jueves, 21 de marzo de 2024

El Salto. Violencia sexual contra la infancia dentro de casa: hablan las víctimas, de Sara Plaza Casares

 Sara Plaza Casares   8 MAR 2024

Uno de cada cinco niños y niñas sufren agresiones sexuales en la infancia. El 40% de los agresores pertenecen al entorno familiar. Blanca, Nerea y Paloma ponen voz a las cifras.

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Este reportaje podría contener voces de expertas, análisis, informes, cifras para sacar a flote todas las evidencias documentadas que hay sobre la violencia sexual que sufre la infancia en el seno familiar. Pero no ha sido necesario. Los testimonios de Blanca, con nombre ficticio por no haber alcanzado la mayoría de edad, Nerea, quien ya tiene 20 años pero aún no quiere mostrar sus apellidos, y Paloma Rodríguez Fernández, que tiene 47 y hace tiempo que decidió salir del anonimato, son más que suficientes para destapar este tabú.

Antes de dejar que hablen ellas, aportaremos un par de datos. El primero: el Consejo de Europa calcula que la violencia sexual afecta a una de cada cinco niñas y niños antes de cumplir los 18 años. El segundo: según el último informe de Save The Children Por una justicia a la altura de la infancia, en ocho de cada diez casos los agresores son personas conocidas y el 40% pertenecen al entorno familiar. En el siguiente texto se han respetado las palabras de las tres víctimas que han hablado con El Salto y se plasma cada caso tal y como han querido que se refleje. Ahora sí, que hablen ellas.

Blanca, 16 años: “La justicia no ha hecho nada a mi favor”

Mis padres se divorciaron cuando yo era un bebé. Desde muy pequeña sabía lo que me hacía mi padre cuando le veía y no sabía cómo contárselo a mi madre. Además, él me decía que eran cosquillas y que era un juego. A mí no me gustaba lo que me hacía, pero él me decía eso. Cuando tenía seis años o así se lo conté a mi madre. Me acuerdo de que estábamos en el salón y le dije: “Mamá, te lo juro”. Mi madre me creyó y denunció, pero no nos creyeron.

Después de que se lo conté a mi madre, un día vinieron a recogerme al cole mi padre y mis abuelos paternos. Me llevaron a un parque al que iba muchas veces con mis amigos al salir del colegio. De repente vino mi madre y mi abuelo materno para que me fuera con ellos. Y yo, obviamente, me fui con ellos. Mi abuela paterna estuvo tirando de mí hasta hacerme daño en un hombro. Ese fue el momento exacto en el que empecé a darme cuenta de todo lo que estaba pasando.

Tras la denuncia, no sé cuántas veces he tenido que contar lo mismo. En el juzgado, delante de psicólogas, trabajadoras sociales… pero no me han creído. Mi padre aparecía en la puerta del colegio y yo me negaba a ir con él. Venía hasta la policía. Yo sabía que en algún momento me tendría que ir con él. Un día que me tocaba irme con él, antes de que acabara la última hora de clase, le dije a la profesora que si podía ir al baño y me escondí una grabadora en el calcetín. Y le grabé. Y a pesar de que en la grabación admite lo que hacía, no sirvió para nada.

Cuando dijeron que las visitas con mi padre deberían realizarse en un Punto de Encuentro mi madre me llevaba, pero yo me negaba rotundamente a entrar. Las trabajadoras no me escuchaban, querían que entrase. Decían que tenía que entrar y ya está. Yo me acuerdo de que una vez de las que fui me dejaron en una sala aparte y escuché a mi padre desde fuera dando gritos. Yo estaba súper asustada y obviamente encima viendo eso, ¿cómo voy a entrar?

Un día a mi madre la detuvieron por pertenecer a la asociación Infancia Libre. Me acuerdo de todo muchísimo, estaba en sexto de Primaria. Yo estaba en el colegio y al salir tenía teatro como extraescolar. Antes de entrar a teatro me dijeron que cuando saliera tenía que ir con la profesora. Yo ahí ya, con mis experiencias pasadas, me olía que estaba pasando algo. Estuve toda la hora de teatro súper nerviosa. Cuando por fin salgo, me acompañó la profesora hasta el hall y vi a mis abuelos paternos. Luego veo a la prensa, a los policías… y mi primera reacción es irme corriendo.

Lo pasé muy mal porque salió hasta la puerta de mi colegio en las noticias y en el cole se corrieron los rumores. Los días siguientes todo el mundo me señalaba. Durante un patio me tuve que meter al baño porque no podía más. Decían que mi madre era una criminal.

Hace un montón que no veo a mi padre, ya ha pasado tiempo pero al final es una cosa que sé que se me va a quedar para siempre. Es bastante difícil sobrellevarlo. Va a haber veces en las que lo lleve mejor, veces en las que lo lleve peor. Eso sí, después de todo lo que he vivido, me cuesta muchísimo más confiar en la gente y sobre todo en los hombres.

He decidido contar mi historia porque es algo a lo que no se da tanta visibilidad. Yo creo que a la gente le cuesta creer estas cosas porque está como fuera de lo considerado como normal. Para la gente, lo normal es una familia, un padre, una madre con sus dos hijos felices, les llevan al cole por las mañanas, luego se van a trabajar y luego vuelven y cenan todos juntos viendo la tele. ¿Cómo un padre, que se supone que es la persona que tiene que querer más a su hijo, puede hacerle tal cosa?

La gente no lo ve tanto y yo creo que es bastante importante que lo vean y que se den cuenta de que lo que me ha pasado a mí le ha pasado a un montón de gente y es totalmente injusto. Ya no podemos más y se tiene que hacer justicia. Para nosotros y para los que lo estén pasando ahora mismo y que tampoco les crean. Recuerdo cómo la policía, a la salida del colegio, me veía llorando porque no me quería ir con mi padre, con un ataque de ansiedad en medio de la calle, pero como lo decía la ley, pues me tenía que ir con él sí o sí. Al final la justicia no ha hecho nada a mi favor, ni en el de mi madre. Por mucho que digan, la infancia no es lo más protegido de este país, si fuese así me hubiesen protegido de mi padre la primera de las veces que lo conté.

Mi madre adelgazó un montón, yo la veía muy mal. De pequeña me sentía muy culpable porque sabía que había hecho bien en contarle lo que me hacía mi padre, pero sentía que si yo no le hubiese dicho nada a mi madre, ella no lo estaría pasando mal. Yo sé que no tengo la culpa de esto, pero a veces me cuesta mucho asimilarlo. Si yo no hubiese contado nada, ahora mi madre estaría bien, aunque yo a saber cómo estaría.

A una peque que esté pasando por esto le diría que no tenga miedo de contar por lo que está pasando. Que al final todos vamos a crecer. Y si no te creen ahora, cuando tú seas mayor, vas a poder hacer justicia y todos te van a escuchar. Y que al final nosotros vamos a dejar de tener miedo y los que van a empezar a tener miedo son ellos.

(...)

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