jueves, 19 de mayo de 2016

Una nueva pesadilla comienza a preocupar a la burguesía francesa: el anticapitalismo

¿Cuál es el legado más importante del actual proceso de lucha en Francia? 29 abril 2016 | Juan Chingo
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Los liberales (o neoliberales) están preocupados. Aunque no todavía porque la perspectiva de la huelga general esté a punto de concretarse. Pero si porque en el marco del clima de cólera y el profundo descontento, no solo contra la reforma laboral, sino por una serie de luchas en curso que prefiguran los prolegómenos de una etapa prerrevolucionaria. Entre ellas, la de los ferroviarios que pararon por tercera vez este martes contra una degradación de sus estatuto profesional, los trabajadores eventuales del espectáculo que tomaron el teatro de El Odeón y la Comedia Francesa por su régimen que compensa la precariedad de su empleo, sin hablar de otros sectores sociales como los campesinos arruinados o los taxistas enfrentados a Uber. Solo falta la chispa que permita la fusión de esas cóleras y la construcción consciente, es decir la preparación de la huelga general política buscando que la enorme actividad de los sectores avanzados del movimiento actual permita arrastrar y darle confianza a la masa de los explotados que aún teme y duda en ponerse en movimiento. ¿Se dará esto en el mes de mayo? No sabemos. Lo que está claro es que algo de largo aliento comenzó a pasar en Francia y si no cristaliza esta o la próxima vez, cuando suceda, el Mayo de 1968 o diciembre de 1995 serán recordados de forma benévola por la polarización social y política reinante hoy en comparación a esos dos grandes episodios de la lucha de clases en Francia.
Pero lo que preocupa ahora a los liberales franceses es que después de años de TINA (TINA, en español “No hay alternativa”, slogan político atribuido a Margaret Thatcher cuando era primer ministro) el movimiento actual amplificado por Nuit Debout está comenzando a horadar este pensamiento único, sobre todo cuando la crisis económica y en particular la pérdida de competitividad y declinación industrial de Francia la obligan a un shock thatcheriano, como el que anuncian los candidatos de la derecha para las próximas presidenciales en 2017. Este acrónimo, TINA, significaba que el mercado, el capitalismo y la mundialización capitalista son fenómenos necesarios y benéficos y que todo régimen que toma otra vía va a la derrota. Mensaje que se hizo hegemónico (más que hegemónico consensuadamente autoritario) después de la implosión de la ex URSS y el fracaso del socialismo en un solo país de cuño estalinista.

El nacimiento de una esperanza y un proyecto que supere al capitalismo

En la editorial del día de hoy, titulada “Nuit Debout, cauchemar pour tous” (“Nuit Debout, una pesadilla para todos”) el director del diario ultra liberal L’Opinion (antiguo dueño de la revista patronal Challenges) describe atónito toda una serie de reivindicaciones escuchadas en la Plaza República como la semana de 25 horas, la abolición de los alquileres, etc. y dice preocupado que “…el manejo de conceptos también trágicamente simbólicos como ‘la expropiación de las grandes fortunas y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y cambio’, revela la existencia de un peligro absoluto”. Y concluye alarmado que, “El gobierno ha tenido hasta ahora una lectura romántica-política de este cualquerismo. En pleno estado de emergencia, ha tolerado varios episodios violentos. Ahora que los sindicalistas piensan a hacer la unión con esos militantes de otro siglo, es el momento de acabar con ella antes de que el dulce sueño de unos pocos se transforme en pesadilla de todos”.
Lo que teme éste patrón del diario, ligado al medio burgués de forma directa, es que la ausencia de perspectiva esperanzadora para las cases explotadas y oprimidas pueda empezar a revertirse. Que verdaderamente otro mundo (las consignas de las movilizaciones son “Contra la reforma laboral y su mundo”) puede ser pensable y por ende posible. Y no solo un capitalismo con rostro humano, como fue la perspectiva del movimiento altermundialista y el Foro de Porto Alegre, por eso el peligro de que se hable de expropiación (objetivo) y una vía estratégica para lograrlo (la convergencia con los trabajadores y sus métodos: la huelga general).
Desde mediados de 1990 y la primera década del siglo XXI, Francia fue vanguardia (junto a Italia) de la lucha de clases. La huelga de los estatales de 1995 cambió el clima contra el neoliberalismo, dando lugar al pensamiento político (sus corrientes políticas) anti neoliberales que demostraron su impotencia y capitulación frente a la guerra imperialista y la austeridad capitalista redoblada con la crisis de 2007/8.
Hoy, al movimiento de lucha de clases francés todavía le cuesta superar las dificultades para la concretización y preparación del grito de la vanguardia obrera y estudiantil por la huelga general. Sin embargo, los trabajadores y estudiantes franceses están poniéndose a la avanzada en las ideas, mostrando la particularidad (con sus propias características) del movimiento francés en relación al 15M español o, a un nivel más de vanguardia, Occupy Wall Street. A diferencia de estos ejemplos, lo que se está incubando en Francia es un anticapitalismo de vanguardia amplio, una bandera por la que luchar. Eso es más peligroso estratégicamente para la burguesía que una mera victoria reivindicativa, aunque el resultado de la lucha contra la reforma laboral puede acelerar o retardar esta cristalización política. Cuanto estas ideas más maduren, más se extienden desde los estudiantes y jóvenes radicalizados hacia los trabajadores, más peligrosos para el poder burgués. Por eso el director de L’Opinion dice que hay que terminar con el movimiento Nuit Debout. No es éste el que le preocupa, sino el espectro naciente del anticapitalismo.

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