frontera sur de España y que este se ha desplazado hasta Italia para denunciar la violación de derechos del colectivo migrante, se habla ya de una “necropolítica en la Europa Fortaleza”.

Al llegar a Melilla lo primero que sorprende es la militarización de la ciudad. La notable presencia del ejército y de las fuerzas y cuerpos de seguridad revelan la especial situación geopolítica de la ciudad autónoma.

Por otra parte, llaman la atención vestigios del pasado como la estatua de Francisco Franco, antes de ser Caudillo, que da la bienvenida al visitante al bajar del ferry. El aroma patriotero también se percibe en el callejero de la ciudad: 47 de sus vías tienen nombre de falangistas y de generales de la dictadura.

La localidad tiene una extensión de 12km² y está rodeada por una doble valla de 6 metros  de alto formada por verjas de acero, alambre de espino, cuchillas y verja antitrepa. Todo dispuesto para separar el enclave español de los vecinos marroquíes, África de Europa.

Como explica el profesor Sebastián Sánchez, catedrático del Campus de la UGR en Melilla, “la ciudad tiene un origen multirracial y multiétnico de base”. No hay más que dar un paseo por sus calles para encontrar vecinas y vecinos con chilaba, hiyab, kipá o crucifijo.

De sus 86.120 habitantes censados, aproximadamente la mitad son originarios del Rif, región marroquí sobre la que se asienta la ciudad. Este colectivo, de lengua y cultura amazigh, sin embargo, no ve reconocido su idioma de manera oficial, a pesar de que cuenta con un porcentaje de hablantes mayor que el euskera en el País Vasco.

La filóloga Alicia Fernández, en su estudio sobre la riqueza lingüística en Ceuta y Melilla, refleja el empeño institucional de potenciar el castellano y otorgarle el rango de única lengua oficial. Para ella, esta discriminación atiende al uso del idioma como símbolo de pertenencia del territorio melillense al Estado español.

Otro rasgo de la ciudad, largamente denunciado por ONGs y asociaciones de defensa de los Derechos Humanos, es el fenómeno, ya endémico, de los menores no acompañados que viven en la calle. Esta población flotante varía entre 60 y 100 niños, dependiendo de la época, y son coloquialmente conocidos como “menas”.

La mayoría de ellos pernoctan de forma intermitente en La Purísima, el más grande de los cuatro centros de menores de la ciudad. Esta institución cuenta con unos 500 internos, lo que supone una ocupación de aproximadamente el 300% de su capacidad inicial. Los “menas” que rechazan la tutela del centro viven esperando el momento adecuado para hacer “Risky” (nombre que dan los chavales al salto a los barcos que se dirigen a la península).

Esta práctica frecuentemente tiene como consecuencia graves lesiones en los niños e incluso la muerte. Durante su espera, además, los menores se ven envueltos en situaciones de violencia y consumo de drogas.

Pero ¿por qué rechazan estos niños la tutela de la ciudad autónoma? Según la asociación PRODEIN, que trabaja por los derechos de la infancia en Melilla desde 1998, el principal motivo de los menores para estar en la calle y rechazar la vía del centro es la imposibilidad para regularizar su situación en España. Para José Palazón, fundador de la asociación, “estos niños soportarían las malas condiciones y el trato inadecuado del centro de menores si al salir obtuvieran papeles”.

(...) José Palazón explica que “en la ciudad mucha gente vive de espaldas a lo que sucede en la valla. En ocasiones porque su situación precaria no les permite asumir riesgos y en ocasiones para mantener una posición socioeconómica cómoda”. El escaso número de melillenses que alza la voz contra la vulneración de Derechos Humanos que se produce en la frontera son tachados de enemigos de la ciudad.

Es fácil caer en el juicio precipitado, pero Melilla no es más que una metáfora, un experimento a pequeña escala de lo que sucede en nuestra sociedad. Es una maqueta en la que observar fácilmente esta estructura neocolonialista en la que hemos naturalizado que la población que menos recursos tiene sufre la escasez como consecuencia del sobreconsumo de Occidente. Es el reflejo de la desigualdad de un mundo donde los que menos contaminan son quienes primero sufren las consecuencias de la destrucción del medio ambiente (...)

Neoliberales contra los paraguas: desprestigiar la ciencia pasa a ser otra arma política, de Iñigo Sáenz de Ugarte

 6 sept 2023    Iñigo Sáenz de Ugarte


Megabalsas de agua en el monte: así es la nueva fiebre de la energía hidroeléctrica en Galicia, de Miguel Rodríguez

 Miguel Rodríguez  1 de septiembre de 2023 

En la parroquia de Santa María de Cornanda, en el municipio coruñés de Brión, los más veteranos todavía recuerdan cuando en 1947 dieron comienzo las obras de la presa Barrié de la Maza. A escasos 30 minutos a pie de sus casas, la Sociedad General Gallega de Electricidad, germen de lo que acabaría siendo Unión Fenosa, levantaba en una de las gargantas del río Tambre un dique de contención de 48 metros de altura que, dice el saber popular de la zona, es el causante de las densas nieblas que desde entonces invaden por las mañanas este tramo del valle.

El proyecto definitivo del Gobierno para instalar 8 macro parques de eólica marina en aguas de Galicia y Asturias

El proyecto definitivo del Gobierno para instalar 8 macro parques de eólica marina en aguas de Galicia y Asturias

Hoy, 73 años después de la inauguración de aquel embalse que cortó el paso de salmones, anguilas y lampreas al cauce alto del Tambre, los parroquianos de Cornanda temen volver a ser testigos de primera mano de un nuevo hito de la ingeniería hidráulica en Galicia.

El monte que rodea sus viviendas ha despertado el interés de dos empresas que desde hace meses compiten por los permisos para poder construir un lago artificial del tamaño de, al menos, 35 campos de fútbol. “La balsa que proponen anegaría una superficie de terreno de la que ahora viven 36 explotaciones agrícolas”, asegura Marta Romero, una de las portavoces de la plataforma vecinal Non á balsa Cornanda–Tambre, constituida en junio. “Por no hablar del peligro que supone para las casas tener una masa de agua de este estilo tan cerca”, advierte.

El objetivo de la obra es conectar el nuevo reservorio de agua con la presa de Barrié, situada a menor altura, a través de una red de dos kilómetros de tuberías de acero y una planta hidroeléctrica subterránea. Un costoso proyecto, presupuestado en entre 234 y 359 millones de euros, cuyos trabajos se prolongarían entre cuatro y seis años, de acuerdo con la documentación entregada por las dos empresas aspirantes, filiales de la madrileña Capital Energy y la gallega Tasga Renovables, respectivamente (...)


viernes, 29 de septiembre de 2023

CTXT . “Todo el capitalismo financiero es fraude” Bernardo Gutiérrez Río de Janeiro , 5/09/2023

 MANUEL BORJA-VILLEL / EXDIRECTOR DEL MNCARS

Bernardo Gutiérrez Río de Janeiro , 5/09/2023

Empático, lúcido, crítico. El historiador del arte y comisario Manuel Borja-Villel habla con entusiasmo contagiante. Tras su salida de la dirección artística del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, Manuel Borja-Villel (Burriana, 1957) asumió, entre otros compromisos, formar parte de la curaduría de la influyente 35 Bienal de Arte de São Paulo (06 de septiembre-10 de diciembre de 2023), titulada Coreografías de lo imposible. Manolo, como se le conoce en su entorno, se deshace en elogios de sus compañeros del equipo curatorial (los brasileños Hélio Menezes y Diane Lima, y la portuguesa Grada Kilomba). Y desmenuza didácticamente la filosofía de la gran Bienal del Sur, protagonizada por negros, pueblos indígenas y movimientos de resistencia.

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí




Borja-Villel reflexiona sobre los aprendizajes de la pandemia (“El mundo puede seguir sin el ser humano”), el neoliberalismo (“Todo el capitalismo financiero es fraude”) o el cambio del paradigma mundial (“Ya nadie se cree la historia universal”). A su vez, habla sin tapujos sobre la guerra cultural que la derecha española puso en marcha contra él y contra el Reina Sofía. 

¿Qué le llevó aceptar la invitación de la Bienal de Arte de São Paulo? Como pregunta expandida, ¿qué le interesa de las prácticas artísticas de Brasil?

Llevo trabajando con América Latina y con Brasil desde el principio, es una de mis líneas de trabajo. Es muy interesante todo el pensamiento afrodescendiente de Leda Maria Marques, Sueli Carneiro, Denise Ferreira da Silva, el pensamiento indígena de Ailton Krenak, Davi Kopenawa. Para conocer esto, que está muy poco traducido, era importante venir aquí. La idea fue crear un equipo heterogéneo (de comisarios), desigual, complejo. El estar juntos es una forma de trabajar, que implica, no solo aprender lo que uno no sabe y lo que otros aportan, sino, sobre todo, desaprender. En la Bienal hay reminiscencias de todo este trabajo que hemos ido haciendo en el Reina Sofía, antes en el MACBA, incluso en la Fundació Antoni Tàpies.

Por primera vez hay dos comisarios brasileños negros en la Bienal, Diane Lima y Hélio Menezes. Grada Kilomba es negra, portuguesa de raíces africanas. ¿Cómo se encuentra siendo el único blanco del equipo en un momento en el que la energía afro de Brasil es tan fuerte?

Me encuentro fantástico, son gente extraordinaria. Echaba de menos tener más tiempo para pensar. Mis colegas brasileños aportan todo el conocimiento situado. Conceptualmente, yo aporto varios niveles. Para mí son fundamentales tres autores: Frantz Fanon, Aymé Césaire y Edouard Glissant. Los tres eran afrodescendientes pero tenían una cultura europea. No podemos olvidar que Europa es una invención. Y Europa se inventa cuando los portugueses y los españoles vienen aquí [a Brasil]. Cuestionar esa invención es importante, entender que hay diversas Europas. Otra de las autoras importantes es Gloria Anzaldúa, su pensamiento fronterizo, que no es el mestizaje híbrido, sino el espacio queer, el espacio que mueve. Para mí, estar en la Bienal ha sido un movimiento en dos direcciones. Por un lado, el darse cuenta que esta especie de binarismo y polaridad que hay en el pensamiento europeo, entre la autonomía del arte y un arte útil, deja de tener todo el sentido.

Esto tiene repercusiones epistemológicas, artísticas, de romper con las disciplinas, que son muy occidentales, pero también de gobernanza y de cuerpo, de romper el binarismo de géneros. En la dirección contraria, aporto a la Bienal una serie de elementos como la crítica material, la crítica institucional, el estar en contra de los esencialismos, el entender que cualquier cosa puede convertirse en una moda, sea afrodescendiente, sea indígena, el mercado tiene una capacidad de absorberlo todo. El espíritu crítico de ciertas instituciones occidentales sigue siendo muy válido.

Anzaldúa y lo fronterizo nos hacen caer de lleno en esta Bienal de Arte de São Paulo, titulada Coreografías de lo imposible, que desborda las disciplinas, las líneas, las fronteras. También se cuestiona el tiempo lineal que remite al progreso occidental. ¿Qué pretende esta Bienal?

Coreografía e imposible son elementos contradictorios. Alguien decide qué es posible y qué es imposible. Hay una colonialidad del poder. Coreografía es una palabra griega que implica la inscripción en un espacio diferente al topos, un término que usó Aristóteles, un espacio cerrado donde tienes libertad de movimiento siempre que no te vayas de los límites. El cora implica que los límites, las reglas, las vas haciendo continuamente, las vas creando, negociando. Tiene que ver con lo común, con la filosofía indígena, con los movimientos feministas contra el heteropatriarcado, con una concepción del tiempo no modernista, no lineal, donde el futuro puede estar en un pasado que no conocemos, en un pasado que ha sido invisibilizado e irrumpe en el presente. Dar visibilidad a un pasado que no se conoce abre futuros absolutamente desconocidos. Tiene que ver con este tiempo espiral de Leda Maria Martins, que también está en los mayas. Hay un elemento de búsqueda de otros espacios, de imaginar otras formas de entender el mundo, de tratar de descubrir lo que desconocemos (...)


Este otoño me voy a coger "un Feijóo", de Isaac Rosa

 29 de agosto de 2023


El Salto. Israel. Triángulo de fuego, de Bruno Thevenin

 Bruno Thevenin    1 SEP 2023

En Jenin, Nablus y Tulkarem muchos jóvenes deciden confrontar la ocupación con las armas, hartos por la inacción de las autoridades palestinas ante el avance de los colonos y la violencia impune del ejército israelí.

Este contenido es posible gracias a las personas que respaldan El Salto con su suscripción. Ayúdanos a llegar a los 10.000 socios/as para seguir informando sobre lo que realmente importa. Lucha por tus medios. ¡Suscríbete!

El 2023 está siendo el año más sangriento de las últimas dos décadas en los territorios ocupados. Crímenes cotidianos que nunca serán juzgados en un contexto de grave impunidad tanto para el ejército israelí como para los colonos asentados en Cisjordania, cuyos actos son legitimados por el gobierno de Israel.

En un reciente informe de HRW (Human Rights Watch) la ONG denuncia el uso desproporcionado de la fuerza letal a manos de las autoridades israelíes contra los niños palestinos. Están matando niños con mayor frecuencia y la organización exige a países como Estados Unidos que presionen a Israel para que cambie de rumbo.La intensidad de la violencia desatada contra la población de Cisjordania sigue una línea ascendente desde el pasado año 2022, uno de los más mortíferos: según la OCHA (Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), 154 palestinos fueron asesinados, 35 de los cuales eran menores de edad. En lo que llevamos de 2023, estas cifras ya se han superado, con 171 muertos,  32 menores.

El nuevo gobierno de Israel, de la mano del primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro israelí de Seguridad Nacional, el extremista Itamar Ben Gvir, están tensando la cuerda en los territorios, que registran un aumento de la represión acompañada de una política de expansión territorial a través de los asentamientos ilegales donde, según las Naciones Unidas, viven ya más de 700,000 personas ocupando terrenos palestinos. 

Las zonas al norte de Cisjordania son los más castigadas por las fuerzas israelíes, allí, tres ciudades han decidido plantar cara al ejército formando un triángulo de fuego contra la ocupación, Jenin, Nablus y Tulkarem. La total desconexión de las autoridades palestinas con su pueblo, la ocupación israelí, y la falta de futuro para la mayoría de los jóvenes les ha hecho buscar nuevos referentes. Uno de ellos es Ibrahim al-Nabusli, joven de 18 años y miembro de los leones del foso, quien fue asesinado en Nablus el pasado verano. Su muerte marcaría un nuevo símbolo para una joven generación que crece sin perspectivas y que ha decidido emprender la lucha armada.

MUCHAS FOTOS EN EL ENLACE

...................

OTRA COSA:   CTXT. Un año después, la revuelta de las mujeres en Irán sigue viva, de Paco Audije

jueves, 28 de septiembre de 2023

CTXT. “En México, la necromáquina pone y quita gobernadores, asesina alcaldes y diputados”. Por David Ramos Castro

 David Ramos Castro 2/09/2023

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí



En México, la necromáquina pone y quita gobernadores, ...



Rossana Reguillo (Guadalajara, México, 1955) ha recorrido un largo camino intentando comprender su tiempo y la historia reciente de su país, para lo cual ha investigado temas relacionados con la violencia, la juventud o la construcción de las subjetividades en entornos urbanos y digitales. Aunque el trayecto no ha sido fácil ni ha estado exento de riesgos personales, ha dejado una copiosa cosecha de más de un centenar de artículos, así como varios libros publicados. Hemos conversado a propósito de su vida intelectual, su laboratorio de investigación (Signa_Lab) y su última obra, Necromáquina. Cuando morir no es suficiente. Este año participará en el XVI Congreso Internacional de Antropología, organizado por la Asociación de Antropología del Estado Español (ASAEE), que se celebrará entre los días 6 y 8 de septiembre en la ciudad de A Coruña.

Las varias vidas de una antropóloga

Reguillo se licenció en Comunicación con una investigación sobre las consecuencias del terremoto de México de 1985, algo que la hizo entrar en contacto con varias comunidades de Ciudad Guzmán, en donde “los efectos del sismo fueron igual de devastadores que en la capital, aunque nunca alcanzó notoriedad y visibilidad mediática”. Asimismo, obtuvo una maestría, también en Comunicación, que la puso por primera vez en contacto con los llamados “chavos-banda”, integrantes de las bandas juveniles en los barrios. “Fue un tiempo muy duro –recuerda la autora–, con mucha violencia prenarco”, del que sin embargo salió su primer libro, En la calle otra vez. Las bandas: identidad urbana y usos de la comunicación. Poco después, comenzó un doctorado en Ciencias Sociales, con especialidad en Antropología Social, que la llevaría a analizar las explosiones de gasolina ocurridas en el alcantarillado de la ciudad de Guadalajara en 1992, las cuales dejaron tras de sí centenares de víctimas y un cruce de acusaciones entre miembros del estado y PEMEX. “Me sorprendía –comenta– que la gente que era profundamente valiente en la calle, cuando aparecía un funcionario público, se doblegaba. Había en ello algo de miedo y una lógica sobre el poder”.

Reguillo empezó entonces a hacerse preguntas acerca de la construcción social del miedo y a realizar un arduo trabajo de campo que la llevó de Guadalajara a Medellín, de La Plata a San Juan de Puerto Rico. Fue una pesquisa en la que, como ella misma relata, aplicó “muchísima imaginación metodológica, trabajando a fondo los imaginarios con la gente. Es algo –añade– que me reconcilia mucho con la etnografía creativa, que no consiste simplemente en registrar los discursos, las hablas, las prácticas de los actores, sino en entender situacionalmente el contexto en el que la gente está”. Uno de los resultados del estudio mostró que la percepción de la ciudad que tenía la gente empequeñecía las zonas que consideraba seguras, mientras que agrandaba las que veía como peligrosas. “Ahí me di cuenta de cómo se tocaban los imaginarios de las clases dominantes y de las más pobres; sus miedos eran bien parecidos: lo pobre no te hace democrático”.

Sin embargo, en septiembre de 2001, los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, que cambiaron nuestras vidas por completo, alteraron también los interrogantes de la investigadora. “En aquel momento se me instaló una pregunta política y comprendí que aquel que sabe explotar los miedos también sabe explotar la esperanza. Es lo que hemos visto recientemente con casos como los de Bolsonaro o Trump”. Pero la violencia seguía siendo una cuestión pendiente que traía consigo la antropóloga desde su trabajo con los chavos-banda en los años 90. “A partir de 1982 –asegura–, los datos habían empezado a cambiar, cuando las principales víctimas y victimarios eran jóvenes menores de veinticuatro años. Es el momento en que se van acelerando las violencias y el narcotráfico empieza a reclutar cada vez a más jóvenes. A mí no sólo me interesaba entender a las víctimas, sino a los victimarios; cómo se configuran esas biografías rotas por tanta brutalidad” (...)