domingo, 31 de diciembre de 2017

La insoportable línea recta, de Antonio Rodríguez de las Heras

Queridas amigas, queridos amigos, con el artículo semanal, coincidiendo con el paso de año, y titulado "La insoportable línea recta", os deseo que, como hablo en el artículo, el año 2017 no sea en línea recta, ni circular, sino...

Antonio Rodríguez de las Heras    @ARdelasH    www.ardelash.es

Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid y director del Instituto de Cultura y Tecnología
http://www.bez.es/687541938/insoportable-linea-recta.html

Ramón del Valle-Inclán escribe en `La lámpara maravillosa´: “El tiempo es como una metamorfosis del rayo de sol, un instante que vuela […] como es la línea recta un punto que vuela”.
El mal no está en la innovación, sino en el negocio de la innovación
El mal no está en la innovación, sino en el negocio de la innovación
Visualizar así la experiencia vital del tiempo es sensación general en los humanos pero no por ello deja de ser perturbadora. De ahí que se procure curvar esa línea temporal como intento de contener en lo posible la zozobra de la fugacidad. Los ciclos naturales, como el de los años, que hoy celebramos, y todas las conmemoraciones periódicas -sociales y personales- ayudan a doblar, y evitar por tanto, esta trayectoria rectilínea. Si la masa curva el rayo de luz (nos dice la relatividad), la memoria (individual o colectiva) curva la línea del tiempo. La memoria es la gravedad del tiempo.
La circularidad del tiempo tiene, además de la institucionalización social, sus formulaciones en la filosofía, la religión, incluso en algunas hipótesis de la cosmología, y es inspiradora de narraciones en todas las culturas.
En esta sociedad de la innovación constante todo es pasajero
Pues bien, actualmente parece que se estira la línea del tiempo por la tracción que ejerce la innovación. Y que, por consiguiente, se siente más el tiempo como el rectilíneo rayo de sol de Valle-Inclán. En esta sociedad de la innovación constante todo es pasajero. Una inconsistencia que tienta a no comprometerse con nada, por mucho que haya costado o se confíe en ello, porque se teme que de no soltarlo a tiempo su obsolescencia arrastrará hasta la marginación (social, profesional…).
Pero el mal no está en la innovación (que responde a algo tan esencial para la evolución humana como la búsqueda, la imaginación, la invención) sino en el negocio de la innovación. Al mercado le favorece esta visión rectilínea de una sucesión más y más rápida de novedades para envejecer enseguida y perderse como una estela en el aire.
Al mercado le favorece la visión rectilínea de una sucesión más y más rápida de novedades para envejecer enseguida y perderse como una estela en el aire
Sin embargo el tiempo de las cosas que evolucionan no se debe representar, por muy intuitivo que pueda parecer, como una trayectoria, sea en línea recta o en círculo. Ni la melancolía de la fugacidad de la recta ni el sueño del retorno del círculo son una solución. El tiempo de la evolución (la natural o la artificial, la tecnológica) se representa mejor como un continuo amasamiento. Nada se pierde, aunque desaparezca a nuestros ojos y usos; de alguna manera queda integrado, distribuido en la masa. Dos poetas lo han dicho con fórmulas bellas y concisas. T.S. Eliot: “Y todo es siempre ahora” (And all is always now); Mario Benedetti: “El olvido está lleno de memoria”.
La esperanza del retorno, aunque tentador, no es tampoco posible en un proceso evolutivo cualquiera. Si el tiempo fuera lineal, y trazara una trayectoria, se podría soñar con volver, como se hace a un lugar anterior, por una ruta circular o de sentido contrario. Pero al ser resultado de un amasamiento evolutivo ya no hay posibilidad de recuperación de un estado anterior. Cierto que nada se ha perdido, pero hay una distribución e integración de cada porción de la masa que por muchas vueltas que le demos no será posible volver atrás.
La esperanza del retorno, aunque tentador, no es tampoco posible en un proceso evolutivo cualquiera
El amasamiento y no la circularidad es lo que puede explicar la sorpresa de ver que cosas y prácticas que creíamos perdidas (pero que estaban ocultas en el interior de la masa) afloran posteriormente, pero a diferencia del círculo que se cierra no es un retorno -como el de desempolvar y recolocar un objeto arrumbado en el trastero- sino una recuperación y reinterpretación en condiciones distintas a las originales. Por tanto, supone un enriquecimiento de la diversidad, un desarrollo de las potencialidades, al cambiar las circunstancias, de aquello que vuelve a emerger.
De no ser así, la insoportable línea recta del tiempo que aparentemente traza la innovación tecnológica nos empuja, para que no nos precipitemos en un sinsentido agotador, a recurrir a la imagen tan socorrida de que esa línea es la trayectoria de una flecha dirigida a un fin. Pero entonces la metáfora nos obliga a que si es una flecha tiene que haber un arco en el principio que apunte y lance, y esto contradice lo que hemos descubierto sobre la evolución del mundo, de la vida… y la tecnológica es solo una manifestación de ella.
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OTRA COSA: Si las grandes superficies apoyan una “Gran Recogida de Alimentos” no se fíe



BUENOS AIRES REFLEJO DEL MUNDO AL REVÉS.

UNA IMAGEN QUE DICE MUCHO.... BUENOS AIRES REFLEJO DEL MUNDO AL REVÉS.

-Marcha - 18 de diciembre 2017 . Bs. As. -

Una cámara fotográfica. .
Un bastón.
Dos mochilas.
Ni bombas ni lanzas.
El fotógrafo protege con una mano la cámara que es su herramienta de trabajo,
con la otra mano protege el andar y la integridad
  del señor de cabello blanco.
Detrás ...la amenaza de la guardia pretoriana.
Una imagen que abre un montón de interrogantes.
¿Por qué tanto despliegue?
El joven de remera roja laburando, intentando " flashear" los sucesos del día 
y el señor jubilado marchando en forma pacífica....¿Son peligrosos?
¿Ciencia ficción? ¿Surrealismo?
El mundo al revés.

Recibidos
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Hde Glez

29 dic. (hace 2 días)

Cacería...



La ‘cacería humana’ que sufren los denunciantes de corrupción en España


Miembros de la plataforma de denunciantes de corrupción

Miembros de la plataforma de denunciantes de corrupción

Tras los grandes titulares que nos brinda la corrupción hay una persona que ha pagado “un precio demasiado alto” por denunciarla.

Semana tras semana los escándalos de corrupción en España acaparan grandes titulares en la prensa y minutos en los informativos. Casos como el Gürtel o Acuamed. Y todo gracias a que alguien dio un paso al frente, a que alguien lo denunció. Una persona a la que le cambió la vida. Ya nada es lo mismo para todos aquellos denunciantes de corrupción, que se ven sometidos a una “cacería humana” por algo tan simple como alzar la voz contra algo que creían que no estaba bien.
Este es el caso, por ejemplo, de Ana Garrido, denunciante de la Gürtel en Boadilla del Monte (Madrid), cuya vida “se convirtió en un reto por sobrevivir”. “A la brutal presión a la que estoy expuesta hay que añadir los casos judiciales en los que me han inmerso”, explica la que fuera empleada del ayuntamiento de esta localidad, que asegura que desde el día en que denunció se ha visto obligada a defenderse “en una posición de desventaja, lo cual arruina aún más mi situación económica y mi desgaste emocional”.

Azahara Peralta es otra de estas denunciantes. En su caso, de la trama Acuamed. “No mirar a otro lado y negarme a acatar las órdenes de mis superiores me ha supuesto que me hayan destrozado mi carrera profesional”, afirma. Para esta ingeniera sus valores “han cambiado” tras pasar todo lo que ha tenido que pasar. Y es que se paga “un precio demasiado alto” por denunciar.

Los testimonios de ambas se recogen en un vídeo publicado por la Plataforma X la Honestidad en su web en el que narran en primera persona lo que están pasando. Pero no son las únicas. En él también se puede ver a Roberto Macías, ex administrativo de UGT Andalucía, que denunció una presunta trama de facturas falsas en el sindicato.

“El colaborar con la Justicia me ha supuesto un enorme sacrificio personal y familiar”, señala Macías, al que le cuesta mirar a sus hijos. “Hace tiempo que en mis ojos se refleja la angustia y el dolor de un injusto proceso penal”.
Otros, según la mencionada plataforma, se ven obligados a ocultar su rostro por las consecuencias que para ellos ha supuesto dar este paso. Unas consecuencias que van desde la marginación laboral a la pérdida del puesto de trabajo. Y únicamente por sacar a la luz la corrupción institucional en España.

A pesar de todo lo que están pasando estos denunciantes no se arrepiente. “Pese a todas las dificultades volvería a denunciar por mí, por ti, por una sociedad más justa”, aseguran todos ellos en el mencionado vídeo con el que este colectivo llama a colaborar económicamente con su causa.



sábado, 30 de diciembre de 2017

Los espejos en los que la literatura se mira y duplica el mundo

De Narciso a Blancanieves, de Valle Inclán a Borges, el objeto que devuelve la imagen ha sido esencial en la escritura. Andrés Ibáñez refleja en una antología esa obsesión.  Madrid


'Narciso', de Caravaggio (1597-99), conservado en Roma.


La literatura está plagada de miles y miles de objetos, necesarios para recrear los mundos que proponen los escritores. Ninguna lista de los más habituales o relevantes, si tal cosa existiese, podría omitir el espejo. En el fondo, representa más que un simple objeto: es otro mundo. Su presencia, a lo largo de miles de obras, ejerce un gran poder de atracción, y emana un extraordinario misterio. Reflejan, ocultan, mienten, deforman, confiesan… “Espejos: jamás, a sabiendas, todavía se ha dicho / lo que en vuestra esencia sois”, escribe Rilke en los Los sonetos a Orfeo, como recuerda el crítico y escritor Andrés Ibáñez, que desde su juventud persigue espejos a lo largo de cuentos, poemas, novelas u obras históricas de toda época.
El resultado de esa obsesión tan particular es la publicación de A través del espejo (Atalanta), una antología de textos que tratan el tema del espejo, de por sí inagotable. Marcel Schwob, H.P. Lovecraft, Virginia Woolf, Isaac B. Singer, G. K. Chesterton, Goran Petrovic, Borges, Allan Poe, Walter de la Mare, Angela Carter, Bioy Casares o Giovanni Papini son algunos de los autores en cuyos textos el espejo ejerce una poderosa influencia.
En un extenso prólogo por el que también desfilan los reflejos de San Juan de la Cruz, La Fontaine, Bulgákov, Lewis Carroll, Alfred Tennyson, Charles Perrault o Roberto Bolaño, el autor se remonta a las mitologías de la antigüedad, y cómo el significado del espejo, y cuanto muestra, fue cambiando a medida que avanzaban los siglos. El material reunido es riquísimo, inabarcable. De hecho, Ibáñez se vio obligado a dejar la poesía fuera de su selección para que “el laberinto de espejos no creciera en exceso”. Apenas se salva el libro tercero de Las metamorfosis de Ovidio, donde el poeta romano recrea el mito de Narciso, que se asoma a un estanque, y enfrentado a un espejo de agua, se enamora de su propia imagen. Por otra parte con fatales consecuencias, pues cae y se ahoga, como siglos más tarde le ocurre a la protagonista de El espejo de Lida Sal, un relato de Miguel Ángel Asturias en el que una muchacha, en busca de un espejo para contemplarse con su traje de boda, se asoma a un risco sobre el mar, cae a las olas y se ahoga en su propio reflejo.
El reflejo, a veces, habla, como en Blancanieves, donde la mujer que el rey toma por esposa, fascinada por su belleza, posee un espejo mágico al que de vez en cuando pregunta “¿Quién de este reino es la más hermosa?”. El romanticismo, en el que se integra el cuento de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, fue fértil en espejos. En parte, “por la importancia que adquiere el tema del doble”, cuyo introductor, Jean Paul Richter, no sólo acuñó el concepto doppelgänger para referirse a ese segundo yo, sino que creó una galería de personajes que sufrían “un terror enfermizo a contemplar su propia imagen”. Su literatura sirve de introducción a dos clásicos de la época, E.T. A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, de quien Ibáñez recupera William Wilson, un relato en el que su protagonista conoce en su juventud a otro William Wilson parecido a él, incluso nacido en la misma fecha, y que desaparece y reaparece a lo largo de su vida, hasta que un día, durante una fiesta de disfraces, lo ataca y un espejo le devuelve su propio “semblante pálido y manchado de sangre”.

Arquímedes diseñó espejos para concentrar rayos de sol y quemar las velas de los barcos. EL PAÍS

Borges se encontraba a menudo en sus relatos también con otros Borges. “Bien conocida es su obsesión con los espejos", que en el fondo está relacionada, subraya Ibáñez, con la obsesión por la noche y la ceguera, “pero también con otro tema central en su obra: la obsesión por ver el propio rostro”. En El Aleph, el narrador ve “todos los espejos del planeta” y ninguno le reflejó, dice. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius arranca también de modo revelador: “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor…”. Ibáñez selecciona El espejo de tinta y El espejo y la máscara, donde los espejos se proyectan con una presencia también inquietante. La que, por otra parte, tuvieron en la vida de Borges, que en uno de los poemas de El hacedor reconoce: “Hoy, al cabo de tantos y perplejos/ años de errar bajo la varia luna,/ me pregunto qué azar de la fortuna/ hizo que yo temiera los espejos”.
De Oriente a Occidente, de la antigüedad a la modernidad, la literatura recrea espejos capaces de desencadenar los acontecimientos más inesperados. Quizá por eso Ibáñez deja para el final el texto de Jurgis Baltrušaitis sobre los espejos ardientes de Arquímedes, y que funciona como un “pequeño tratado de ciencia ficción antigua”. ¿Existieron en verdad esos espejos? La leyenda aparece recogida por primera vez en el siglo XII, en las Crónicas de Joannes Zonaras, que relata cómo Arquímedes hizo colgar de las murallas de Siracusa espejos de metal que, golpeados por los rayos del sol, quemaban los barcos romanos. En el siglo XVII la literatura científica de Descartes y Mersenne demolió “metódicamente la leyenda”, pero cien años después, el conde de Buffon, Georges Louis Leclerc, realizó experimentos que demostraban que se podía quemar madera a una distancia de 400 pies.
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OTRA COSA:  Fraggle Rock



Hausmann: "Tener un sentimiento de Estado potencia el desarrollo económico"

http://www.eexcellence.es/index.php?option=com_content&view=article&id=2842:hausmann-tener-un-sentimiento-de-estado-potencia-el-desarrollo-economico&catid=38:personajes-con-talento&Itemid=131


Escrito por Federico Fernández de Santos 
Fotos de Daniel Santamaría.
Entrevista publicada en Executive Excellence nº140 jun/jul 2017

Durante su visita a la Fundación Rafael del Pino para pronunciar la conferencia “Nosotros y la prosperidad”, tuvimos la oportunidad de conversar con el director del Center for International Development de la Harvard Kennedy School, Ricardo Hausmann. El economista venezolano, radicado en EE.UU., analizó el problema con el que muchos Estados ricos y pobres están tropezando: crear una sensación de pertenencia y de comunidad que logre hacer que los países se abran lo suficientemente al mundo, para poder absorber las tecnologías que se están desarrollando en otras partes.
FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: El nivel de la innovación española está lejos del de otras potencias europeas cercanas, pero –en su conjunto– tampoco Europa está jugando un papel de liderazgo en el desarrollo tecnológico. De hecho, las empresas más innovadoras son estadounidenses. ¿Cómo se explica esta situación? 
RICARDO HAUSMANN: En primer lugar, lo que está ocurriendo con el desarrollo tecnológico es que las redes que hay que juntar para hacer los productos del futuro tienen que ser cada vez más amplias y diversas; tienen que ser, por lo tanto, más multinacionales. En EE.UU., el 14% de la población es extranjera; más aún, en Silicon Valley el 52% de los emprendedores son de fuera. Para poder incorporar las tecnologías que se vienen desarrollando, necesitamos grupos con una mayor diversidad de capacidades.
Esto contrasta con la tradición española de generar equipos muy cohesionados, muy homogéneos y parecidos. Esa cohesión basada en la similitud conspira contra la capacidad de integrar nuevas tecnologías. Algunas de las empresas españolas más exitosas que se han ido a América Latina –como BBVA, Santander, Telefónica o Iberdrola–, en cierto sentido han empezado gestionando capacidades a través de la relación entre Madrid y cada uno de los países latinoamericanos en los que se implantaron, hasta que finalmente han sido capaces de crear una red de gestión multinacional de todos esos talentos; es decir, se han dado cuenta de que deben mezclar, rotar y mover todo el talento en una red más multinacional y multipolar.
F.F.S.: Vivimos una revolución en la distribución. Vemos, por ejemplo, cómo una empresa como Amazon está empezando a distribuir alimentación y cómo los costes y la rapidez del transporte no dejan de reducirse. Obviamente, dado que la globalización ayuda a eliminar las barreras, habrá cada vez más capacidad de transporte. Sin embargo, este escenario podría alterar el planteamiento de la diversificación como motor de crecimiento de un país. ¿Cree que esto sucederá?
R.H.: Opino que, en realidad, el motor de crecimiento es la especialización; y que esa especialización de las personas y de las empresas lleva a una diversificación en las ciudades y en los países. Son dos lados de la misma moneda. De pronto Amazon se vuelve 50% de comercio retail, y los proveedores de la plataforma se vuelven cada vez más diversos porque, en cierto sentido, se les está ofreciendo a los productores un canal de distribución global muy rápido y accesible, lo cual permite una mayor diversificación.
Sin embargo, el acento no está tanto en especializarse en aquello en lo que se destaca, sino en –y más con el cambio tecnológico– ser capaz de evolucionar en las cosas en las que uno es bueno. 
España no se volvió rica porque cada vez fue a mejor en el cultivo de aceitunas, sino que creció porque mudó y evolucionó su ventaja comparativa. Hoy el país sobresale por un turismo gastronómico que ha implicado un desarrollo de ciertas capacidades que no preexistían, pero que eran factibles. La clave está en la búsqueda de esas transformaciones factibles. 
F.F.S.: Repetidamente afirma que el conocimiento de las obviedades es el motor que las hace crecer. Nosotros, los humanos, podemos comprender el significado de las cosas, algo que la inteligencia artificial no puede hacer. Pero resulta curioso que la mayoría de los estudiantes recibe ese conocimiento sin entenderlo, sin comprender su significado, sino simplemente memorizando y acumulando información (algo que la inteligencia artificial también puede hacer). En un mundo donde los robots van a eliminar el 25% de los puestos de mano de obra en las próximas dos décadas, ¿qué significa la educación para el crecimiento y la estabilidad social de los países?
R.H.: Hay dos comentarios. El primero es que hay gente muy preocupada por la desaparición de empleos debido a la inteligencia artificial. Sin embargo, creo que tenemos que prestarle algo de atención a la creación de nuevos empleos y nuevas formas de hacer las cosas que se producen gracias a la inteligencia artificial. En España, hace un siglo, un 70% de la población trabajaba en la agricultura; hoy probablemente sea menos del 3% y lo hace con grandes subsidios europeos, pero no veo a nadie lamentando la desaparición de los empleos agrícolas. Para sustituir esos trabajos, hubo que crear otros en tractores, en fábricas de fertilizantes, en agroquímicos… incluso ahora se están usando drones en la agricultura. Es decir, los empleos se van a otras formas de usar el esfuerzo humano y creo que, a la vez que analizamos cuáles son los trabajos que van a ser menos necesarios en el futuro, deberíamos pasar más tiempo pensando en todas las nuevas formas de hacer cosas que no estaban antes. 
Con respecto al tema de la educación, mis trabajos muestran que hemos estado poniendo demasiado énfasis en que todo el mundo sepa más de lo mismo. Queremos que los jóvenes terminen su educación secundaria y obtengan las mejores notas en las pruebas PISA de la OCDE. Eso es como querer aumentar la intensidad de la luz, cuando los estudios muestran que más importante aún es el espectro de la luz. Es decir, fijarse en la diversidad de lo que sabe cada uno y no en lo homogéneo. Si, por ejemplo, vas a administrar una empresa moderna, necesitas gente que sepa de una gran diversidad (de compras, producción, contratación, ventas, branding, finanzas, etc.), y ser capaz de crear bien ese equipo diverso, necesario para administrar una organización compleja.
Muchos de esos conocimientos no se adquieren ni en la escuela ni en la universidad, y la demostración obvia de esto es analizar los cargos que tienen las empresas en España y preguntarse cuántos de ellos los puede ejecutar una persona recién salida del sistema educativo. En cualquier empresa medianamente moderna no son más del 10-15% los cargos a los que alguien puede llegar sin experiencia laboral, porque el grueso de lo que se va a usar en el proceso de trabajo no es lo que se aprendió en la escuela, sino lo que se aprendió en el trabajo. Es verdad que no hubieses podido tener esa experiencia sin pasar por la escuela, pero después has de tener una organización donde aprender. De modo que lo que una sociedad sabe no es necesariamente lo que saben sus maestros, sino sus empresas. 
Por eso, en una sociedad moderna, las organizaciones producen siempre dos cosas: los bienes y servicios que venden, y las capacidades en su fuerza laboral. En el futuro, deberemos entender que las empresas tienen esta doble función, y reconocer mejor la tarea de crear capacidades en sus trabajadores. Las empresas son como socios del gobierno en el proceso de creación de capacidades en la gente, y deberían contabilizar no solamente cuánto vendieron o cuánto pagaron a sus empleados y al gobierno, sino también cuánto le aportó al país los egresados de su organización que aprendieron primero el negocio en la empresa, y después fueron a otros lados a aportar esos conocimientos y crear nuevas compañías. 
Si nos fijamos en Silicon Valley, un gran número de las empresas fueron creadas por gente que trabajó anteriormente en otras de la zona. El know how de cómo se hace innovación en este sector pasó de una empresa a otra en la cabeza de esas personas formadas allí previamente. 
F.F.S.: Por tanto, la clave de la prosperidad está vinculada al know how.
R.H.: Si pensamos en aquello que explica la diferencia entre los países ricos y pobres, llegaremos a la tecnología o, mejor dicho, a la combinación de las herramientas y protocolos que proporciona con el know how (o saber hacer) de las personas que trabajan con ella. Para incrementar la tecnología hacen falta herramientas, protocolos y know how. Las herramientas y los protocolos se mueven con facilidad, pero no el know how. 
El problema es que la tecnología moderna no requiere de una persona que tenga un saber hacer particular, sino de equipos que colaboran en la producción y que tienen distinto know how. Por lo tanto, para mover la tecnología hace falta mover grupos con ese saber hacer requerido.
A los economistas nos gusta medirlo todo. Si yo afirmo que los países ricos tienen mucho know how y los pobres tienen poco, debo explicar cómo medirlo. Preguntémonos quién tiene más: ¿un esquimal o el hombre moderno? Este último usa reloj, computadora, lentes…, pero no sabe hacer nada de eso, y si lo mueves adonde vive un esquimal, se muere. Entonces, es absurdo decir que el hombre moderno tiene más know how que el esquimal, lo que uno puede decir es que la sociedad a la que el hombre moderno pertenece y en la que trabaja tiene más know how; mientras que en la sociedad a la que pertenece el esquimal, todos saben pescar, cazar, hacer iglús, trineos y poco más. En cambio en la sociedad moderna, cada uno tiene una ínfima noción del know how que existe. 
En definitiva, como las personas saben distintas cosas y estas difieren de una a otra, las sociedades en conjunto saben mucho, pero porque sus individuos saben distinto. El hecho de que cada quien sepa algo diferente hace que el conjunto sepa más. 
La estructura productiva del siglo XIX se basaba en familias organizadas en gremios (carniceros, panaderos, candeleros…). Hoy en día existen algunos productos que no los sabe hacer ni un país, pues requieren de una red humana tan diversa que no cabe en un Estado. 
A medida que aumenta la diversidad de know how en un sistema, se incrementa no solo la cantidad de productos distintos que pueden hacerse, sino también la de productos difíciles de hacer. Eso se puede medir con el índice de complejidad económica. Los países con un índice bajo tienden a ser pobres, mientras que los que tienen un índice alto tienden a ser ricos.
F.F.S.: Cuando determina el potencial de crecimiento de los países en sus estudios, ¿cómo inciden aspectos como el aislacionismo, el nacionalismo y el populismo, que son consecuencia de una globalización no inclusiva que está dejando atrás a parte de la sociedad? ¿Cómo suelen influir esas políticas en sus previsiones a futuro?
R.H.: Uno de los aspectos centrales de las tecnologías modernas, e incluso de antes de la Revolución Industrial, es que requieren que el Estado provea de cada vez más bienes públicos, que son como insumos complementarios con los que las empresas pueden adquirir en el mercado. Los países exitosos tienen un nivel de cooperación muy alto entre las organizaciones del mercado y la creación de bienes públicos en el Estado. Esas dos estructuras son fuertemente complementarias, no sustitutas. Sustituto quiere decir cosas como el café y el té: mientras más café tienes, menos té quieres; pero complementario quiere decir cosas como el café y el azúcar: cuanto más café tienes, más azúcar quieres. Estas dos cosas tienen que crecer ambas, y para que crezca la provisión de bienes públicos, el Estado tiene que poder legítimamente actuar en más áreas haciendo más cosas, pero para que esto suceda de una manera percibida como legítima, el Estado tiene que poder convincentemente hacerlo en nombre de “nosotros”. Al final, las organizaciones políticas –ya sea a nivel autonómico, estatal o europeo– tienen que estar basadas en un sentimiento compartido de lo que significa ser nosotros, en un sentimiento de identidad, de aquello que nos hace ser nosotros. Cuando hoy el Estado actúa en nombre de nosotros, ¿quién es ese nosotros? 
Lo que está en juego en el discurso populista es una definición del nosotros. Traducido al caso del populismo en España, nosotros somos la gente –todos homogéneos, parecidos y sufridos–, y después hay otro grupo que son ellos, la casta –heterogéneos, globalizantes, traidores, moralmente inaceptables, etc.–. La narrativa entonces es que el Estado tiene que venir a desplazar a la casta para ayudar a la gente. En ese discurso no hay una complementación entre las empresas en el mercado y el aparato del Estado; y se acaba por no ayudar a que las organizaciones productivas puedan avanzar.
Si España se va a volver una potencia en energías renovables, en parte va a ser porque la definición de estrategia de la matriz energética, de las relaciones con Europa, de la regulación del sector eléctrico, etc. se va a hacer de tal manera que ciertas opciones tecnológicas puedan tener futuro. Ese discurso de tener un Estado para complementar y repotenciar las capacidades productivas de la sociedad, necesita una narrativa donde ambas partes se complementan y necesitan. Es la cooperación en la sociedad la que lleva al avance, y no la lucha de clases. 
F.F.S.: Uno de los potenciales peligros que se está generando en la UE es el miedo al que viene de fuera. ¿Cuál es la parte positiva de la inmigración, qué se debe de fomentar y qué aspectos de la misma no contribuyen al crecimiento del país?
R.H.: Nosotros hemos encontrado efectos muy positivos en la diáspora y también en tener migrantes que retornan, porque estos traen capacidades, destrezas y conocimientos que aprendieron en otros países, y los contaminan y transmiten en el contexto interno.
Si países como Australia, Canadá o Singapur pueden absorber hasta el 40% de población extranjera, y estar cohesionados y crecer, nadie se explica por qué hay que poner freno a la inmigración; menos aún cuando, para que se mueva el know how, hay que mover a la gente. A todo el mundo le encanta compararse con Singapur, donde resulta que una de cada 2,4 personas es extranjera. En Panamá una de cada 24 personas no nació en el país, en México una de cada 240 personas y en Colombia una de cada 400. 
Si estudiamos las políticas migratorias de los países en desarrollo, comprobamos que han sido muy cerrados a la inmigración extranjera. En una gran cantidad de ellos no hay ningún mecanismo para tener una residencia permanente ni para obtener la nacionalidad, y hay grandes restricciones a la contratación de extranjeros. En Irlanda se establece un máximo del 50% de trabajadores que no hayan nacido en la UE, en Egipto, Guatemala y Panamá el máximo es del 10%, mientras que Colombia tiene que parar en el 0,25% de población extranjera. En mi opinión, los países establecen las nociones de cuánto es demasiado mucho antes de que realmente lleguen a ningún óptimo máximo.
Vemos cómo hay países con severas regulaciones del mercado laboral contra la contratación de extranjeros. Incluso existen universidades públicas que consideran que el empleo del funcionariado público es para los nacionales, y por legislación tienen prohibido que los extranjeros den clase. Esto resulta llamativo cuando se han hecho estudios que demuestran que el desarrollo científico y tecnológico de los EE.UU. se vio drásticamente acelerado en ambas áreas por la inmigración de talento que salió de Europa en la década de los 30 y 40. En definitiva, la apertura a la diversidad es central para el crecimiento. 
F.F.S.: ¿Cuál es entonces el motivo que explica ese comportamiento de rechazo a los “otros”, que acaba dificultando el movimiento del know how?
R.H.: La razón es que la presencia extranjera violaría el sentimiento de identidad colectiva, de pertenencia al grupo o a la comunidad. Ese sentimiento acaba frenando las posibilidades de desarrollo económico. Ahora bien, ¿cómo definir qué es eso que nos hace “nosotros?”.
Le voy a dar un ejemplo del pasado: cuando se creó la nación unificada de España en 1492, había personas que hablaban gallego, vasco, andaluz que no se entendía bien en Cantabria, otros hablaban catalán, etc. Sin embargo, lo que tenían en común todos los españoles es que eran católicos. Antes no lo eran, pero se hicieron porque expulsaron a los judíos y a los musulmanes. 
Esos judíos se fueron, parcialmente, a Holanda. Cuando Felipe II regresó a España, le pareció que era inaceptable que hubiese protestantes en Holanda y mandó la Santa Inquisición para allá, lo cual arrancó la Guerra de la Independencia de Holanda. Cuando se firmó el armisticio en 1618, la identidad de Holanda no era que ellos fuesen protestantes o anti-católicos, sino que eran tolerantes. Gracias a eso, el país se llenó de científicos y filósofos de todo el mundo, y Holanda tuvo su Siglo de Oro en el momento en que España salió y no pudo impedir el aumento de la diversidad. Creo que hay historias importantes de cómo el ataque a la diversidad terminó costando enormemente al propio desarrollo de un país.

Además, los humanos somos el mamífero más colaborativo del mundo, y esa capacidad ha sido el secreto de nuestro éxito. Cooperamos porque la evolución desarrolló en nosotros sentimientos morales (de responsabilidad, culpa, rabia, vergüenza…) que nos llevan a hacerlo; está en nuestros genes. Y somos seres profundamente sociales. Si yo le pregunto cuál es su identidad, me dirá que se siente español o padre de familia… Es decir, no nos definimos en términos de quién soy yo, sino en términos de qué pertenencia tengo. Y esta puede ser de distinta esencia: pertenencia a mi familia, a mi escuela, a mi universidad…, a diversas escalas; pero a cada escala de decisión generamos en nuestra cabeza, implícitamente, quiénes somos nosotros. A lo largo de nuestra historia, hemos cooperado a escalas totalmente distintas. 
Cuando “nosotros” éramos pequeños asentamientos agrícolas, cooperábamos con un radio de acción muy limitado, vivíamos del autoconsumo, no teníamos medios de transporte, etc., pero caímos en la Torre de Babel, donde el idioma tiene una tendencia natural a cambiar. Por ejemplo, hoy percibimos que nuestros hijos y nietos hablan diferente de nosotros, y uno intuye que ese proceso –repetido tantas veces– quiere decir que antes se hablaba latín y ahora evolucionamos al español, gallego, etc. Estas cosas cambian, pero hemos de ser entendidos por el otro. El hecho de que nosotros hayamos interactuado en grupos muy pequeños a lo largo de mucho tiempo se observa en el hecho de que se han generado muchos idiomas. Hoy, en nuestras sociedades, interactuamos en grupos muchísimo más grandes y la única forma de hacerlo es compartiendo idiomas. 
F.F.S.: Si somos tan diversos, ¿qué es lo que hace que seamos “nosotros” como Estado? ¿Un idioma común, una identidad racial, una religión compartida…?
R.H.: Volvamos a la Revolución Industrial. Con ella se generaron dos fuerzas muy importantes que, en realidad, han estado siempre ahí. La primera fueron las grandes economías de escala necesarias para acceder al mercado. Todo el mundo quería tener un mercado más grande donde vender sus productos, y eso exigía una unidad política más grande. Lo segundo que requirió la Revolución Industrial fueron más bienes públicos que involucrasen más a la gente, por ejemplo, un idioma común, pero también una infraestructura, educación… Es decir, un Estado que tome muchas más decisiones por nosotros. Necesitamos un sentido de pertenencia al Estado más profundo. Lo primero implica un sentido de nosotros más amplio que involucre un país o un mercado más grande. Y lo segundo requiere un sentido de pertenencia más profundo, que fusione uno con el otro. Si queremos una identidad muy profunda, tendremos que compartir muchas más cosas.
Los países están sometidos a presiones, porque aumenta la diversidad y el deseo de interactuar con otros, pero al mismo tiempo quieren tener una sensación más profunda de ser un país. En síntesis, la prosperidad requiere de difusión tecnológica, y esta requiere de un Estado capaz y de la posibilidad de mezclarse con know how que venga del exterior. Ese Estado capaz se hace más factible cuando existe una comunidad imaginada, a nombre de la cual está actuando el Estado, y es lo suficientemente profunda como para crear los bienes públicos que requiere una economía más compleja (decidir quién va a pagar impuestos, quién merece ser subsidiado, qué se enseña en las escuelas, cómo va a funcionar el sistema educativo, etc.). Es decir, tiene un Estado que toma una gran cantidad de decisiones y requiere de una sensación de unidad; un Estado lo suficientemente grande y expansivo como para poder abrirse al mundo.Desafortunadamente, uno de los problemas que existen hoy en Europa es que no se da un sentido de nosotros que acompañe la idea de ser europeo. ¿Qué significa ser europeo? Necesitamos tener un sentido de nosotros que ampare la acción del Estado (en el caso de Europa, que ampare la acción y las decisiones que se toman en Bruselas). 
Es cierto que muchas de las sensaciones de pertenencia se basan en ciertos mitos fundacionales, que acaban convirtiendo algunas cosas en sagradas. Por ejemplo, para los norteamericanos, el sentido de ser nosotros es que tuvimos unos padres fundadores que nos dieron una Constitución maravillosa y una Carta de Derechos que nos une y hay que respetar; y que si no fuera por eso, ¡EE.UU. sería hoy como Canadá! Obviamente, es probable que los padres fundadores no sean la causa del éxito norteamericano, porque EE.UU. no es mucho más rico que Canadá ni tiene un sistema de salud tan bueno. 
En el resto del mundo, la formación de los Estados ha sido completamente heterogénea. Lo primero que sucedió es que, cuando se generó la Revolución Industrial con toda una tecnología que difundir, hacían falta Estados. Como no existían, los crearon. Cuando Inglaterra fue a India, allí no había Estado. Empezaron entonces a crear estructuras políticas para proteger sus activos y poder comerciar, que terminaron enraizando en el país. 
América Latina, por ejemplo, es el único lugar con 18 países que hablan un idioma y tienen una religión común. Eso es legado de la colonización, que nos generó una homogeneidad cultural con la que nos ha resultado relativamente más fácil crear Estados que no están en guerra con otros, pero también existe tal cantidad porque no se han dado las economías de escala adecuadas para unirlos. A pesar de que Europa tiene toda esta diversidad, ha sido mucho más activa uniéndose políticamente que América Latina, que es más homogénea. La UE es una estructura mucho más avanzada, compleja y desarrollada que nada que hayamos hecho en América Latina, que no tiene las economías de escala de la integración –porque todos producimos más o menos lo mismo– ni hemos generado las estructuras políticas para ello.
F.F.S.: Recientemente en Dinamarca se celebró el European Business Forum, organizado por Thinkers50. Una de la conclusiones de este encuentro fue que el entorno medioambiental y todo lo relacionado con el envejecimiento de la población serían las dos áreas de mayor crecimiento empresarial en la UE. ¿Está de acuerdo? ¿Dónde ve usted el desarrollo?
R.H.: No es un tema sobre el que haya pensado con detenimiento, pero sí creo que la transformación en la matriz energética viene porque no nos hemos percatado del dramático cambio en precios relativos de las distintas fuentes energéticas. El colapso en los costes de energía fotoeléctrica hace que sea más barata. Es decir, más allá del Acuerdo de París y las regulaciones del cambio climático, sencillamente es eficiente; y el mercado la va a privilegiar porque es barata. Con respecto a la estructura de la población, obviamente van a modificarse los mercados de consumo, pues crecerá el tipo de productos y empresas que estén alineados con esa parte del consumo. 
En mi opinión, uno de los temas de mayor potencial de crecimiento es que tenemos un 15% de la población mundial que está en países de altos ingresos, frente a un 85% que no lo está. La tecnología del mundo da para que esa gente pueda vivir con ingresos similares a los de altos ingresos. Sin embargo, el 85% está en el promedio de un nivel de ingreso per cápita que representa un décimo del de los países de altos ingresos. Si logramos difundir más tecnología en los países en vías de desarrollo y generar una dinámica de crecimiento más importante en los de ingresos medios, se van a ampliar las posibilidades de expansión en los países ricos.

Fotos de Daniel Santamaría.
Entrevista publicada en Executive Excellence nº140 jun/jul 2017


viernes, 29 de diciembre de 2017

La falacia gradualista de Europa, por Yannis Varoufakis

  Por Yannis Varoufakis, ex-ministro de Finanzas y Economía de Grecia

Europa está a merced de una moneda común que no sólo era innecesaria para la integración europea, sino que en realidad está debilitando a la Unión Europea misma. ¿Qué hacer entonces con una moneda que no tiene un estado que la respalde, o con los diecinueve estados europeos que no tienen una moneda que puedan controlar?
La respuesta lógica es una de dos: desmantelar el euro o crearle el estado federal que necesita. El problema es que la primera solución sería sumamente costosa, mientras que la segunda es inviable en un clima político que favorece la renacionalización de la soberanía.
Aquellos que coinciden en que el costo de desmantelar el euro sería excesivo se ven obligados a una especie de pensamiento ilusorio que se ha puesto de moda (sobre todo tras la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia). La idea es que, de algún modo y por algún medio no especificado, Europa hallará la forma de convertirse en una federación. Para ellos, parecería que es sólo cuestión de esperar.
La idea de Macron es no quedarse en este optimismo ocioso, y obtener en cambio el consentimiento alemán para convertir la eurozona en una entidad de carácter estatal: una federación reducida. A cambio de que los franceses “germanicen” su mercado laboral y controlen el déficit presupuestario, Alemania debería aceptar, en principio, un presupuesto común, un ministro de finanzas común y un parlamento europeo que provea legitimidad democrática.
Para que el gobierno alemán halle la propuesta tolerable, se sugiere un presupuesto común minúsculo (alrededor del 1% del producto agregado de la eurozona) destinado exclusivamente a financiar las estructuras básicas de una federación reducida, por ejemplo un seguro de depósitos común que dé sustancia a la “unión bancaria” europea, y una parte de las prestaciones de desempleo. El plan también imagina emisión compartida de bonos (eurobonos), que sólo cubriría una fracción de las deudas nuevas, con prohibición explícita de mutualizar la voluminosa herencia de deudas de los estados miembros.
Macron sabe que la federación que propone sería macroeconómicamente insignificante, dada la profundidad de la crisis de deuda, bancaria, de inversiones y de pobreza que se desarrolla en la eurozona. Pero a tono con el tradicional espíritu de gradualismo de la UE, Macron cree que el cambio sería políticamente trascendente, un paso decisivo hacia la creación de una federación auténtica.
Hace poco, un funcionario francés me lo explicó con estas palabras: “En cuanto los alemanes acepten el principio, la economía los obligará a aceptar las magnitudes necesarias”. Este optimismo puede parecer justificado, a la luz de propuestas similareshechas en el pasado por nada menos que Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán. Pero hay dos poderosas razones para el escepticismo.
En primer lugar, la canciller Angela Merkel y Schäuble no nacieron ayer. Si los colaboradores de Macron ven la federación reducida como una cuña para meter la plena integración política, lo mismo harán Merkel, Schäuble y el fortalecido Partido Democrático Libre (que tras la elección federal de septiembre casi seguro se unirá a una coalición de gobierno con la democracia cristiana de Merkel). Y educadamente, pero con firmeza, rechazarán las insinuaciones de Francia.
En segundo lugar, en el improbable supuesto de que Alemania dé vía libre a la federación reducida, cualquier cambio en el funcionamiento de la eurozona se devorará una importante cuota de capital político de los reformistas. A menos que produzca resultados económicos y sociales que faciliten (en vez de imposibilitar) la creación de una federación auténtica (y yo sospecho que no los producirá), podría desatarse una reacción política que ponga fin a cualquier perspectiva de lograr una federación más sustancial en el futuro. En tal caso, el desmantelamiento del euro será inevitable, costará más y dejará a Europa en un estado de mayor confusión.
Si no me equivoco al afirmar que el gradualismo de Macron y su federación reducida terminarán siendo un fracaso preanunciado, ¿qué alternativa hay? Mi respuesta es sencilla: resignificar las instituciones europeas actuales de modo que simulen el funcionamiento de una federación en los cuatro ámbitos donde se desarrolla la crisis del euro: deuda pública, bancos, inversiones y padecimientos sociales.
Una vez estabilizadas estas cuatro subcrisis, renacerá la esperanza y la idea de Europa quedará rehabilitada. Entonces (sólo entonces) debería iniciarse el proceso de convocar una asamblea constitucional, base indispensable de cualquier programa de construcción de una federación democrática plena.
Pero ¿cómo simular ahora una federación macroeconómicamente (y macrosociológicamente) significativa, con los tratados y las instituciones actuales?
Imaginemos una conferencia de prensa en la que los presidentes del Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI) emiten una declaración conjunta sobre el lanzamiento (mañana mismo) de cuatro nuevas iniciativas que no demandan instituciones nuevas ni cambios a los tratados.
En primer lugar, el BEI iniciará un amplio programa de recuperación, impulsado por la inversión en tecnología verde, por un 5% del producto de la eurozona, totalmente financiado mediante emisión de bonos propios, que el BCE comprará en los mercados secundarios, de ser necesario, para mantener su rendimiento lo más bajo que sea posible.
En segundo lugar, el BCE emitirá bonos propios para pagar los vencimientos de los bonos soberanos de la eurozona (no para comprarlos), sólo por la parte compatible con Maastricht (60% del PIB). Esos bonos serán redimidos por los estados miembros cuya deuda haya sido pagada en parte por el BCE con el interés extremadamente bajo que este puede conseguir.
En tercer lugar, los bancos en problemas serán desnacionalizados. Según un acuerdo intergubernamental informal, la autoridad de supervisión bancaria del BCE designará una nueva junta directiva, y cualquier recapitalización se financiará directamente mediante el Mecanismo Europeo de Estabilidad. A cambio, el MEE se quedará con las acciones de los bancos para revendérselas al sector privado en alguna fecha futura.
En cuarto lugar, todas las ganancias derivadas de las compras de bonos del BCE, y de su sistema contable interno Target2, financiarán un programa paneuropeo de ayuda alimentaria inspirado en el sistema estadounidense, que provea las necesidades nutricionales básicas de las familias europeas que estén debajo de la línea de pobreza.
Véase cómo una sola conferencia de prensa basta para anunciar al mundo que la eurozona está a punto de simular una federación política en la que se usarán instituciones vigentes para reestructurar toda la deuda pública (sin quita alguna), crear una unión bancaria adecuada, impulsar la inversión agregada y aliviar la pobreza a escala continental. Y cómo esta federación simulada realmente puede crearse mañana mismo, sin salirse de los tratados vigentes de la UE.
La crisis del euro es resultado de la falacia de que una unión monetaria evolucionaría hacia una unión política. Hoy una nueva falacia gradualista amenaza a Europa: creer que una federación reducida evolucionará hacia una federación democrática viable. Por paradójico que suene, anunciar una federación simulada hoy puede ser la última posibilidad de rescatar el sueño de una auténtica Unión Europea.
Traducción: Esteban Flamini
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OTRA COSA: Tenemos derecho a una buena vida y, desde luego, no es esta




Quién es quién en el palco del Bernabéu: Moragas se despide rodeado del PP

George Gonzalo ·   24/12/2017
-. Juntitos, al amor del jamón. Son VIP. Son la crème del saqueo eterno. Se ayudan, se aman, se protegen .-


Quién es quién en el palco del Bernabéu: Moragas se despide rodeado del PP. Noticias de Liga. Esta semana, tras las elecciones catalanas, se ha anunciado…
elconfidencial.com
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OTRA COSA:  “Al envejecer, los hombres lloran”, mi despedida de bez.es


Navidades en el infierno: los refugiados en Europa

Navidades en el infierno: los refugiados en Europa.
Miles de refugiados hacinados en improvisados campamentos sin capacidad para darles asentamiento. En el campo de Moria, en Lesbos, son 7000 personas en un espacio para apenas 1500.

La crisis de los refugiados vuelve a desenmascarar el rostro más cruel y conservador de Europa. Y todo cuanto pueda describirse no deja de ser una estéril farsa de la cruda realidad.
izquierdadiario.es - Sábado 23 de diciembre  
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OTRA COSA:  ¡Dejadnos en paz! de Francisco Javier Sempere Luján


 

Hacerse repartidor de Amazon por horas

26 diciembre, 2017  - Diario Público

"No bajemos la guardia ante las nuevas puertas por las que se nos cuela el capitalismo depredador"
Un artículo de David Bollero

La precarización generalizada del empleo campa a sus anchas. 2018 no apunta a que vaya a ser un mejor año, más bien al contrario, porque en un año previo a elecciones, el Gobierno pondrá en marcha cuantos mecanismos sean…

jueves, 28 de diciembre de 2017

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