martes, 6 de junio de 2023

Ctxt.es - Dilatación constante más allá de la muerte, de Guillem Martínez

 Guillem Martínez 6/05/2023

Los motines van siendo frecuentes, y lo serán más. Pueden ser la gramática ciudadana de una política deslocalizada en Bruselas, neoliberal, ademocrática, insensible, torpe, lenta


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Dilatación constante más allá de la muerte - Ctxt.es

1- Bruno Le Maire, ministro de Economía de Macron, es autor de trece libros, y no doce o catorce, si bien cuatro de ellos han aparecido en los últimos cuatro años. Lo que habla de la a) asombrosa gestión del tiempo por parte de un ministro de un Estado, literalmente, en llamas. O, más posiblemente, del b) oficio de gobernante europeo en el siglo XXI, ese periodo en el que, queridos niños y niñas, tras el fin de la Historia y la consecuente hegemonía del pack neoliberal, todo estaba ya hecho, salvo alguna fruslería que iba encargando periódicamente la Comisión, siempre atenta. Como, pongamos, una reforma de las pensiones. El último libro de Le Maire es la novela Fugue américaine –en, guau, Gallimard–. Sumamente discreta, dice la crítica francesa –siempre menos amable y chupaXXXXXX que la española–, salvo por una página en su capítulo 11, en la que una protagonista coprotagoniza un encuentro sexual con un personaje llamado Oskar, y que, al parecer, ha leído a los clásicos en profundidad. O, al menos, con solo su saber hacer, hace exclamar a la aludida protagonista una frase que ha sacudido a la sociedad francesa, al punto de ser utilizada como eslogan en decenas de pancartas en las manifestaciones del pasado 1 de Mayo en toda Francia. Es una frase que condensa lo que está pasando en Francia. Aparten a las criaturas. Ahí va: hablando del “renflement brun de son anus”, Julie, el personaje, dice, dos puntos, “Je suis dilatée comme jamais”.


3- No desprecien los motines. Hasta el siglo XVIII, y en ausencia de participación política ciudadana, eran, tras el orden, la otra posibilidad de participación ciudadana. La mera existencia de motines habla, por tanto, de la ausencia actual de participación política de la ciudadanía. Tras los motines griego y español de la pasada década, sucede ahora este, en uno de los dos Estados I+D de la UE. Los motines van siendo frecuentes, como ven. Lo serán más. Pueden ser la gramática ciudadana de una política deslocalizada en Bruselas, neoliberal, ademocrática, insensible, torpe, lenta. Los motines, de hecho, eran la posibilidad más probable para la pasada temporada otoño-invierno, prevista con naturalidad pasmosa por organizaciones bancarias y por Gobiernos. Hubieran sido, tal vez, los primeros motines de la historia reprimidos, además de por los Estados, por la Comisión. Lo que hubiera sido un antes y un después estético, un dejar de protestar ante la ventanilla para empezar a coscarse de dónde está la puerta. Algo que sucederá, este otoño-invierno, el próximo o cualquier otro (...)



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