martes, 28 de febrero de 2017

Los méritos y la trayectoria del nuevo fiscal Anticorrupción

Manuel Moix, el nuevo fiscal jefe Anticorrupción, es el mismo que amagó con abrir un proceso penal contra los medios que investigamos los correos de Blesa y las tarjetas black.        


Había siete aspirantes a liderar la Fiscalía Anticorrupción. De los siete candidatos, solo uno no tenía experiencia alguna en esta especialidad: Manuel Moix. Justo ese ha sido el elegido ¿La razón? Su trayectoria como fiscal jefe de Madrid. Cuando se repasa su hoja de servicios, el nombramiento –que coincide con todo tipo de purgas en la Fiscalía– se entiende mucho mejor. 
Manuel Moix es el mismo fiscal que  rechazó acusar a Esperanza Aguirre de un delito de desobediencia cuando se fugó de los agentes de movilidad. El mismo que evitó que Rodrigo Rato durmiese en el calabozo y se le retirase el pasaporte cuando fue detenido. El mismo que impulsó la acusación contra el juez Elpidio Silva cuando se le ocurrió meter en prisión a Miguel Blesa. El mismo cuya Fiscalía ha intentado archivar el caso de los espías pagados con dinero público por el Gobierno de la Comunidad de Madrid.
Manuel Moix, el nuevo fiscal jefe Anticorrupción, es también el mismo que amagó con abrir un proceso penal contra los medios que investigamos los correos de Blesa, una filtración de documentos a la que accedimos en eldiario.es gracias a una fuente anónima derivada por Xnet.
En enero de 2013, el fiscal Moix firmó una providencia pidiendo formalmente que se iniciase una investigación penal sobre la filtración de esos correos. Moix se decidió a actuar después de que eldiario.es publicase, entre otras informaciones, la exclusiva de las tarjetas black: que en Caja Madrid los consejeros se habían repartido sobresueldos en negro a través de tarjetas opacas.
El fiscal jefe de Madrid sí veía un posible delito en aquellas noticias, pero no se refería a Blesa ni a los consejeros que sangraron Caja Madrid. Los posibles delincuentes, según Moix, éramos los periodistas que estábamos publicando esos "correos ilícitamente obtenidos, cuya mera difusión podría tener encaje penal".
Para Moix, era más relevante defender la intimidad de Blesa –a pesar de que se trataba de su correo corporativo y no personal– que perseguir los delitos que denunciábamos con nuestra información. "De lo poco que he leído de esos correos, no se desprende ningún hecho ilícito", decía el fiscal Moix.
Gracias a la Fiscalía Anticorrupción –que no a Manuel Moix– nuestra denuncia de las tarjetas black no cayó en saco roto. En diciembre de 2013, la redactora jefe de Economía Belén Carreño publicó la primera información sobre las black; una exclusiva que el resto de la prensa ignoró. Poco después, como consecuencia de nuestra noticia, la actual dirección de Bankia puso en marcha una auditoría interna y encontró el resto del pastel. En mayo de 2014, las black llegaron a la Fiscalía Anticorrupción. En septiembre imputaron a los acusados. Y hace unas horas, al fin llegó al fin la sentencia. Hoy Miguel Blesa y Rodrigo Rato han sido condenados a penas de varios años de prisión.
Que la sentencia de las black coincida con el nombramiento de Moix al frente de la Fiscalía Anticorrupción es tan sarcástico como preocupante. ¿Qué habría sido de las black en manos de Manuel Moix? ¿Qué será del próximo escándalo de corrupción que afecte al Partido Popular y acabe en esta fiscalía tan crucial?


Crónica de la represión de julio de 1936 contada por un republicano escondido

El diario del horror Las anotaciones de un vecino de Vilachá encontradas en 2006 en la aldea de Estrumil revelan los tiempos y los usos represivos en una zona del sur de Lugo durante los primeros días del golpe de Estado. Por:  Xosé Manuel Pereiro - 28 de Diciembre de 2016 http://ctxt.es/es/20161228/Politica/10267/Guerra-Civil-represion-diario-cronica-Lugo-republica.htm

Maldito diario:
“En estos días tenemos a la vista la triste nueva de haber sido muerto también en Castro de Rei el compañero Dositeo Pérez Fernández… fue alcanzado por un proyectil que le atravesó el cráneo dejándolo muerto instantáneo. Una vez reconocido el cadáver por los mismos resultó ser un antiguo amigo del mismo que lo mató, diciéndoles a los demás allí mismo que había matado a un amigo, y muy contento, pues decía este criminal ‘¡Qué se joda!’. ‘Para nosotros el matar es un honor’. Pues este criminal es el conocido despilfarrador Amieira de Villaesteba (Saviñao). Pertenecía a la Banda Negra de Monforte. Le dijo un día de estos a un vecino hablando de los crímenes que hacía todos los días: ‘Mira, tu suegro es gordo, pero seis más gordos todavía los dejamos tirados como seis cerdos en la carretera, y aún tenían bastante dinero, que éramos cuatro y nos tocaron a veinte y tres duros y una peseta y tres reales, y algunos botones de oro”.
Este es uno de los relatos de los tiempos y los usos de la represión en una zona del sur de Lugo durante los primeros días del golpe de estado fascista de 1936. Los escribió uno de los perseguidos desde el escondite en el que logró refugiarse, en la casa de unos parientes lejanos, de filiación monárquica. Allí, a lo largo de mes y pico, fue apuntando lo que había visto y lo que le contaban que estaba pasando. Después de ese tiempo, logró escapar, pero el manuscrito quedó en la casa, en la aldea de Estrumil, parroquia de Sobreda, municipio de O Saviñao. No se descubrió hasta 2006, al realizar obras de reforma en el edificio. “Los papeles los encontró un constructor que había contratado mi madre para arreglar un muro de la casa. Fue junto a ella con los papeles y le dijo: ‘Acabo de encontrar el tesoro de Sierra Madre”, dice Miguel Rodríguez, el miembro de la familia propietaria de la casa de Estrumil que se ha encargado de conservar el diario. El escondido se llamaba Manuel y era vecino de Vilachá, una aldea de Castro de Rei de Lemos, una parroquia del Ayuntamiento de Paradela. Miguel Rodríguez aventura que pudo ser incluso miembro de la corporación republicana de Paradela (un municipio atravesado por el camino de Santiago, cuyo censo no alcanza ahora los dos mil habitantes y en 1930 apenas superaba los cinco mil) porque usó papeletas del censo electoral para escribir la crónica con la que conjuró el horror. 20 hojas de 21,5x16 cm que encabezó con el título El terrorismo faccioso en Castro de Rey (Paradela) desde el día 18 de julio de 1936, día en que estalló el movimiento revolucionario faccioso, cuyo contenido fue transcrito en su mayor parte en el número 38 de la revista LUZES.

Imagen cedida por Miguel Rodríguez González/LUZES

Imagen cedida por Miguel Rodríguez González/ LUZES

Su valor, más allá de la aportación histórica, estriba en las circunstancias y en la perspectiva de su escritura. El del testigo de los hechos que quiere dejar constancia de ellos, y los describe con la narrativa popular de un cuento de invierno, aunque el uso del papel y el idioma oficiales le contagie a veces alguna expresión burocrática. Esa voluntad de crónica se refleja en el título y en que comience contando el histórico intento, el 20 de julio, por parte de contingentes republicanos, ferroviarios de Monforte, artesanos y labradores de otras poblaciones del sur de Lugo, de ocupar la capital y restaurar el orden legal. Allí se encontraron con una encerrona de fuerzas del ejército y la Guardia Civil, que se habían desplegado siguiendo en teoría órdenes del gobernador civil, que ya había sido hecho prisionero. “Al hacer la retirada varios ya fueron asesinados por las hordas facciosas y Guardia Civil, no pudiendo hacer uso la mayoría de estos de los coches que antes les habían llevado, siendo tiroteados varios coches que les cuadraba pasar por sitios donde había Guardia civil... Otros muchos al salir de Lugo tuvieron que pasar el rio Miño a nado”.

Imagen cedida por Miguel Rodríguez González/LUZES
Imagen cedida por Miguel Rodríguez González/ LUZES
Manuel de Vilachá se había quedado a medio camino, en Sarria, para defender la legalidad republicana en esa villa. Pero “con las armas de que disponían, que eran solo escopetas y pistolas, era imposible defenderse de los máuseres y ametralladoras que por momentos entraban en Sarria... y se fueron retirando amparados por el astro de la noche, pues varios coches con Bandera Bicolor llenos de fascistas y Guardia Civil se hacían dueños del pueblo”. El manual del perfecto golpista indica que hay que descabezar a las autoridades civiles. En 1936, lo de descabezar no era figurado. “[El alcalde de Sarria, Antonio Páramo] se encontraba en su casa de O Lázaro en compañía del Presidente del Comité de Castro de Rei Don Julio López González y algunos otros compañeros, dos guardias municipales a la puerta en evitación de atentados, cuando se presentaron otros dos municipales requiriendo al Sr. Alcalde que les acompañara a un asunto que le convenía, y desde luego muy cerca. Estos guardias eran de los que habla ingresado el Sr. Páramo durante su gestión, los creía tener toda confianza. Y éste ya se disponía a acompañarlos cuando el Presidente del Comité de Castro de Rei se dio perfecta cuenta de que el Alcalde de Sarria iba a ser víctima de aquellos dos miserables y este dijo ‘Antoñito no salgas que te quieren matar’, pues en efecto no salió gracias al camarada de Castro de Rei y al momento comprobaron que era verdad que le querían asesinar y entonces estos dos municipalillos con otros del fascio se situaron delante de su casa subidos en árboles de espeso ramaje para poderle asesinar, pero compañeros leales vigilaron la marcha de los pistoleros antes citados, y entonces el Alcalde se tiró por una ventana, por la parte opuesta de su casa que daba a una huerta”. Los golpistas pondrían precio a la cabeza de ambos: tres mil pesetas por la del alcalde, mil por la del presidente del comité. Acabarían cobrando las dos.
En una sociedad rural, la mayoritaria entonces en Galicia, donde prácticamente todos se conocían, no hubo guerra civil, sino una depuración sistemática
La persecución no solo alcanzaba a los cargos políticos. En una sociedad rural, la mayoritaria entonces en Galicia, donde prácticamente todos se conocían, no hubo guerra civil, sino una depuración sistemática. A veces selectiva y en ocasiones, generalizada. “Muy cerca se oían fuertes descargas que al momento hemos visto en el alto de la Peña Veitureira y sus cumbres inmediatas que estaban llenas de revolucionarios con armas de guerra, desplegaban guerrilla haciendo descargas cerradas de fusil sobre las matas que encontraban; al mismo tiempo que vemos esto, aparece la nutrida caravana de autocamiones que venían a su servicio en los que portaban cañones y ametralladoras, pues según informes estas fuerzas procedían, las de Artillería, de Ferrol, y las de Infantería de Lugo y Coruña y nutridas Centurias de Falange. Estas fuerzas siguieron hasta [el campo de] la Feria, partiéndose grupos de fascistas por los pueblos en sus burdas diligencias de saqueo y maltrato a las gentes humildes.
Al pasar por el pueblo de O Pereiro, allí entraron en la casa de Don Julio G. Teijeiro que, después de llevar todo lo que les dio en gana, procedieron al destrozo de casa y muebles y loza y batería de cocina, convirtiendo la casa del citado Señor y Doctor en un cuadro de ruinas, y desprecios hasta con sus caseros, yendo a unirse con la otra partida de insurrectos al Campo de la Feria, pues allí entonces en la Casa del Alcalde de Paradela, don José López Armesto, industrial en el citado Campo de la Feria.... que también saquearon el comercio y todo lo que tenía, que entre otros artículos: botellas de licores, conservas, galletas, cafés, azúcares, vinos tostados y rancios, bacalaos y panecillos y el vino que tenía en bocois [barriles de unos 500 litros], y después de beber lo que les dio en gana se pusieron a tiros a los envases y lo vertieron por el suelo. También tenía este Señor para el arreglo de su casa una decena de gallinas más o menos y se las mataron guisándolas allí mismo, en que luego salieron casi todos borrachos, pues para mejor hincharse y llevar para sus casas anduvieron casas del pueblo robando lacones y chorizos como hicieron en todos los pueblos por donde pasaban… Fue grande cosa la conducta del derrotado Candidato Sr. Saco Rivera y su criado asesino O Carrozas, ensañándose porque este pueblo consciente de sus deberes le derrotó en todo el Municipio en las últimas elecciones, pues se creía que teníamos obligación de darle el voto, pero fue todo lo contrario, por eso vino ensañarse y comer las gallinas del Alcalde… Así ha sido la conducta del ex -Diputado Saco y sus compinches, tal fue la borrachera que allí mismo asesinaron a un compañero de la Falange, que le hicieron un disparo en la garganta y otro en el pecho, lo que quisieron ocultar pero las mujeres de Mosteiro Vello lo vieron claro y los niños”.
Lo que describe Manuel de Vilachá no son precisamente unas tropas militares que conquistaban territorios, o un nuevo orden impuesto por la fuerza que se deshacía de sus rivales con simulacros de juicios. Eran bandas de facinerosos (alguno con pasado republicano) en gran parte sin mucha más carga ideológica que el odio al rival político y el amor a sus propios intereses, despertados y espoleados por saberse imbuidos de un poder absoluto. “[quitaban] a las gentes obligadas y amedrentadas lo que bien necesitaban en sus pobres hogares, la mayoría de ellos, unos con huevos, otros carnes, dinero y corderos, que tenían allí un rebaño de unos doscientos y todos los días se comían uno o dos y lo mismo lacones, chorizos y mantecas; allí se hinchaban ellos y sus agregados que todos los días era un festín, que algunos ya no comían nada en sus casas, pues allí había para todos, de comer y dinero, solo hacían grandes pilas de sacos con centeno, patatas, judías y otras cosas que lo que no podían comer lo vendían y guardaban para ellos, de esto buena tajada, también iba para los jefazos de Sarria que de acuerdo con ellos se llenaban los bolsillos, así que ellos los recogían como donativos para el frente y el frente lo eran ellos, pues algunos bien de cerca tenían en su casa deuda por valor de más de mil pesetas, esto según persona bien enterada...  prestó réditos e hizo beneficios a cuenta de robar republicanos”.
El sur de Lugo fue, según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, la zona más castigada por la represión en los primeros días del golpe
Pero el latrocinio no ocultaba las tragedias. El sur de Lugo fue, según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, la zona más castigada por la represión en los primeros días del golpe. Entre los asesinatos que narra el diario está el del presidente del comité republicano de Castro de Rei, al que “según le llevaban delante le hicieron varios disparos a espaldas. Fueron grandes los lamentos de aquel hombre para que le dejasen en libertad, y ellos se reían los miserables: que en medio del monte le dejaron sin vida, echando sangre a borbotones, y, luego que esto cometen, se marcharon muy contentos que a preguntas de sus jefes si le habían detenido contestaron muy orgullosos: ‘Sí lo hemos prendido, pero al poco de venir con nosotros tropezó y no se levantó, y entonces nosotros le dejamos; que le levante su familia si quiere’… De la misma manera procedieron con el médico del vecino Ayuntamiento de Incio, conocido por ‘O Pequeniño’, hombre noble, honrado y republicano, muy apreciado del público, por sus buenos sentimientos y como médico muy listo y compadecido del pobre, siendo una gran pérdida general tanto por su persona como por sus dotes científicas” (Manuel Díaz, ‘O Pequeniño’, que había sido informante de Gregorio Marañón, fue sin embargo arrastrado cinco kilómetros de la cola de un caballo antes de ser rematado).
Los últimos hechos recogidos en el diario escondido son siempre asesinatos: “…y una vez que tal hecho consumaron estos criminales llegan muy contentos al cuartel de Pacios, o sea, de Paradela, contándolo a sus jefecillos y entonces le dicen al cocinero: ‘Un lacón máis ó pote que xa hai outro porco morto’. Y qué bromas ellos no se gastaron por aquel muerto y otros más, contando los matadores como clamaba y gemía. En fin, que mucho más tenía que detallar este hecho pero me da pena describirlo y lo mismo otros nuevos detalles que en verdad debían figurar en este memorial, pero otros habrá que lo harán”. Así finalizó su relato el cronista oculto, porque no pudo o quiso contar ya más desmanes, o porque consiguió acabar con su encierro. Porque Manuel de Vilachá logró salir de allí y sobrevivir. Quizá para que, cuarenta años después, la vida diese un punto de giro.
Manuel sobrevivió en A Coruña, entonces un lugar mucho más lejano de Paradela que los 150 kilómetros de distancia física que hay entre los dos lugares. No tenía denuncia alguna sobre sí, y se sabe que trabajó en el bar de la estación de ferrocarril, y que tuvo dos hijos. Como la mayoría de los vencidos, no debió hablar mucho de su pasado, ni de su ideología. Los dos hijos ingresaron en la entonces Policía Armada. Los descendientes de la casa de Estrumil que habían dado cobijo a Manuel en aquel verano de 1936 también crecieron, y no precisamente en la devoción monárquica familiar. En el verano de 1975, poco antes de la muerte de Franco, los dos policías intervinieron en la detención de dos hermanos de Miguel Rodríguez, Xan en Monforte y Ángeles en Santiago, acusados de pertenecer al FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). “Los dos hijos de Manuel nunca supieron que habían detenido a miembros de la familia que había ocultado a su padre”, comenta Miguel Rodríguez. “Cuando murió Manuel, les perdimos la pista, y él nunca lo supo o no se lo debió decir a ellos”. El tiempo pasa, el miedo no.  
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Diario de un escondido. Luzes.  Autor  Xosé Manuel Pereiro

lunes, 27 de febrero de 2017

PNV, PSE y PP se unen contra Errekaleor, el mayor barrio okupa

 Los conservadores logran el apoyo de nacionalistas y socialistas para presentar una demanda de desahucio contra los 150 vecinos de Errekaleor, una antigua zona obrera que lleva okupada desde hace tres años. Los residentes aseguran que en las últimas semanas se ha incrementado la presencia policial. Publicado: 26.12.2016 DANILO ALBIN http://www.publico.es/politica/pnv-pse-y-pp-unen.html

PNV, PSE y PP se unen contra Errekaleor, el mayor barrio recuperado del Estado
PNV, PSE y PP se unen contra Errekaleor, el mayor barrio recuperado del Estado

BILBAO.- Aunque hoy resulte difícil imaginarlo, hubo un tiempo en el que Vitoria (capital de la Comunidad Autónoma Vasca) era un hervidero de fábricas. Así, entre los humos de las chimeneas, el Obispado levantó “El Mundo Mejor”, un barrio habitado por cientos de familias obreras. Hoy ya no están (ni los obreros, ni las fábricas), pero pervive su espíritu. “Vivir aquí es muy diferente a hacerlo en otra zona”, explica Fabricio, un vecino con inconfundible acento argentino. “¿Sabe por qué? (continúa). Porque aquí encontramos un bienestar que no se puede comprar… ni alquilar”. Quédese con estos dos conceptos: ni comprar, ni alquilar.

“El Mundo Mejor” es hoy conocido por el nombre de Errekaleor. Su censo no oficial dice que allí viven alrededor de 150 personas. Todas ellas pueden presumir que forman parte de un proyecto que trasciende las fronteras de Vitoria: se trata del barrio okupado más grande del Estado español. “Aquí vivimos personas con perfiles totalmente diferentes. Hay cuatro familias con hijos, y dentro de poco va a nacer otra criatura. También puedes encontrar profesores de universidad, locutores de radio, albañiles, parados, estudiantes…”, señala a Público Karla Derrojalbiz, integrante del colectivo Errekaleor Bizirik (“Errekaleor Vivo”, según su traducción del euskera).

El exalcalde y ex ministro de Sanidad del PP, Alfonso Alonso, también conoce muy bien este barrio, o al menos los planes que existían para esta zona. En 2002, cuando el ahora portavoz de los populares en el Parlamento de Vitoria estaba al frente del ayuntamiento, los antiguos vecinos de Errekaleor se enteraron de que sus casas pasarían a mejor vida. La idea de Alonso era reubicar a cerca de 200 familias en otras partes de la ciudad, lo que le permitiría derribar los antiguos hogares de los obreros y levantar en su lugar una moderna urbanización. Por entonces, en plena burbuja inmobiliaria, su plan cazaba a la perfección con los deseos de las insaciables empresas constructoras.

Una década después, la muerte del ladrillazo supuso la caída en desgracia de ese proyecto. Sin embargo, los planes para tirar abajo las viviendas continuaron. Un grupo de aproximadamente 20 vecinos resistió durante un buen tiempo –incluso hubo denuncias de mobbing inmobiliario contra el ayuntamiento-, pero al final acabaron realojados en otros puntos de Vitoria. Cuando esta antigua zona obrera parecía condenada a convertirse en un desierto, un grupo conformado por diez estudiantes universitarios consiguió entrar al portal número 26. Ocurrió un 3 de septiembre de 2013. “Lo que esos jóvenes planteaban era impulsar una alternativa de vivienda y, al mismo tiempo, ayudar a los vecinos que seguían allí”, explica Derrojalbiz, quien admite que al principio “la gente de Vitoria era bastante escéptica con este proyecto”.

Volvió la vida

“Nuestro proyecto de vida es totalmente antagónico con el que defienden los que están en el ayuntamiento”, reflexiona la portavoz de Errekaleor Bizirik
Si el primer año estuvieron casi “atrincherados”, al siguiente comprobaron que su iniciativa atraía cada vez a más personas. “Desde entonces no hemos parado de crecer”, afirma la portavoz de Errekaleor Bizirik. Hoy tienen panadería, huerto, cine o un centro cultural. Además, varias fachadas están decoradas con murales tan artísticos como reivindicativos. “Este es un barrio autogestionado. Pretendemos ofrecer alternativas al sistema, y las creamos nosotras mismas”, dice Esti, una profesora universitaria que llegó a Errekaleor en septiembre de 2015 y que hoy vive en un portal ocupado por mujeres.

Sus argumentos no convencen a los representantes municipales del PNV, PSE y PP. A día de hoy, nacionalistas y socialistas gobiernan juntos en esta ciudad, mientras que los conservadores se ubican en la oposición. Sin embargo, a la hora de hablar de este barrio casi no hay diferencias entre ellos. Así quedó constatado en la última reunión de Ensanche 21, la sociedad municipal que ostenta la titularidad de todas las viviendas del barrio. Tanto PNV como PSE secundaron una propuesta formulada por el PP para “iniciar el procedimiento de desahucio por precario”. “Nosotras ya sabemos que nos quieren echar. Al fin y al cabo, nuestro proyecto de vida es totalmente antagónico con el que defienden los que están en el ayuntamiento”, reflexiona la portavoz de Errekaleor Bizirik.

A los juzgados

Según explicaron a Público fuentes populares, el siguiente paso será la presentación de una demanda civil en los juzgados, lo que supondría el comienzo del fin para las 150 personas que viven en esa zona. Este periódico intentó obtener una respuesta del gobierno municipal, pero sus responsables indicaron que no formularían ningún tipo de declaraciones. Lo mismo ocurrió en el PSE, cuyos concejales declinaron hacer una valoración sobre este asunto.
“Tememos que se esté negociando en los despachos un proyecto inmobiliario que la ciudad no necesita”, advierte Juan Cerezuela, concejal de Podemos-Ahal Dugu
En cualquier caso, la actuación de estas tres fuerzas políticas cuenta con la firme oposición del resto de partidos con presencia en el ayuntamiento. “Tememos que se esté negociando en los despachos un proyecto inmobiliario que la ciudad no necesita. De otra forma no se puede explicar el cambio de maniobra del gobierno municipal”, advierte Juan Cerezuela, concejal de Podemos-Ahal Dugu. A su juicio, “Errekaleor Bizirik se ha consolidado como un movimiento alternativo como pocos en todo el Estado que, lejos de causar problemas, sirve como ejemplo para quienes quieran impulsar proyectos de autogestión a todos los niveles”.

PNV, PSE y PP se unen contra Errekaleor, el mayor barrio recuperado del Estado
PNV, PSE y PP se unen contra Errekaleor, el mayor barrio recuperado del Estado

“Quieren cortarlo porque no les gusta que se desarrollen proyectos de este tipo, que confrontan con el modelo de sociedad neoliberal que ellos defienden”, sostiene el edil de EH Bildu Félix González, quien pone el acento en una cuestión numérica: “en Vitoria hay 15 mil viviendas vacías. Además, existe suelo para construir hasta 25 mil casas”. “Por lo tanto –continúa-, está claro que aquí no existe ninguna presión urbanística para que pasado mañana haya que construir allí”.

“Lo que el ayuntamiento debería hacer es sentarse a dialogar con las personas que viven en ese lugar, hablar sobre este proyecto y establecer los cauces necesarios para llegar a un acuerdo”, indica el concejal de Irabazi (Ganemos), Jon Ruiz de Infante. A su juicio, la intención de desahuciarles “no es más que una posición política, porque todos saben que ninguna constructora se va a meter ahí”. “Lo que no entendemos es qué intenciones hay desde el gobierno municipal respecto a esas viviendas”, apunta.

Agresiones policiales

En ese contexto, desde Errekaleor Bizirik aseguran que el clima está cada vez más enrarecido. “Hace unos meses, las fuerzas policiales insultaron y amenazaron a un vecino mientras paseaba por los alrededores del barrio. Además, lo tiraron al suelo y le golpearon violentamente. Por si eso fuera poco, también retuvieron a otro vecino aprovechando que estaba solo y lo amenazaron gravemente, además de golpearlo”, denunció hace algunos días ese colectivo.

En tal sentido, su portavoz aseguró a Público que en las últimas semanas han notado un incremento de la presencia policial en sus calles. “Quieren que sepamos que estamos vigilados. Quizás sea una preparación para el desalojo”, advierte. En 2017 se sabrá si tiene razón. De momento, la vida continúa en el “Mundo Mejor”.

INFO POSTERIOR, PUBLICADA en BILBAO por DANILO ALBIN
http://www.publico.es/politica/mayor-barrio-okupa-autogestionado-resistira.html

Los 74 rostros más influyentes del Opus Dei + Los últimos miembros del Opus ejercen de lobby en las estructuras capitales del Estado

No son Dios, pero están en todas partes. No están todos los que son, pero son todos los que están.

Ministros, jueces, ex cargos públicos condenados por las Tarjetas Black… Estos son los principales nombres de la orden ultracatólica. El PP aparece como un auténtico semillero de vocaciones… O viceversa. http://www.publico.es/sociedad/74-rostros-influyentes-opus-dei.html madrid Danilo Albin



Guindos y Fernández Díaz en la Beatificación Alvaro del Portillo en Madrid en 2014

Guindos y Fernández Díaz en la Beatificación Alvaro del Portillo en Madrid en 2014
No son Dios, pero están en todas partes. Algunos lucen carteras de ministros. Otros cruzaron una puerta giratoria y aparecieron en el consejo de dirección de una gran empresa. Como no podía ser de otra manera, tampoco faltan los condenados por corrupción. Entre unos y otros hay hueco para personajes de distinta estirpe, como el diseñador del Seat León, el psqiuiatra de Mariló Montero, un torero, el ex presidente de un importante club de fútbol o el jefe médico de uno de sus rivales. Ya sea en un despacho del Tribunal Constitucional o en la lujosa casa de un banquero, el espíritu del Opus Dei sigue diciendo presente.
A continuación, Público presenta una lista con 74 nombres relevantes de este grupo ultracatólico en España. No están todos los que son, pero son todos los que están.
Luis de Guindos. Ministro de Economía.
Jorge Fernández Díaz, ex ministro de Interior.
Federico Trillo, ex ministro de Defensa y ex embajador en Londres.
Fernando Martí. Presidente del Consejo de Seguridad Nuclear.
Benigno Blanco. Ex secretario de Estado durante el Gobierno de José María Aznar durante ocho años -primero de Aguas y después de Infraestructuras-. Ex presidente y actual vocal del Foro de la Familia.
Juan José Nieto. Director General de Educación Infantil, Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid, designado por Cristina Cifuentes en julio de 2015. Anteriormente fue director del Instituto Julio Verne de Leganés.
Juan Cotino. Ex presidente de las cortes Valencianas. Vinculado a las tramas Gürtel y Brugal.
Francisco Gilet Girart. Ex diputado del PP. Ex consejero del Gobierno Balear.
José Manuel Romay Beccaría, presidente del Consejo de Estado de España.
Rafa Larreina, ex diputado de Amaiur. Integrante de Eusko Alkartasuna (EA).
Juan Carlos Mujika. Ex integrante de la Ejecutiva de EA en Araba. Responsable de información del Opus Dei en Euskadi. Sobrino de José Javier Múgica, concejal de UPN en Leitza que fue asesinado por ETA el 14 de julio de 2001.
Antoni Subirà Claus. Uno de los fundadores del partido Convergència Democràtica de Catalunya. Ex Consejero de Industria, Comercio y Turismo de la Generalitat.
Jesús Pedroche. Ex senador del PP y ex presidente de la Asamblea de Madrid. Fue consejero de Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid durante la etapa de Alberto Ruiz-Gallardón. Acaba de ser condenado a dos años y seis meses de prisión por su participación en la trama de las Tarjetas Black –llegó a gastar 132 mil euros- cuando se desempeñaba como consejero de Caja Madrid a propuesta del PP.
Miguel Ángel Serna Oliveira. Político del PP. Fue consejero de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria desde junio de 2011 hasta septiembre de 2015.
Isabel Tocino. Política del PP. Ex ministra de Medio Ambiente entre 1996 y 2000. En la actualidad forma parte del Consejo de Administración del Banco Santander, Ence y Enagás. Además forma parte del Consejo de Estado como consejera electiva.
Arsenio Fernández Mesa. Ex director General de la Guardia Civil y ahora consejero de Red Eléctrica.
Ignacio Cosidó. Ex director General de la Policía.
Julieta de Micheo. Actual jefa de Gabinete del ministerio de Sanidad. Fue jefa de Secretaría de Trillo durante su etapa de Ministro de Defensa. Militante antiabortista.
Carlos Aragonés, ex jefe de gabinete de José María Aznar y marido de la ex consejera de Educación madrileña, Lucía Figar, quien dimitió tras ser imputada en el caso Púnica.
Lourdes Méndez Monasterio, ex diputada del PP.
Vicente Martínez Pujalte, ex diputado del PP. Abandonó el Opus Dei poco antes de casarse en agosto de 2012 con la ex secretaria de Estado de Turismo, Isabel Borrego Cortés.
Eusebio Orrasco García. Ex alcalde de Cogeces del Monte (Valladolid) por el PP.
José Rocamora Ruiz. Ex alcalde del PP de Granja de Rocamora (Alicante), donde gobernó durante 36 años ininterrumpidos. Pasó por UCD, Alianza Popular y PP.
Gerardo Jesús Conde Roa, ex alcalde de Santiago de Compostela.
Joan Gaspart. Dirige el grupo hotelero HUSA. Entre julio de 2000 y febrero de 2003 fue presidente del Fútbol Club Barcelona.
Adolfo Cazorla. Director del Grupo de Investigación GESPLAN, que trabaja en el ámbito del desarrollo rural. Fue miembro del consejo de administración de ENRESA (2012-2014).
Enrique Sendagorta. Fundador de la empresa vasca de fabricación militar SENER. En 2014 fue galardonado por el Rey Juan Carlos I con el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial.
Rafael Ramonet Gil. Portavoz del Opus Dei en España entre 1996 y 2003. Actualmente es el presidente de Prestomedia, un grupo que engloba “una serie de empresas de comunicación Integral, Relaciones Públicas y consultoría constituidas por profesionales especializados en diseño, creación y ejecución de estrategias de comunicación empresarial e institucional, tanto interna como externa, corporativa, de marketing relacional y de gestión de crisis”.
Eva Latonda. Una de las responsables de la agencia “Con causa”, que ha realizado campañas para la Fundación Atresmedia, la cadena COPE y la Comunidad de Madrid, entre otras. Se define como “actriz, crítica de cine y teatro, escritora y docente”.
Macarena Martínez-Echevarría. Directora de Verderón Eventos. Realizó la decoración de la Nunciatura de Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud.
Covadonga O’Shea y Artiñano. Periodista, escritora y empresaria. Fundadora de la revista Telva. Su hermana Paloma O'Shea se casó con el extinto banquero Emilio Botín. Es la presidenta de Ediciones Cónica.
Teresa Rivero Sánchez-Romate. Empresaria y expresidenta del Rayo Vallecano. Viuda del empresario José María Ruiz-Mateos, quien también formó parte del Opus Dei.
Milagros Inaraja. Ex presidenta de la Federación Nacional de Administradores de Loterías entre 1986 y 1994. Propietaria de una agencia de loterías en el barrio madrileña de Hortaleza. Su marido, el capitán de la aviación franquista Francisco Javier Saavedra, murió en un accidente aéreo el 3 de diciembre de 1972 en Tenerife.
Héctor Piñeiro López, oficial de la Armada española.
Isidro Fainé. Presidente de Gas Natural Fenosa, Criteria Caixa y de la Fundación Bancaria La Caixa. Ex presidente de La Caixa.
Emilio Sanz Sánchez. Consejero electivo del Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha, designado por el Gobierno de María Dolores de Cospedal en 2012. Ex consejero de la desaparecida Caja Castilla La Mancha (designado por el PP). En 2013 fue imputado junto a otros miembros de la comisión ejecutiva de CCM por una serie de “operaciones singulares” que habrían derivado en perjuicio patrimonial para la entidad.
Teresa Sádaba. Ex directora del departamento de Relaciones Internacionales e Institucionales de Caja Navarra-Banca Cívica. Fue portavoz de la comisión de beatificación de Álvaro del Portillo.
Andrés Ollero. Magistrado del Tribunal Constitucional de España. Durante 17 años fue diputado del Partido Popular, llegando a ocupar el puesto de portavoz de Educación y Justicia.
José Luis Requero. Magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo. De 2001 a 2008 fue vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del PP.
Jesús Santos. Ex teniente fiscal de la Audiencia Nacional. Abogado del PP en la Operación Taula.
Jesús Cardenal, ex fiscal general del Estado.
José Manuel Niederleytner. Decano del Colegio de Abogados de Tenerife.
Luis Sánchez Socías. Administrador regional del Opus Dei en España. Abogado del Estado. Miembro del Patronato de la Fundación IEISA, ligada al Opus.
Alfonso Aguiló. Presidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), la patronal no religiosa de la enseñanza privada. Dirige además la Fundación Colegio Alborada y la Fundación Arenales.
Diego Poole. Antes hacía de payaso: en 1987, actuó en el Vaticano para Juan Pablo II. Ahora es profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos, donde fue denunciado por el Sindicato de Estudiantes debido a sus comentarios homófobos.
Oscar López de Foronda. Economista. Ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Burgos.
José María Villalón. Jefe de los Servicios Médicos del Atlético de Madrid.
Concepción Medialdea. Coordinadora General del Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares (Ivaf).
Enrique Rojas Montes. Psiquiatra. Su mujer, Isabel Estapé, es miembro del consejo de administración de CriteriaCaixa. Enrique es el psiquiatra de varios famosos, entre los que se encuentra la presentadora Mariló Montero.
Natalia López-Moratalla. Presidenta honoraria de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica. Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular.
Ángel Jiménez Lacave. Presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Oncología. Ex jefe del servicio de oncología médica del Hospital Universitario Central de Asturias.
José Luis Olaizola. Escritor y guionista. Premio Planeta en 1983. Presidente de la ONG Somos Uno, dedicada a la lucha contra la prostitución infantil en Tailandia.
Santi Rodríguez. Actor. El popular frutero de la serie Siete Vidas se declara “próximo” al Opus Dei.
Luis Ayllón, periodista de ABC.
José Calderero, periodista. Director de la web católica Alfa y Omega, publicación católica del Arzobispado de Madrid.
Joaquín Navarro-Valls. Periodista y médico. Portavoz de la Santa Sede durante 22 años (de 1984 a 2006), en el pontificado de Juan Pablo II. También trabajó durante 15 meses con Benedicto XVI. Actualmente es presidente del Consejo asesor de la Universidad Campus Bio-Médico de Roma y Presidente de la Fundación Telekom Italia.
Pilar Urbano. Periodista y escritora.
Luis Suárez Fernández. Profesor, historiador y académico. Está vinculado a la Fundación Francisco Franco.
Enrique García Ruiz de Galarreta. Director Gerente del Colegio de Ingenieros Industriales de Araba. Uno de los fundadores de Ingenieros para la Cooperación-Lankidetzarako Ingenieriak.
Chicha Solla. Diseñadora de moda gallega.
José Ramón Alba Riera. Ingeniero industrial y sacerdote. Diseñó el Seat León.
Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru. Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos desde el 15 de febrero de 2007. En 2013 fue elegido por el papa Francisco coordinador de la comisión para la reforma del Instituto para las Obras de Religión, también conocido como Banco Vaticano.
Lucio Ángel Vallejo Balda. Sacerdote, jurista y experto en asuntos económicos. Ex colaborador del Papa Francisco. Fue detenido en noviembre de 2015 por la Gendarmería Vaticana, acusado de revelación de secretos (habría entregado información reservada, incluidas grabaciones del propio Papa, para publicarlo en un libro). Fue condenado a 18 meses de prisión en una celda de la gendarmería vaticana. Después de seis meses de reclusión, el Papa le concedió la libertad condicional como acto de clemencia. Entonces volvió a la diócesis de Astorga.
Juan José Padilla. Torero.
Lázaro Linares. Entrenador de atletismo. Fue el responsable de las categorías inferiores de la Real Federación Española de Atletismo.
Isaac Viciosa. Atleta. Participó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Tras retirarse en 2006, decidió dedicarse a la formación de atletas de entre 6 y 18 años en la Escuela de Atletismo Habitare Isaac Viciosa de Valladolid.
Vicente López Alemany. Patrono y ex presidente del Banco de Alimentos de Madrid.
José Antonio Busto Villa. Ex presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos. Trabaja en CEPSA PROAS con categoría de director. Además, fue director general del Banco de Alimentos de Madrid entre 2001 y 2005.
Carmen Aguirre Castellanos. Presidenta del Banco de Alimentos de Badajoz. En diciembre pasado recibió el Premio Extremeño al Voluntariado Social.
Manuel Pérez Hernández. Ex presidente del Banco de Alimentos de Las Palmas de Gran Canaria.
José Antonio García García, Presidente del Banco de Alimentos de Albacete.
Francisco del Pozo Blanco. Presidente del Banco de Alimentos de Santander.
Luis Torres Sánchez. Presidente de la Asociación Gijonesa de la Caridad.
María Victoria Troncoso. Condesa de Casa Flórez. Presidenta de la Fundación Síndrome de Down de Cantabria.
(Elaboración propia)
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ADEMÁS: La orden religiosa cuenta con oficinas de información en diferentes ciudades españolas. Su objetivo: tratar de controlar la imagen que se ofrece sobre ellos. Ex integrantes aseguran que la orden fundada por Escrivá de Balaguer intenta impedir que se conozcan sus verdaderos objetivos. Sus miembros gobiernan tribunales y grandes empresas. MADRID 26/02/2017  DANILO ALBIN
http://www.publico.es/espana/ultimos-miembros-opus-ejercen-lobby.html




Santuario de Torre Ciudad, sede del Opus Dei


Cierre los ojos. Ahora piense en mujeres y hombres poderosos. Sobre todo hombres. Vuelva a abrirlos. Probablemente, entre los rostros que han desfilado por su cabeza haya al menos uno del Opus Dei. La mayoría no lo dice públicamente. No por vergüenza, sino por orden sagrada.
Casi 90 años después de su fundación, la orden religiosa más influyente de España se resiste a perder sus puestos clave en la estructura política, económica y empresarial de este país. Ya no son tan jóvenes. Quizás sean los últimos. Pero no bajan los brazos. Gracias a una férrea organización interna, siguen funcionando como uno de los lobbies más importantes del Estado.
Controlan mucho los tribunales y las audiencias. Hay un sistema formado por abogados, notarios, jueces y fiscales que son del Opus o tienen que ver con esta organización y que hacen piña”. Quien así habla es el catedrático de antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, Jacinto Choza, quien permaneció durante 34 años dentro del grupo. Salió de allí en 1996.
No se alejó de la religión, pero sí de quienes seguían las enseñanzas de José María Escrivá de Balaguer, el mundialmente conocido sacerdote aragonés que fundó esta corriente eclesiástica en 1928. “Llegó un momento –recuerda Choza- en el que me pareció que lo que estaba viendo no era compatible con la doctrina cristiana”.
Esas mismas “incompatibilidades” han generado varias deserciones en los últimos años. De hecho, a día de hoy existen distintos ex miembros del Opus dispuestos a relatar -aunque sea en un café y sin grabadora delante- sus vivencias.
También es cierto que siguen no son pocos los que prefieren guardar silencio sobre su experiencia. “La mayoría de la gente que sale no se atreve a dar la cara. A Ana Azanza -una profesora de Jaén que realizó varias denuncias sobre este asunto- la han intentado dejar sin trabajo”, recuerda la ex numeraria -término utilizado para referirse a quienes adquieren compromiso de celibato- Carmen Charo.
En efecto, Opus Dei es sinónimo de poder, influencia y, al mismo tiempo, hermetismo. No es muy habitual que un numerario o supernumerario -el colectivo más numeroso, en el que se integran aquellas personas que están casadas- haga pública su condición como tal.
El mejor ejemplo está en las filas del PP, el partido político que más representantes opusinos acoge. Sin embargo, también hay miembros en formaciones ubicadas en la otra banda: es el caso de políticos de la antigua Convergencia Democrática de Catalunya o de Eusko Alkartasuna, ahora integrada en EH Bildu.
Se estima que, en total, hay 33.000 fieles del Opus Dei en España -a nivel planetario son 85.000-. Los medios de comunicación han especulado en varias ocasiones sobre quiénes son sus caras más conocidas -e influyentes-, algo que también han intentado revelar algunos ex integrantes. Sin embargo, se trata de una misión tan difícil como arriesgada. “Lo siento. Si su intención es dar nombres, no cuente conmigo. Ya me denunciaron por ello y no quiero volver a pasar por lo mismo”, afirmó a Público uno de sus ex miembros.
“Si tú dices que Fulanito es del Opus, te denuncian. ¿Acaso un cura o una monja se molestan si alguien dice que lo son?”, se pregunta desde un instituto de la provincia de Jaén la profesora Ana Azanza -responsable del blog Sin Miedo al Opus Dei-, quien recuerda otro caso muy significativo: en 2012, el ahora prelado –máximo representante- de esta orden, Monseñor Fernando Ocáriz, presentó una denuncia contra la página web Opus Libros -impulsada por otra ex integrante, Agustina L. de los Mozos Muñoz- debido a que había tenido la osadía de publicar su nombre en un listado de opusinos. La Agencia Española de Protección de Datos falló a favor del religioso.
Amparados en ese silencio, los integrantes de esta institución ultraconservadora de la Iglesia Católica se dedican a desarrollar las tareas propias de un grupo de presión. “Su influencia en la actualidad es mucho mayor de la que estamos dispuestos a reconocer”, afirma Azanza.
En efecto, hoy continúan en los consejos de dirección de grandes empresas, e incluso mantienen la presidencia de importantes bancos: si bien la familia Valls ya no continúa al frente del Banco Popular, Isidro Fainé -considerado “próximo” al Opus- sigue al frente de la Fundación Bancaria La Caixa. Hay más. La familia Botín, propietaria del Santander, también tiene importantes vínculos con la orden. “Es indudable que sus postulados extremos en materia religiosa pierden gas -señala la profesora-, pero en materia económica neoliberal siempre han estado ahí”.
También es posible encontrarlos en los principales ámbitos judiciales del país. Fiscales, abogados del Estado o magistrados del Tribunal Constitucional son algunos de los cargos que han alcanzado distintos juristas que se confiesan seguidores de Escrivá de Balaguer. “Hubo campañas para presentarse a oposiciones de jueces y fiscales, y consiguieron muchas plazas”, señala Charo.

Siguiendo las noticias

Hay rostros públicos, pero también anónimos. Estos últimos son los que se encargan de mantener activa la influyente red de colegios, universidades y fundaciones controladas de arriba abajo por los ultracatólicos.
Al mismo tiempo, en las distintas comunidades autónomas funciona un departamento en el que, seguramente, ahora mismo estarán leyendo este reportaje: el denominado Apostolado de la Opinión Pública (AOP), dedicado a seguir de cerca las informaciones que les afectan. “Entre otras cosas -explica Choza- tienen la misión de ir a hablar con el periodista que ha hecho alguna información sobre el Opus”.
Del mismo modo, los estrategas del Opus también dedican especial atención a los obispos, sean o no de su cuerda. “Tienen un fichero de todos los obispos, con datos sobre sus aficiones o comidas preferidas. De esa manera, cada tanto se les invita a comer, a una excursión o a un viaje”, relata Choza. “Cultivar la amistad de los obispos -remarca este ex numerario- es fundamental”.

Perdiendo masa

Si bien la red continúa activa, el lobby opusino enfrenta ahora un problema biológico: sus integrantes se van haciendo mayores y no se observa una clara línea de renovación. “Ya no entra gente, y la que entra no dura”, señala desde Vitoria Carmen Charo. “Tienen poder, pero han perdido masa -añade Azanza-. En todas las ciudades españolas, tanto en capitales como en otras ciudades medianas, conservan sus colegios, pero hay que tener en cuenta que España ya no es la que era: ese integrismo y fanatismo ya no es tan importante entre la gente”. Charo apunta en el mismo sentido: “A nivel espiritual -sostiene- son medievales”. Influyentes, pero medievales. 


 

domingo, 26 de febrero de 2017

Neofascismo, la fase superior del neoliberalismo

26 enero 2017 http://www.attac.es/2017/01/26/neofascismo-la-fase-superior-del-neoliberalismo/   Javier de Rivera - Público.es

Las promesas de Trump de se van a romper en mil pedazos cuando sus votantes descubran a qué se refiere la oligarquía económica con hacer América “grande” otra vez.
Son promesas que suenan bien para quienes se oponen a los efectos del neoliberalismo. El nuevo patriarca promete ponerle freno a la deslocalización de las empresas, devolver el poder a la “gente”, acabar con el enriquecimiento de los políticos, ocuparse de lo nacional/local primero, llevarse bien con otros países, y sobre todo generar riqueza para todos.
Es un discurso que coincide con muchos de los objetivos de la izquierda, especialmente en sus vertientes patriotas-populistas, por su apelación a la “patria” y a la “gente”. Por otro lado, hay que reconocer que quien escribe el guión de la vida política de Trump es un genio diseñando discursos seductores, transversales y potentes.
El truco es muy sencillo: sus promesas son falsas. Cualquiera de sus medidas servirá para incrementar la desigualdad generado por las políticas neoliberales, no para revertirlo. Sus promesas recuerdan a esas historias en las que un demonio te concede un deseo y, pidas lo que pidas, siempre se las arregla para volver el deseo en tu contra.
Cuando habla de devolver las fábricas a EEUU, no se refiere a la creación de un sistema productivo más justo y sostenible, sino a generar dentro de su propio país las condiciones de vida pauperrimas que existen en los países “en desarrollo”. A simple vista, esto puede parecer positivo: “así los americanos probarán las condiciones de explotación a las que sometían a otros países”.
Sin embargo, la estrategia supone una degradación del régimen de protección social y laboral de EEUU, y por lo tanto del “estándar internacional” de lo que es aceptable hacer. En el orden neoliberal la desigualdad se exporta a terceros países, y se oculta la explotación de unos países por otros detrás del sistema de comercio internacional. En el neofascismo, las condiciones de explotación se generalizan y se justifican culturalmente.
Además, en términos macroeconómicos, la deslocalización de las empresas a los países en desarrollo genera un excedente que poco a poco da lugar a ciertos derechos laborales. A través de la explotación masiva de su población, estos países construyen su “desarrollo” económico. Éticamente, esto es inaceptable, pero lo cierto es que con esta estrategia países como China han mejorado su posición geopolítica y se han convertido en agentes centrales del mercado internacional.
Para corregir estos efectos no deseados (por la élite económica) del neoliberalismo, el sistema tiene que evolucionar hacia el neofascismo, como vía para seguir favoreciendo los proceso de acumulación de poder y capital. Del mismo modo, en el siglo XIX el capitalismo industrial de dimensión nacional tuvo que expandirse por medio del imperialismo, tal como explicaron las famosas tesis de Lenin y Rosa Luxemburgo, descritas brillantemente en la actualidad por David Harvey.
La vía de Obama y Clinton consistía en equilibrismos geoestratégicos y financieros para mantener viva la ilusión de que el capitalismo es compatible con la igualdad, los derechos civiles y la justicia internacional. Una versión cada vez menos creíble. En cambio, el proyecto neoliberal ha logrado que el deseo de crecimiento económico no se cuestione como objetivo social prioritario. Así, al descubrir que la igualdad y la justicia social no son compatibles con la economía de mercado, parecerá lógico dejarlos atrás para “ser grandes otra vez”.
En definitiva, aunque Trump ponga fin a algunos tratados de libre comercio, su victoria no representa un retroceso del neoliberalismo, sino su evolución hacia un estadio superior en el que se intensifican las relaciones de dominación y degradación de los lazos sociales.
Su plan incluye incrementar el gasto militar, que es el único gasto público que los conservadores consideran aceptable. Esto propiciará nuevas aventuras bélicas, que puede que no se limiten a amedrentar a países débiles con los que se atrevía Obama, y que vayan más allá.
También ha anunciado medidas contra la agencia de protección ambiental (EPA) para favorecer el desarrollo industrial, lo que inevitablemente implicará más desastres ecológicos, más cambio climático y mayor contaminación de los océanos.
Ha prometido desmantelar todo vestigio de protección social, empezando por la sanidad para aumentar la indefensión de las clases bajas; y siguiendo con la educación que quieren hacer “grande otra vez” por medio de la financiación pública de escuelas privadas.
Muchas de estas políticas se oponen al legado de Obama, pero en el fondo no son más que la expresión desnuda de la misma tendencia económica hacia la polarización social. Lo que se destruyen son los parachoques con los que se pretendía hacer la transición más llevadera. Después de todo, es posible que no hagan falta, cuando el neofascismo logra instalarse sobre una nueva cultura basada en la mentira, las noticias falsas y los prejuicios xenófobos. Es decir, cuando el empleo de la fuerza y la opresión se justifican por la promesa de bienestar económico.
Los neoliberales solo tenían que convencernos de que la “libertad del mercado” es la base de una sociedad mejor; se limitaban a mantener una mentira—muy grande—sobre la que justificar un sistema de opresión. Los neofascistas en cambio van a por todo el pastel: que no quede germen de verdad, para que toda la fuerza del pensamiento manipulado y asustado de la población se implique en la intensificación de la dominación social.
Ante este cambio, es importante valorar adecuadamente la situación para evitar que, en la comparación con Trump, los neoliberales de la globalización se presenten como adalides de la libertad y la justicia social. Ambos sistemas responden a un mismo impulso, por lo que la respuesta debe ser la misma: luchar por el desarrollo de una mayor conciencia social y mantener vivas las iniciativas de resistencia.

Javier de Rivera es Profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura

Brasil. Guaraní, el pueblo que muere sin sus tierras

Los indígenas guaraníes llevan años encarando el desplazamiento forzado, la marginación y los ataques de terratenientes.   Dourados (Brasil)



Ocurrió una noche de Navidad cuando un líder del pueblo guaraní-kaiowá quiso regresar a las tierras de las que habían sido expulsados hacía unos días. Quería recoger algo de su huerto para dar de comer a su familia y así se lo explicó al pistolero que custodiaba la entrada de la hacienda y que no dudó en matarlo a tiros en el momento que atravesó la linde. Al líder indígena lo acompañaba su hijo, que no pudo volver a dormir aterrorizado por el recuerdo. Aguantó 15 días antes de colgarse de un árbol. Solo tenía 12 años.
La historia la cuenta el portavoz guaraní Tonico Benítez después de visitar el último campamento indígena improvisado en los márgenes de la carretera que va de Dourados a Campo Grande, en el Estado brasileño de Mato Grosso do Sul. En cuatro barracas construidas con plásticos negros se han instalado los miembros de una familia que fue expulsada de sus tierras, ubicadas justo enfrente, hace unos meses. Su cacique, Damiana Cavanha, recibe al que llega cantando y danzando su ritual de bienvenida ignorando el ensordecedor ruido del tráfico. La miseria del asentamiento evoca sin duda los suicidios de todo su pueblo.
La organización defensora de los derechos indígenas Survival International resume así este sufrimiento en el libro Somos Uno: “De los guaraníes brasileños que se han suicidado, el más joven tenía solo nueve años. Durante los últimos cien años, su pueblo, uno de los primeros en entrar en contacto con los europeos, ha perdido prácticamente la totalidad de su tierra. En la actualidad, viven hacinados en territorios diminutos rodeados de enormes plantaciones de caña de azúcar, mientras que otros acampan bajo lonas junto a polvorientas cunetas”.
El despojo de sus tierras es lo que ha hundido en la desesperación al pueblo indígena más numeroso de Brasil, con alrededor de 50.000 guaraníes, cargando además con el triste récord de ser uno de los grupos con la tasa más alta de suicidios. Los datos extraoficiales —los que han ido recogiendo los afectados— aseguran que han sido más de 1.000 los guaraníes hombres, mujeres y niños que se quitaron la vida en los últimos 20 años, casi siempre de la misma forma: ahorcados en la rama de un árbol. Podrían ser más, porque los registros oficiales más recientes de la Fundación Nacional de la Salud —que datan del 2000 al 2008—, hablan de 410 suicidios solo durante esos ocho años, siendo muchos de los fallecidos adolescentes.
En el asentamiento de Damiana, una gallina medio desplumada —la única que pudieron cargar cuando la policía los desalojó de sus terrenos—  va de un lado para otro entre el poco espacio que queda entre chabola y chabola. Mientras, los niños intentan divertirse, subidos a un columpio amarrado a un árbol, y sofocados por esa amargura que lo impregna todo. “Nuestros cultivos, nuestras casas, nuestros animales están allí", asegura la cacique señalando con el dedo el otro lado de la carretera. "Y sobre todo, nuestro cementerio. No podemos abandonar a nuestros muertos”, lamenta llorando mientras sujeta su escuálido tocado sin plumas. Ya no quedan bosques, tampoco los pájaros que habitaban en ellos y que abastecían con sus colores la artesanía indígena. Ahora, apenas sirven las plumas que se les caen a sus gallinas o un poco de lana descolorida.

De los guaraníes brasileños que se han suicidado, el más joven tenía solo nueve años, según Survival International
Los guaraníes no suelen irse muy lejos cuando son expulsados de sus tierras: se instalan en los bordes de la carretera más cercana, como es el caso de comunidad Apika’i de Damiana. Según Tonico Benítez, hay familias que llevan más de 30 años viviendo en las orillas de las calzadas. “Esperaremos aquí hasta que nos dejen regresar a nuestras tierras, nosotros no queremos vivir de las ayudas de la Funai (Fundação Nacional do Indio)”, afirma Damiana con rabia pero casi resignada ante una situación que su pueblo ya ha vivido demasiadas veces. La tarde va cayendo en la comunidad y Damiana y su hijo mayor muestran cada vez más signos de embriaguez pese a que no se ve ninguna botella de alcohol fuera de las barracas. El alcoholismo que sufren muchos guaraníes se trata de ocultar en vano como se intenta, también en vano, esconder la desesperación y la tristeza que acarrean los desalojos, la marginación de su pueblo o los ataques y los asesinatos que sufren sus líderes.
Survival International lleva años denunciando la situación de los guaraníes ante la ONU. “La mayoría de las veces, la separación de sus tierras ancestrales resulta catastrófica. Cuando se pierde el control sobre la tierra, o cuando se impide que la utilicen de acuerdo con sus tradiciones, a largo plazo la salud física y mental sufre mucho”, ha recordado en varias ocasiones la ONG.

Una historia marcada por la resistencia

Pese a su situación actual, la historia de los guaraníes es una historia marcada hasta el día de hoy por la resistencia. Habitan desde hace más de 2.000 años en la zona fronteriza de Brasil, Paraguay y Argentina. Los guaraníes brasileños se dividen en tres grupos: los kaiowá, los ñandeva y los m’bya. Y ha sido en el estado de Mato Grosso do Sul donde se han concentrado los problemas, porque allí llegaron a vivir en “una extensión de 350.000 kilómetros cuadrados de bosques y llanuras”, según explica Survival.
“Después de la guerra con Paraguay en 1890, el Gobierno brasileño ignoró la presencia indígena en la zona y comenzó a vender la tierra como si allí no viviera nadie”, asegura el portavoz Tonico Benítez. Desde entonces, los guaraníes han sido reducidos a la mitad.
Casi un siglo después de esa guerra, entre 1960 y 1990, fue cuanto la selva del sur del estado brasileño fue destruida para crear extensos cultivos de soja y caña de azúcar o haciendas de ganado. Los indígenas fueron desalojados rápidamente, muchas veces con violencia, de sus poblados. Fueron obligados a vivir en reservas, también conocidas como campos de desplazados y a las que, hasta el día de hoy, los guaraníes siguen llamando "chiqueros, pocilgas".
El informe Guaraní Retã, que estudia a esta etnia, explica que para ellos “esto significó́ la destrucción de su mundo. Ellos eran habitantes de la selva, vivían en la selva y de la selva. Todos sus conocimientos, desde niveles muy prácticos sobre plantas y animales hasta su cosmovisión y espiritualidad, estaban vinculados al bosque”.
Estos cambios causaron entre los guaraníes, según la misma investigación, “desequilibrio y desesperación que se ha manifestado a través del alcoholismo, un aumento de la violencia interna en las reservas y el aumento de los suicidios, especialmente a partir de los años noventa”.

Las familias se instalan indefinidamente en los márgenes de las carreteras cuando son expulsados de sus tierras
Los guaraníes se han resistido desde el principio a vivir hacinados en reservas y pese a esta oposición, un 65% de la población indígena en Mato Grosso do Sul vive confinado. Para Benítez, que nació en una de ellas, el problema de mantenerlos en estas pequeñas áreas es que los líderes "pierden el liderazgo, quedan reducidos a nada, y con ellos sus rituales. Entonces surgen enfrentamientos entre las familias precisamente por esta falta de papeles de mando”.
Por esta razón, regresan una y otra vez a sus campos. El mayor obstáculo sigue siendo la demarcación de las tierras ancestrales que continúa generando conflicto entre el Gobierno, los terratenientes y las comunidades indígenas. Una vez demarcada la tierra, los moradores actuales —si no son indígenas— deben salir de las tierras previo pago de una indemnización estatal. Sin embargo, el conflicto ha llevado esa demarcación hasta el Supremo, que debería decidir, pero mientras se retrasa la decisión judicial los indígenas son expulsados de sus tierras una y otra vez, condenados a vivir en las carreteras.
Hay familias que ocupan y resisten todo lo que pueden en los territorios demarcados y considerados guaraníes, pero siempre bajo la amenaza de los propietarios de los monocultivos o el ganado que los rodea más allá de ese pequeño espacio del que hacen uso. La comunidad Tey Kuê, localizada en el municipio de Caarapó, fue atacada este verano después de que los indígenas ocuparan una hacienda ubicada en sus tierras ancestrales. Según el Ministerio Público Federal de Mato Grosso do Sul, unas doscientas personas en 40 camionetas y coches cercaron la comunidad guaraní y comenzaron a disparar contra un grupo de 40 a 50 indígenas. La escaramuza dejó un muerto y varios heridos, entre ellos un niño de 12 años. Un mes después se produjo un nuevo ataque que costó otros tres heridos.
A la entrada de la hacienda donde resiste este grupo de indígenas, la tumba del joven asesinado recibe a los visitantes marcada con una bandera de Brasil manchada con su sangre y que ondea dada la vuelta en lo alto del mástil. Antes de contar su tragedia, los guaraníes —sin rendirse al sol inclemente— cumplen primero con sus rituales de bienvenida cantando y danzando a los que se une Tonico Benítez entrando en el círculo que forman agarrados de la mano. “La noche del ataque recibí más de 500 llamadas de los guaraníes que viven en estas aldeas y que constituyen un grupo de casi 7.000 personas”, explica el portavoz indígena, que en los últimos años ha potenciado el uso de móviles como herramienta para las denuncias.
Benítez rememora el dolor de aquella noche sentado bajo la sombra de un árbol después de compartir el almuerzo con esa comunidad que confía en él para liderar su lucha. “Cuando los guaraníes entendieron que estaban siendo atacados, dejaron todo lo que estaban haciendo y se dirigieron con los arcos tensados y la flecha lista hacia la zona del ataque. La policía estaba allí y no hacía nada por ayudarlos, entonces los indígenas quemaron uno de sus coches y ataron a dos agentes; después, cercaron todas las tierras para impedir la entrada de más pistoleros”, recuerda. Nada se pudo hacer esa noche, pero la investigación ha continuado desde entonces, según el Ministerio Publico Federal del Estado. Una gran esperanza para el pueblo guaraní que lleva muchos años sufriendo con la impunidad con la que actúan sus agresores.

El pueblo guaraní habita desde hace más de 2.000 años en la frontera de Brasil, Paraguay y Argentina
Este y otros ataques contras ellos también han sido condenados por la relatora especial sobre los derechos de los pueblos indígenas de la ONU, Victoria Tauli-Corpuz, que visitó Brasil en marzo de 2016 para evaluar la situación de los indígenas brasileños. Pese a su informe con denuncias y recomendaciones posteriores, pocos pasos se han dado desde el Gobierno central.
Si las tierras siempre son valiosas, en Mato Grosso do Sul, uno de los Estados más productivos de Brasil, ese valor se multiplica. Precisamente por esos intereses económicos los guaraníes se enfrentan a un fuerte rechazo social y son tachados de violentos, salvajes, invasores, ladrones o animales, entre otras muchas descalificaciones. Tonico Benítez asegura que aún hoy tiene que explicarle a mucha gente que ellos son seres humanos. “Ustedes necesitan comer, necesitan dormir, ir al baño… Nosotros también”, le dijo una vez a un juez, que a su vez le preguntó por las diferencias y él respondió: “Ustedes tienen los recursos y nosotros no tenemos nada. Ustedes están financiados por el Gobierno, pese a que nosotros ya estábamos aquí cuando llegaron y nos lo robaron todo”. Le gusta, pese a todo, dejar bien claro que quizás son diferentes en algunas cosas, pero con los mismos vicios y virtudes que el resto de los seres humanos. Ni más ni menos.
En las aldeas, con el paso de los días se observa algo muy distinto: su visión espiritual del mundo y de su entorno; y algo particularmente igual: el sufrimiento, el resentimiento y la desesperación para enfrentarse al despojo. Su forma de interpretar el mundo se puede resumir en esta declaración que hizo una joven guaraní a Survival: “Nosotros, los indígenas, somos como las plantas. ¿Cómo vamos a vivir sin nuestro suelo, sin nuestra tierra?” Su dolor está en la respuesta, que para Tonico Benítez siempre ha sido la misma: vivir y luchar, aunque sea a la desesperada.

sábado, 25 de febrero de 2017

25 años de la desaparición de la Unión Soviética, y sus consecuencias

El 26 de diciembre de 1991 el Soviet de las Repúblicas del Soviet Supremo de la URSS firmaba su propia disolución. Gorbachov ya había acordado su dimisión con Yeltsin. Publicado: 25.12.2016
http://www.publico.es/internacional/25-anos-desaparicion-union-sovietica.html ÀNGEL FERRERO

MOSCÚ.- El 26 de diciembre de 1991 se acabó un mundo. La URSS, el país que seguramente más determinó la historia del siglo XX, había dejado de existir. “Revisando la historia de las relaciones internacionales en la era moderna, la cual puede considerarse que se extiende desde mediados del siglo XVII hasta el presente, creo que es difícil pensar en cualquier otro acontecimiento más extraño y asombroso, y a primera vista más inexplicable, que la repentina y total desintegración y desaparición de la escena internacional […] de la gran potencia conocida sucesivamente como el Imperio ruso y luego la Unión Soviética”, dijo en 1995 el diplomático estadounidense George F. Kennan.

De aquel proceso de desintegración política (que se aceleró tras el intento de golpe de Estado en agosto de 1991 y fue sellado en el tratado de Belavezha del 8 de diciembre), de sus causas y de sus consecuencias, se han escrito y se escribirán con toda seguridad muchísimos análisis. En Armaggedon Averted. The Soviet Collapse 1970-2000 (Oxford University Press, 2008), el historiador Stephen Kotkin, además de proporcionar una explicación consistente de los hechos, ofrece un enfoque poco habitual.

Como sugiere el título, la desintegración de la URSS podría haberse desarrollado de acuerdo a un escenario de enorme violencia, como ocurrió por ejemplo con Yugoslavia, pero con una considerable diferencia: en 1991 “el sistema soviético aún poseía un ejército y un aparato represor más grande y más poderoso que cualquier otro Estado en la historia.

Tenía armas nucleares más que suficientes para destruir o chantajear al mundo, y un arsenal de armas químicas y biológicas, con todos los sistemas para lanzarlas. La Unión Soviética también tenía más de cinco millones de soldados, desplegados desde Budapest hasta Vladivostok, y cientos de miles más de tropas en los batallones del KGB y el Ministerio del Interior. Estas fuerzas no experimentaron prácticamente ningún motín de consideración. Y, con todo, nunca fueron desplegadas del todo, ni para salvar al imperio en su desplome ni para causar el caos en su caída”.

Responsabilidad civil...

¿El motivo? Doble, según este académico. El primero, que la élite “permitió y luego facilitó la disolución del país sin haber sufrido una ocupación extranjera, insubordinación en las filas de su numeroso ejército y policía e incluso una desobediencia civil”. El segundo, la responsabilidad civil de la mayoría de los ciudadanos soviéticos. Hubo, efectivamente, más de media docena de conflictos ─Chechenia, Nagorno Karabaj, Ingushetia, Osetia, Abjasia, Adjaria, Moldavia y Tayikistán─, pero podrían haber habido muchísimos más teniendo en cuenta que fuera de las fronteras de la nueva Federación Rusa quedaron varados más de 70 millones de ciudadanos de la antigua URSS y, para muchos de ellos, la frontera, como una ola, no había desaparecido, sino retrocedido simplemente.

En Russia Under Yeltsin And Putin (Pluto Press, 2002), el sociólogo ruso Borís Kagarlitsky matiza sin embargo esta interpretación y escribe que, además del shock que supuso para los ciudadanos soviéticos la desaparición de la URSS, “las masas, corrompidas por la ideología de consumo parasitario, fueron incapaces de actuar como una fuerza independiente”. “Los ideólogos marxistas ─continúa─, habituados a repetir fórmulas de altos vuelos sobre la clase obrera, se sorprendieron cuando el giro hacia el capitalismo fracasó a la hora de encontrar una fuerte resistencia por parte de los trabajadores […] En un grado significativo, la sociedad permaneció desclasada: la gente fracasó a la hora de reconocer sus intereses y carecía de vínculos sociales normales. Las clases no existían en un pleno sentido de la palabra. El movimiento de masas fue inevitablemente transformado en acciones de una muchedumbre, fácilmente manipulada con la ayuda de los medios de comunicación de masas”.

Por ese motivo, concluye, “la vieja nomenklatura, cuya gestión había llevado el país a la crisis, permaneció como el único grupo social capaz de controlar la situación y supervisar los cambios. No podía ya gobernar como lo había venido haciendo, pero nadie la reemplazaría al timón de la administración del Estado. Ante nosotros había una crisis, pero no una alternativa. Una nueva clase, capaz de tomar el poder de la vieja oligarquía y formar un nuevo modelo de sociedad, no existía. Sólo la vieja oligarquía, o parte de ella, era capaz de hacerlo.”

El último presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, con el primer presidente de Rusia, Boris Yeltsin, en una fotografía de diciembre de 1990. - AFP
El último presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, con el primer presidente de Rusia, Boris Yeltsin, en una fotografía de diciembre de 1990. - AFP

Sea como fuere, entre los ciudadanos soviéticos que destacaron por su responsabilidad, Kotkin señala el papel de los científicos y técnicos, cuyo orgullo y patriotismo, subraya, evitaron una catástrofe. “¿Recuerdan los hipnotizantes mapas de Eurasia cubiertos con tanques en miniatura, lanzaderas de misiles y tropas representando al ejército soviético? […] La hipermilitarizada URSS, durante la inestabilidad de la perestroika, ni siquiera intentó escenificar una cínica guerra exterior para aunar apoyo al régimen. ¿Recuerdan el estruendo por la invasión de Saddam Hussein de Kuwait en agosto de 1990, justo en medio del drama soviético, y su temida posesión de armas de destrucción masiva? Las capacidades de Irak eran triviales al lado de las de la Unión Soviética. ¿Se acuerdan de las décadas de alertas durante la guerra fría, hasta bien entrados los ochenta, sobre el peligro de un ataque preventivo soviético? Si los líderes soviéticos hubieran calculado que estaban condenados, podrían haber causado terribles estragos por despecho, o haber iniciado un chantaje. ¿Recuerdan los celebrados tratados igualando los regímenes soviético y nazi? El régimen nazi, que nunca se dotó de armas nucleares, se defendió hasta la última gota de sangre. ¿Recuerdan la ira sufrida por Franklin Roosevelt por “haber entregado” Europa oriental a Stalin en Yalta? Roosevelt no tenía ni un solo soldado sobre el terreno. Gorbachov tenía a medio millón de tropas en Europa oriental, incluyendo 200.000 en Alemania después de la unificación. El mando y la estructura de control del Pacto de Varsovia se mantuvo operativo hasta mediados de 1991.”

Efectivamente, en el momento de su desaparición la URSS contaba en sus arsenales con “aproximadamente 1.300 toneladas de uranio altamente enriquecido, así como entre 150 y 200 toneladas de plutonio. Para la fabricación de una bomba son suficientes ocho kilogramos. […] Rusia también tenía los mayores arsenales del mundo de armas químicas, más de 40.000 toneladas métricas de sustancias vesicantes, gas nervioso y gases tóxicos. Un sólo vial de gas sarín causó el terror en el metro de Tokio. […] Finalmente, Rusia tenía expertos en abundancia que sabían cómo manufacturar armas biológicas. Es más, sus decenas de miles de científicos nucleares y técnicos en armas químicas y biológicas, actuando con o sin el consentimiento del gobierno, podrían haber alterado el equilibrio estratégico de cualquier región del mundo.” Pero no lo hicieron.

… e irresponsabilidad dirigente

La responsabilidad de los ciudadanos contrasta con la de los viejos dirigentes soviéticos convertidos en los nuevos dirigentes rusos. El traspaso de poderes ofrece un ejemplo elocuente. El 24 de diciembre, el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, se reúne con el presidente de Rusia, Borís Yeltsin, y acuerda su dimisión al día siguiente. El 25 de diciembre se produce el traspaso de poderes y, por la tarde, dos operarios arrian la bandera roja del Kremlin. El 26 de diciembre el Soviet de las Repúblicas del Soviet Supremo de la URSS firma su propia disolución. Al día siguiente, escribe Kotkin, “cuatro días antes de la fecha en que Gorbachov había supuestamente de abandonar su oficina en el Kremlin, el recepcionista lo llamó a su casa para informarle de que Yeltsin y dos de sus asociados estaban sentados en el codiciado espacio, donde habían dado cuenta de una botella de whisky para celebrarlo. Eran las 08:30 de la mañana.”

Para desgracia de muchos rusos, esta irresponsabilidad no se limitaría a una mera botella de whisky. “La catástrofe se había venido gestando durante mucho tiempo y no fue el resultado únicamente de las políticas de Yeltsin: la ineficiencia de la planificación centralizada y las medias tintas que fueron las medidas tomadas durante los años de Gorbachov también jugaron un papel; sin embargo, el régimen de Yeltsin consiguió transformar una crisis económica en un desastre nacional”, afirma Kagarlitsky.

Todos los logros materiales acumulados durante siete décadas en condiciones sumamente difíciles ─desde guerras hasta el aislamiento en los mercados internacionales─ fueron dilapidados en cuestión de unos pocos años. La avalancha de datos que proporciona Kagarlitsky sobrecoge. En los nueve años de presidencia de Yeltsin y su 'terapia de choque' económica, apoyada por el FMI y otros organismos internacionales, el PIB del país se desplomó oficialmente un 40%, numerosas fábricas cerraron y el desempleo aumentó oficialmente hasta el 12%, mientras la corrupción, la criminalidad, el subempleo y la economía informal y subterránea florecían por todas partes. Entre 1991 y 1998 la producción agrícola e industrial se redujo a la mitad, y en la relativamente próspera industria petrolífera la extracción de crudo cayó un 44%. La inversión de capital en 1996 equivalía a un 23,8% del nivel de 1990, mientras la fuga de capitales se disparaba, con diversos cálculos que la cifran en cientos de miles de millones de dólares.

Un veterano participa en los actos de conmemoriación del 71 aniversario de la victoria del Ejército soviético sobre los nazis. REUTERS/Sergei Karpukhin
Un veterano participa en los actos de conmemoriación del 71 aniversario de la victoria del Ejército soviético sobre los nazis. - REUTERS

El atraso tecnológico en el sector industrial y servicios se intensificó y las universidades se quedaron sin fondos, un desarrollo ante el cual las personas con una mayor formación optaron por tomar las maletas y buscarse un trabajo en EEUU y Europa occidental. Entre 1990 y 1993, más de 500 científicos emigraron y 1.700 se marcharon para realizar estancias prolongadas de investigación en el extranjero. La demografía se invirtió: la tasa de nacimientos cayó en picado mientras la de muertes ascendía, y en el período 1992-1996 el declive de población llegó a los 3,4 millones de personas. Las enfermedades de transmisión sexual se multiplicaron y reaparecieron brotes de enfermedades infecciosas hasta entonces erradicadas como la difteria y el cólera, sin que los hospitales pudieran combatirlas efectivamente. El poder adquisitivo de la población cayó a niveles de la década de los cincuenta: el consumo de carne cayó un 23%, el de pescado un 25% y el de leche un 28%. La esperanza de vida para los varones quedó por detrás de la de Indonesia, Filipinas o Pakistán.
Como alertaron varios economistas, el proceso de privatizaciones era una utopía: Rusia no podía restaurar un capitalismo que nunca existió en el país, ni siquiera durante las últimas décadas del zarismo. “La economía estaba construida sobre la base del monopolio”, aclara Kagarlitsky. “Las empresas productivas soviéticas no sólo pertenecían al Estado, sino que eran ellas mismas parte del Estado”. En otras palabras, señala, privatizar “las fábricas de VAZ o KAMAZ era como tratar de privatizar Bristol o Frankfurt”. Además, como recuerda Kotkin, “casi la mitad de las ciudades rusas poseía una sola gran empresa industrial, y tres cuartas partes no más de cuatro” y este “empleador monopolista, además, también poseía y con frecuencia mantenía sistemas de transporte urbano, viviendas, hospitales y sistemas de calefacción”.

El proceso de privatizaciones se convirtió en uno de los mayores fraudes de la historia reciente. El fabricante de automóviles AvtoVAZ fue vendido en una subasta por 45 millones de dólares, cuando en 1991 Fiat se había ofrecido a pagar dos mil millones de dólares por él. Borís Berezovsky compró por 100 millones de dólares la petroliera Sibneft, cuyo valor aumentó cuatro años después a los 1.500 millones. Obviamente, la empresa se había vendido por debajo de su precio real.

Entre 1992 y 1996, explica Kotkin, “la media de las directivas de compañías admitió haber pagado unas cuarenta veces menos de lo que las compañías supuestamente valían”. Según esta investigación, el total de activos puestos a subasta ─todo el sector industrial y algunos de los mayores depósitos de recursos naturales del mundo─ se valoró en 12.000 millones de dólares, “menos que el valor en la época de [el fabricante de cervezas] Anheuser-Busch”. Otra investigación, ésta del Instituto de Política Aplicada y recogida por el historiador ruso Roy Medvedev, reveló que el 40% de los empresarios que habían participado en el sondeo admitían haber participado en negocios ilegales, el 22,5% que habían sido acusados formalmente de algún delito y el 25% que en el momento de la encuesta mantenía vínculos con el submundo criminal.

Toda esta redistribución del capital acumulado durante años por el Estado soviético ─cuyo objetivo primario no era sino crear una nueva clase de oligarcas leal a Yeltsin─ fracasó en su fin declarado de desarrollar una sociedad de mercado. “Hablar de 'acumulación de capital' en condiciones de una economía en declive es en principio imposible”, sentencia Kagarlitsky. “En Rusia el capital fue dispersado […] Como [el escritor] Víktor Pelevin nota amargamente, la ley fundamental de la economía post-soviética es que la 'acumulación originaria de capital está resultando ser, al mismo tiempo, la acumulación final.”

El proceso tuvo su reflejo en la cultura de la nueva clase. Los nuevos rusos “menospreciaban a su país hasta límites que rozaban lo cómico”. “Al menos al comienzo, esta élite era consistentemente 'derrotista', en el sentido de que fue el fracaso de la Unión Soviética en la guerra fría lo que aseguró su acceso a los nuevos privilegios y les permitía integrarse en la clase mundial dominante.” Esta élite, como la caracteriza Kagarlitsky, “era típica de aquellas que existen durante los períodos de restauración: satisfecha de sí misma, entregada a la búsqueda de placeres inmediatos e irresponsable”.

El fin del mundo bipolar

Si el objetivo primario de las privatizaciones era crear una clase leal a la nueva administración, el segundo era integrar a Rusia en la economía global con un papel subsidiario. Como explica Kagarlitsky, aunque Rusia “posee un vasto territorio y enormes recursos naturales, tiene una pequeña población para su tamaño. La fuerza de trabajo a finales de la época soviética tenía un alto grado de educación pero no era muy disciplinada, y había sido ‘consentida' por los programas sociales. La capacidad tecnológica era muy alta, aunque era usada de una manera completamente ineficaz. Además, los sectores más desarrollados tecnológicamente estaban vinculados al complejo militar-industrial, y 'duplicaban' a los mismos sectores (aviación, construcción de maquinaria, etc.) en los países de Occidente. Como resultado, Rusia era interesante a los 'centros' del sistema mundo capitalista solamente como proveedor de materias primas y como mercado para productos del 'primer mundo'. En cualquier otro sentido, Rusia no sólo era innecesaria para Occidente, sino incluso peligrosa.”

El motivo de esta peligrosidad, continúa Kagarlitsky, es que los recursos de Rusia “podían ser consumidos por los países del 'centro' o utilizados para la expansión económica, política y militar de la propia Rusia. En otras palabras, dentro del marco de las 'reglas del juego' del capitalismo, nuestro país sólo podía ser una superpotencia o una semi-colonia.” Por ese motivo, una reforma que “hubiese incrementado la eficiencia de la industria rusa y permitido que la capacidad tecnológica acumulada durante la época soviética fuese utilizada con éxito con fines de mercado habría conducido a un conflicto con Occidente no menos grave que durante la guerra fría. Una 'guerra comercial' habría sido completamente inevitable y, en ciertas situaciones, habrían estallado guerras locales.” Como nadie en Rusia estaba preparado psicológica o políticamente para algo así, las élites políticas y económicas durante los años de Yeltsin en el poder optaron por “eliminar la propia industria, empobrecer a la población (reduciendo el precio de la fuerza de trabajo), destruir la ciencia y convertir la economía nacional en un apéndice semicolonial”.

“Rusia se convirtió en parte de la periferia occidental no sólo en términos económicos, sino también políticos, sacrificando su estatus de superpotencia junto con la mayor parte de su economía”, valora el sociólogo ruso. Incluso el Imperio ruso, añade en otro lugar, “a pesar de su carácter periférico, fue capaz de jugar un papel independiente en la política mundial”. La nueva Rusia que surgió de las ruinas del experimento soviético, en cambio, “no tenía esa capacidad.”

La desaparición de la URSS golpeó asimismo a algunos de los Estados que más dependían de ella. Entre 1991 y 1993 Cuba entró en el llamado “período especial”: su PIB se contrajo un 36% y el gobierno cubano ─que de la URSS recibía desde combustible hasta tractores y maquinaria agrícola─ hubo de introducir el racionamiento y restricciones al uso de la gasolina. En el caso de Corea del Norte se calcula que la economía se contrajo un 25% durante toda la década de los noventa como consecuencia de la desaparición de la URSS, que abastecía a la industria y agricultura del país. Tras la disolución del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), Vietnam se vio obligada a devaluar su divisa para aumentar las exportaciones y liberalizar el comercio siguiendo un modelo similar al chino. El resto de economías socialistas y del Tercer Mundo que dependían de ella capitularon una tras otra y se integraron en el sistema-mundo capitalista, alterando el equilibrio entre trabajo y capital en un proceso que se conoció como “globalización”.

En Empire of the Periphery. Russia and the World System (Pluto Press, 2008), Kagarlitsky afirma que “el desplome de la Unión Soviética fue acompañado de una desmoralización aguda y una 'crisis de identidad'.” La URSS se pretendía como el primer país de un bloque independiente y alternativo al capitalismo. Rusia, por su parte, era una nueva economía capitalista a la búsqueda de su lugar en el mundo. En esta búsqueda, que para muchos no ha terminado aún, el recuerdo del sistema soviético ha quedado atrapado entre el rechazo y la nostalgia. Muchos comentaristas han apuntado a este capítulo como uno de los pilares de la ideología de patriotismo de Estado durante la presidencia de Vladímir Putin, quien calificó el fin de la URSS de “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Un refrán ruso viene a decir, traducido libremente, que “las aguas más agitadas se mueven en el subsuelo”. En la versión neoliberal, la historia universal ─nada menos─ se terminaba con la disolución de la URSS. Veinticinco años después el espectro del comunismo no recorre Europa, pero ciertamente nos acompañará durante mucho tiempo.