jueves, 3 de abril de 2025

Copenhague, donde avergüenza ir en coche a trabajar: “Tienes que tener una buena excusa o una pierna mal”

 

Eva Cantón   20 de febrero de 2025 

Copenhague es famosa por sus bicis, la sirenita inspirada en los cuentos de Hans Christian Andersen y el barrio hippie de Christiania. Es, además, una villa ambiciosa. En 2009 se puso como objetivo ser la primera ciudad del mundo neutra en carbono en el año 2025. No lo cumplirá, pero aun así será difícil bajar a la capital danesa del pódium de campeones en la lucha contra el cambio climático porque habrá reducido en casi un 80% sus emisiones de CO2 gracias a un plan climático aprobado en 2012 con más de 60 iniciativas implementadas por etapas en cuatro grandes ámbitos: consumo de energía, producción energética, movilidad y medidas de la administración local. A ello se suma la cooperación con el sector privado, la universidad y la ciudadanía.

Ese 20% que separa a Copenhague de su meta hay que buscarlo en una infraestructura que no ha visto la luz: una autovía de circunvalación. “Cuando se diseñó el plan se esperaba contar con un anillo periférico bordeando la ciudad. Pero por motivos de política nacional no ha podido construirse, así que tenemos muchas emisiones del tráfico. Dicho esto, en general el tipo de movilidad es muy sostenible, y eso es claramente parte del puzle para alcanzar la neutralidad”, explica la geógrafa Kristine Munkgård Pedersen, del departamento Técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Copenhague.

Las cifras le dan la razón a Munkgård Pedersen. Con una población de 659.350 habitantes, casi la mitad de los desplazamientos para ir a trabajar o a estudiar se hace en alguna de las 750.000 bicicletas que contabiliza la ciudad –cuatro veces más que coches– y por sus 546 kilómetros de carriles bici. “Da cierta vergüenza ir al trabajo en coche. Tienes que tener una buena excusa, vivir lejos o tener una pierna mal porque en la cultura danesa ir en bici es un orgullo. A veces hay campañas para ver quién ha recorrido más kilómetros en un mes y la gente se junta el fin de semana para ir en bici”, cuenta Sonia Tardajos, una socióloga española que lleva 26 años viviendo en Copenhague.

También se fomenta el vehículo eléctrico, con la instalación de más parkings exclusivos y más enchufes. “Todo va reduciendo poco a poco el uso del coche”, añade Tardajos. Según datos de la administración local, en 2023 se produjo un descenso en las emisiones del tráfico por carretera atribuible al aumento de la proporción de coches eléctricos. Mientras, las emisiones del transporte público se redujeron en un 20% respecto a 2022. “Los ciudadanos apoyan la movilidad verde, pero las autoridades municipales tienen que garantizar que las infraestructuras sean adecuadas y el transporte público de calidad”, enfatiza Munkgård Pedersen.

De puerto sucio a puerto de baño

Ahora bien, Copenhague no siempre fue un modelo. El urbanista y director de Bloxhub, una plataforma de desarrollo urbano sostenible, Jakob Norman-Hansen, creció en el Copenhague industrial de los años 80 del pasado siglo y recuerda que la capital no era muy habitable. “Contaminada, pobre y con mucha delincuencia, cuando las parejas empezaban a tener hijos se mudaban fuera de la ciudad.

El urbanista recuerda que las cosas empezaron a cambiar en los 90 gracias a un proyecto de reurbanización liderado por un organismo público de nuevo cuño para crear nuevos distritos, construir una línea de metro inexistente hasta esa fecha y levantar infraestructuras. “Se limpió el puerto interior y tanto la actividad portuaria como la industria pesada se trasladó fuera de la ciudad”, explica el experto. El resultado es que ahora en verano el puerto es una opción magnífica para darse un chapuzón. Una app permite a los bañistas consultar la calidad del agua en sus diferentes zonas. “Como en Bilbao, aquí se convirtió una crisis en una oportunidad para transformar la ciudad”, resalta Norman-Hansen.

La urbe también le debe mucho al gran arquitecto danés Jan Gehl, autor de Building cities for people, cuyo trabajo prioriza la escala humana de los espacios para facilitar los desplazamientos, el contacto visual y la interacción social. “Ese nuevo paradigma forma parte de la estrategia del ayuntamiento: considerar la vida urbana antes que los espacios y los espacios antes que los edificios. Y ahora también tenemos en cuenta los límites ambientales para construir en equilibrio con la naturaleza”, resume.

Sin carne en los comedores escolares

La conciencia ambiental está también en los fogones. Desde agosto de 2024 los comedores escolares tienen prohibido ofrecer carne de vacuno a los estudiantes.

Esben Luplau es el director regional del sector educativo de Compass Group, una empresa de catering galardonada en 2024 con el premio a la mejor cantina de cocina sostenible. Tiene 50 comedores repartidos por todo el país y gestiona numerosas cantinas universitarias. “Al trabajar con jóvenes y estudiantes siempre hemos querido estar al día y, por suerte, la sostenibilidad es un tema que les interesa mucho”.

Empezamos hace diez años en la cantina de la Universidad de Copenhague con 'los lunes sin carne'. Y nos dimos cuenta de que muchos estudiantes querían comida vegetariana todos los días

Esben Luplau  Director regional del sector educativo de Compass Group

El trabajo de Luplau en los últimos años ha consistido en convertir los comedores tradicionales en comedores vegetarianos. “Empezamos hace diez años en la cantina de la Universidad de Copenhague con 'los lunes sin carne'. Y nos dimos cuenta de que muchos estudiantes querían comida vegetariana todos los días. Así que decidimos abrir una, y ahora tenemos más de 13 en Dinamarca de las llamadas 'Wicked Rabbit' (algo así como ”conejo pícaro“).

En los comedores que no son vegetarianos, entre un 35% y un 40%, tampoco tenemos carne de vacuno“, cuenta el responsable de Compass Group, entusiasmado con los resultados. ”Tratamos de que no echen de menos la carne, así que hay una gran variedad de platos y ponemos el acento en los sabores. Los estudiantes están muy, muy contentos“. Para reducir el derroche de alimentos, en las cantinas danesas se vende la comida al peso. Llenas un plato, lo pesas y pagas. ”Además –agrega Lubau– 15 minutos antes de cerrar el comedor, el menú está a la mitad de precio tanto para llevar como para consumir allí“.

Aunque parezca paradójico, el sector ganadero danés está de acuerdo en que los consumidores tienen que saber que reducir el consumo de carne es más saludable, tanto para ellos como para el planeta. En Dinamarca, el 30% del total de las emisiones agrícolas procede de la ganadería. Ahora bien, eso no significa que estas explotaciones deban cerrar. “Tenemos que ofrecer productos de origen vegetal, pero también carne y leche mientras haya una demanda mundial, y nosotros debemos de estar entre quienes produzcan carne con bajas emisiones. Queremos ser líderes en ese terreno porque, si no proveemos ese mercado, lo harán otros, en Latinoamérica o Extremo Oriente, con un mayor impacto ambiental”, señala Niels Peter Nørring, director climático del Consejo Danés de Agricultura y Alimentación (DAFC, por sus siglas en inglés).

En junio de 2024, el Ejecutivo danés, las organizaciones ecologistas y el DAFC alcanzaron tras meses de negociación en la que participaron cinco ministros de la coalición gubernamental, un acuerdo para aplicar tasas a las emisiones agrícolas. Sin embargo, el impuesto se ha diseñado de tal forma que, si los ganaderos invierten en nuevas instalaciones, desarrollos tecnológicos, mejores sistemas de alimentación del ganado y otras medidas que permitan rebajar sus emisiones un 40%, no pagan.

“Hay diferentes ayudas para que los granjeros puedan invertir, porque las tasas empezarán a aplicarse en 2030 e irán aumentando progresivamente en 2035 hasta llegar al mismo nivel que las del sector industrial: 100 euros por tonelada de CO2 emitida a la atmósfera”, detalla Nørring. Actualmente, entre el 10% y el 15% de la producción está dedicada a la agricultura orgánica, y el objetivo es duplicar este porcentaje en los próximos 20 años.

Eficiencia energética

Otra clave para entender el éxito en la lucha contra el cambio climático es la apuesta por la eficiencia energética, que tiene su origen en el golpe que sufrió Dinamarca durante la crisis del petróleo a finales de los años 70 del pasado siglo, cuando llegó a implantar “los domingos sin coches” porque la energía escaseaba.

Hoy el 55% de la electricidad que consume procede de la energía eólica. En la ciudad de Copenhague, sin embargo, la joya de la corona de la producción eléctrica funciona con biomasa. Se trata de Copenhill/Amager, la planta que sustituyó en 2009 a la antigua central de carbón y que convierte en energía los residuos no reciclables.

Situada en el centro de la ciudad, el calor residual del proceso de incineración se aprovecha para alimentar una red de calefacción urbana de la que se benefician 90.000 hogares. El 80% de la calefacción es neutra en carbono. Copenhill no solo es una infraestructura industrial sino un símbolo de la agenda verde de la ciudad. En su gran cubierta de 17.000 metros cuadrados, donde se han plantado más de 300 árboles y 7.000 arbustos, se puede esquiar, hacer senderismo o correr. La incineradora quiere ir más allá y pretende capturar el 90% de las emisiones de CO2 de la planta con una nueva instalación. Está en proyecto igualmente introducir la geotermia en la red de energía urbana del Gran Copenhague.

Los ciudadanos pueden entrar en Copenhill y ver lo que ocurre con el cubo de la basura una vez recogido. Los residentes en Copenhague están obligados a clasificar sus residuos domésticos como sigue: alimentos, papel, cartón, residuos electrónicos, jardinería, vidrio, residuos peligrosos, metal, madera y envases de plástico, alimentos y bebida. “Nosotros vivimos en una casa con otra familia y tenemos que pagar los contenedores en función del tamaño. El Ayuntamiento nos da una bolsa de plástico biodegradable, no podemos usar otra. En determinados días se pueden dejar muebles o electrodomésticos grandes en la calle y pasa un camión a recogerlos. Una novedad es que hay días en los que puedes dejar ropa y residuos textiles”, explica Sonia Tardajos, que vive en el barrio de Frederiksberg.

“Las ciudades desempeñan un papel cada vez más importante para alcanzar la neutralidad de carbono y también son muy innovadoras cuando se trata de aplicar políticas e impulsar el cambio. Creo que Copenhague es un buen ejemplo, no solo en la mitigación del cambio climático, también en la adaptación”, subraya Mihai Tomescu, experto en transición energética de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés). Tomescu está convencido de que, dado el actual desarrollo científico-tecnológico, es “totalmente factible” alcanzar la neutralidad carbono cuando se destinan medios.

Consultas al ciudadano

Sin embargo, ningún plan climático funcionaría sin la cooperación de la ciudadanía, a la que se le consulta regularmente sobre las decisiones municipales. “Si van a construir algo se anuncia, hay una reunión informativa en el ayuntamiento y luego hay un tiempo para dar tu opinión y apelar si estás en contra”, relata Sonia Tardajos. Kristine Munkgård Pedersen confirma que se hacen muchos estudios para tomarle el pulso a la opinión pública, pues no se pueden alcanzar los objetivos ambientales “sin la movilización, el interés y el compromiso de los ciudadanos”. Ahora se busca también la implicación de los visitantes.

La oficina de turismo de Copenhague lanzó en el verano de 2024 un programa piloto que recompensaba las actividades respetuosas con el medio ambiente –moverse en bici o colaborar en huertos urbanos– con 24 propuestas culturales y de ocio gratuitas, desde almuerzos vegetarianos con productos locales hasta visitas guiadas a museos o excursiones en kayak.

“Al convertir las acciones ecológicas en dinero para experiencias culturales, los turistas tienen una oportunidad única de explorar Copenhague de una forma que beneficia tanto al medio ambiente como a la comunidad local. Esto encaja perfectamente con nuestros valores de promover soluciones sostenibles”, señala en la web municipal la alcaldesa de Copenhague, la socialdemócrata Sophie Hæstorp Andersen, que anima a otras ciudades a tomar iniciativas similares.

Copenhague registró 12 millones de pernoctaciones en 2023 y ocupó en 2024 el tercer puesto en el Índice Global de Destinos Sostenibles (GDS), después de Helsinki y Gotemburgo. Bilbao ocupa el puesto 14 y Barcelona el 31 en ese índice. Todo indica que la ciudad nórdica deberá enfrentarse, como muchas otras, al reto del turismo masivo. “Tenemos un número creciente de turistas y también una creciente discusión sobre el impacto que eso tendrá en la ciudad. Nuestro municipio es pequeño, pero está rodeado por la gran región de Copenhague, donde los consistorios son más liberales y más conservadores”, admite con cierto recelo Kristine Munkgård Pedersen.

De momento, la ciudad cuenta ya con un nuevo plan climático para 2035 que, además de las metas de reducción de emisiones en el territorio, tendrá en cuenta las generadas en otros sitios, pero consumidas por los habitantes de Copenhague. “El plan de 2025 era más bien estructural y muy centrado en la producción de energía en la ciudad, y el nuevo se orienta más hacia el consumo individual”, resume la geógrafa del consistorio. Copenhague quiere igualmente aumentar la parte de captura y almacenamiento de carbono.


CTXT. Algunas cosas que sabemos y una que no queremos saber, de Gerardo Tecé

 

Gerardo Tecé 20/02/2025

La derecha española ha sabido entender la nueva modernidad mientras la izquierda sigue negándose a ponerle nombre a esta realidad cruda y evidente

Ofensiva judicial. / La boca del logo


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Como dicen los jóvenes y el juez Peinado, no tengo pruebas, pero tampoco dudas de que si hiciéramos el juego de cambiar los protagonistas de algunos de los asuntos que protagonizan la actualidad política española, todo sería bastante diferente. Imaginen por un momento que no hubiese sido Ayuso sino el Gobierno de Pedro Sánchez el que hubiera emitido una circular prohibiendo el acceso a hospitales de miles de ancianos y que, como consecuencia, 7.291 personas hubieran fallecido. Sabemos a la perfección que el mecanismo judicial se hubiera puesto en marcha de manera contundente. Sabemos que, cinco años después, nadie habría librado al presidente del Gobierno de sentarse en el banquillo acusado del delito de denegación de auxilio y, probablemente, de homicidio. Hablando del presidente del Gobierno, sabemos lo excepcional que es que los familiares de quien dirige un país desfilen por los juzgados. Sabemos lo absolutamente improbable que sería que, con un presidente del PP en La Moncloa, denuncias sin pruebas basadas en bulos publicados en prensa acabasen cristalizando en algo. No habría juez que se atreviese a tirar palante, que diría MAR. 

Sabemos muchas cosas. Sabemos que si Carlos Mazón fuese un dirigente de izquierdas, la presión mediática, judicial y social hubiera sido tal, tras su nefasta gestión de la dana, que hoy sería imposible que siguiese al frente del gobierno valenciano como si nada hubiera pasado. Sabemos que si Desokupa fuese un grupo de activistas de izquierdas dedicado a acosar físicamente a grandes empresarios que vulneran los derechos de los trabajadores, las leyes de protección ambiental o los derechos de los consumidores, esa empresa habría sido ilegalizada y sus miembros, perseguidos por la justicia y la policía. Sabemos que, en ningún caso, un Desokupa de izquierdas que se dedicase a intimidar a empresarios que vulneran la ley podría acabar impartiendo cursos pagados con dinero público a sindicatos de la policía. Sabemos más. Sabemos que es una absoluta rareza que el corrupto Aldama, acusado de haber puesto en marcha una trama que habría defraudado más de 180 millones de euros, haya sido puesto en libertad. Sabemos que su liberación se produjo tras declarar en sede judicial contra el actual gobierno y sabemos que ninguna de sus acusaciones estaba fundamentada en pruebas. Sabemos que un personaje de esta categoría jamás tendría la posibilidad de protagonizar una gira por los medios de comunicación del país para acusar sin pruebas a un presidente del gobierno de derechas. El rigor periodístico, dirían las Ana Rosas, impediría darle voz a quien no puede probar nada de lo que dice.

Sabemos que el Ibex, ese lenguaje hablado por los ludópatas financieros, ha superado los 13.000 puntos y que se trata de un dato histórico. También es histórico el número de personas empleadas en España, un salario mínimo por encima de los 1.100 euros o la evolución de la economía española, a la que los principales diarios salmón del mundo ponen como ejemplo en este momento. Sabemos que cuando la economía y el empleo se encuentran en un momento dulce, las encuestas auguran mayoría absoluta para el gobierno de turno. Sabemos que en este caso no es así y que el Gobierno presidido por Sánchez toca mínimos en intención de voto. Sabemos que, con estos datos, un Feijóo cualquiera tendría asegurada la reelección sin ningún tipo de sobresalto. Sabemos que cuando la derecha controla la inmensa mayoría de medios de comunicación capaces de generar estados de ánimo entre la población no es por una enorme vocación de servicio público. 

Sabemos muchas cosas, pero hay una que no queremos saber y es normal. ¿A quién le apetece unir los puntos y acabar deprimido? Sabemos que la Justicia y los medios de comunicación, pilares básicos de una democracia sana, están podridos en España. Sabemos que, si al cambiar los actores en este juego democrático todo cambiaría, es que España vive una anomalía cuyo nombre no es otro que golpe de Estado. Venir de Tejero liándose a tiros en el Congreso ha generado en España la percepción errónea de que dar un golpe de Estado requiere, como exigía la bancada de Vox en 2020, que los militares tumben la voluntad popular. El mundo ya no funciona así. Los golpes de Estado hoy se producen desde los tribunales y los despachos de dirección de los medios de comunicación. La derecha española, tan obsoleta en algunos asuntos, ha sabido entender la nueva modernidad mientras la izquierda, liderada por el PSOE –así está la izquierda– sigue negándose a ponerle nombre a esta realidad cruda y evidente; confiando en que el sentido común mayoritario volverá a salvarnos de una derecha golpista en las próximas elecciones con gol de rebote en el último minuto. No sucederá. Cuando la derecha sin escrúpulos no sólo controle los juzgados, las grandes empresas, la iglesia, la policía, el ejército y los medios de comunicación, sino también el BOE, quizá nos preguntemos si no deberíamos habernos echado a la calle, como aquel 23F. Entonces será tarde.

miércoles, 2 de abril de 2025

Hace 7 años: La enorme grieta que está separando el Cuerno de África del resto del continente

 

Redacción   BBC Mundo   2 abril 2018

La fisura, que ya obligó a evacuaciones en zonas rurales del suroeste de Kenia, se seguirá expandiendo por el continente.

En Mai Mahiu, un pequeño pueblo rural en el suroeste de Kenia, ubicado a 50 kilómetros de Nairobi, llevaban semanas de lluvias intensas, inundaciones y temblores.

Pero el 18 de marzo algo distinto sucedió: la tierra comenzó a abrirse.

"Mi esposa empezó a gritar a los vecinos pidiéndoles que vinieran a ayudarnos para sacar nuestras pertenencias", contó el keniata Eliud Njoroge este jueves a la agencia Reuters.

Desde entonces, la grieta en el piso de cemento de su casa no ha hecho más que extenderse, convirtiéndose en una de las tantas familias de la zona evacuadas.

"Las grietas corren casi en línea recta, así que puedes proyectarlas. Si ves una grieta dirigiéndose hacia ti, córrete de su camino", dijo a Reuters el geólogo keniata David Adede.y

La enorme fisura, que en este momento tiene kilómetros de largo y llega a un par de decenas de metros de ancho, está vinculada a la falla tectónica conocida como Valle del Rift de África Oriental.

Según los geólogos, esta grieta es una muestra de que, en decenas de millones de años, este rift podría separar a África en dos.

África sin el Cuerno

Así como hace 138 millones de años América del Sur y África se separaron en dos continentes distintos, los geólogos estiman que llegará un momento en que el Cuerno de África se desprenda de dicho continente.

El Valle del Rift de África Oriental se extiende por más de 3.000 kilómetros, "desde el Golfo de Adén en el norte hasta Zimbabue en el sur, dividiendo la placa africana en dos partes iguales: la somalí y la nubia", afirma la geóloga Lucía Pérez Díaz en la revista científica The Conversation.RS

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La científica del Grupo de Investigación de Fallas Dinámicas del colegio Royal Holloway sostiene que "la actividad a lo largo de la rama oriental del Valle del Rift, que corre a lo largo de Etiopía, Kenia y Tanzania, se hizo evidente cuando la gran fisura apareció repentinamente en el suroeste de Kenia".

Para Pérez Díaz, este rift es único en el planeta porque permite observar las diferentes etapas de la fisuración en vivo.FSTOCK

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La fractura más interesante, escribe, comenzó en la región de Afar, al norte de Etiopía, hace unos 30 millones de años.

Desde entonces se está propagando hacia el sur, rumbo a Zimbabue, a un promedio de entre 2,5 y 5 centímetros por año.

Actualmente en Afar la capa exterior sólida de la Tierra, llamada litósfera, se ha reducido hasta el punto de una ruptura casi completa.

Cuando se quiebre, detalla Pérez Díaz, un nuevo océano comenzará a formarse y, "en un período de decenas de millones de años, el lecho marino avanzará a lo largo de toda la grieta".

"El océano se inundará y, como resultado, el continente africano se hará más pequeño y habrá una gran isla en el Océano Índico compuesta por partes de Etiopía y Somalia, incluido el Cuerno de África", afirma.

La geóloga incluso comparte este tuit de un usuario que dice vivir en el Valle del Rift de África Oriental, que muestra una imagen del continente africano dividido y bromea: "Así que esto ocurrirá en los próximos 50 millones de años. No puedo esperar".

ACTUAL: Un nuevo océano divide África en dos: ponen fecha a uno de los procesos geológicos más importantes del futuro... 16/3/2025





Una empresa israelí contratada por Robles fabricó el 85% del material bélico del Ejército de Netanyahu, de Danilo Albin


PUBLICO.ES    Danilo Albin   Bilbao-

El Observatorio de Derechos humanos y Empresas en el Mediterráneo (ODHE) denuncia en un informe las actividades de la empresa Elbit Systems, que cuenta con varios acuerdos en España.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el pasado 7 de febrero en Washington (EEUU).Nathan Howard/REUTERS



"Severa limitación"

Represión contra saharauis