viernes, 4 de abril de 2025

No caen los abortos pero mueren más niños: EEUU es un ejemplo de lo que provoca recortar derechos reproductivos, de Sofía Pérez Mendoza

 

No caen los abortos pero mueren más niños: EEUU es ...



Un estudio publicado en la revista 'JAMA' confirma que la mortalidad infantil aumentó un 5,6% tras derogarse la sentencia que consagraba el derecho a la interrumpción voluntaria del embarazo y revela un impacto muy superior entre los lactantes con anomalías congénitas y los bebés negros

Los abortos en EEUU no han caído tras la sentencia que tumbó el derecho, pero tiene explicación

Empiezan a publicarse los primeros estudios científicos que miden las consecuencias sobre la salud de las políticas regresivas contra el aborto en Estados Unidos. Desde que en junio de 2022 el Tribunal Supremo revocó la histórica sentencia de 1973 que consagró la interrupción voluntaria del embarazo como un derecho constitucional en todo el país –conocida como Roe v. Wade– queda en manos de los estados decidir si lo permiten, lo restringen o lo prohíben por completo.

Una investigación recogida por la prestigiosa revista Journal of the American Medical Association (JAMA) que estudió el impacto del fallo confirma que la mortalidad infantil creció un 5,6% en el país en los 18 meses posteriores a la decisión judicial, lo que se traduce en 478 fallecimientos de bebés más de lo que era habitual. De 5,93 muertes por cada 1.000 recién nacidos a 6,26.

En Estados Unidos la tasa de mortalidad durante el primer año de vida estaba en descenso en los últimos años, aunque era más alta que en otros países desarrollados. Para comprobar si la tendencia cambiaba con las restricciones, los científicos de la Universidad de California Carnegie Melon (Pensilvania) y Johns Hopkins (Maryland) recabaron los certificados de (...)

....................... OTRA  COSA:  La desaparición de los rebaños 

encarece ya un 30% el  lechazo    

 

El envejecimiento de Japón ha tocado fondo con un dato demoledor: cada vez más ancianos quieren vivir en la cárcel

Miguel Jorge 

Que Japón vive inmerso en una crisis demográfica marcada por el envejecimiento de la población está fuera de toda duda, pero pocos datos nos acercan al problema como el que se ha conocido estos días. En 1990, los crímenes cometidos por los japoneses mayores de 60 años no llegaban ni al 5% respecto del total, según la Agencia Nacional de Policía. Un porcentaje que ha aumentado hasta superar los 20 puntos porcentuales en los últimos años con un incremento del 450%. Hace un tiempo supimos que los ancianos de la nación habían encontrado en estos delitos una vía por la que tener un hogar y asistencia social gratis.

La situación se ha agravado.

Contexto. Como contamos entonces, estos delitos que no paraban de aumentar eran pequeños robos, y la razón parecía clara. En muchos enclaves, el hurto, como por ejemplo el robo de un sándwich de 200 yenes, puede generar una sentencia de prisión de hasta dos años. De esta forma, los ancianos tenían esa vía por la que tener un hogar y asistencia social gratis: la cárcel.

De fondo, aquel era el camino por el que habían optado muchos ancianos en el país con tal de no pasar sus últimos años de vida en soledad y sin recursos económicos. Algo que estaba ocasionando una ola de delitos sin precedentes, uno donde casi un 40% de los hurtos eran cometidos por personas de más de 60 años. Casi el doble que una década atrás.

El problema de la soledad en las mujeres. Pero el problema no era exclusivo de los hombres, por supuesto. El envejecimiento de la población en Japón ha generado serios desafíos sociales, particularmente en lo que respecta a la soledad y la pobreza de las personas mayores, lo que ha llevado a un nuevo fenómeno preocupante: las ancianas también prefieren la prisión a la vida en libertad.

Casos como el de la prisión de mujeres de Tochigi, donde la población envejecida refleja una problemática social extendida en el país, y donde la falta de apoyo familiar y las dificultades económicas han convertido a las cárceles en un refugio para muchas que enfrentan la exclusión y la desesperanza en el exterior.

La prisión como refugio. Contaba este fin de semana la CNN que dentro de Tochigi, la vida en prisión ofrece una estabilidad que muchas de estas mujeres no encuentran en la sociedad. Aquí reciben tres comidas al día, atención médica gratuita y compañía, algo que les resulta difícil de obtener fuera de los muros carcelarios.

Muchas de las internas, como Akiyo, de 81 años, han reincidido en delitos menores como el hurto de alimentos debido a la precariedad económica. Akiyo, quien fue encarcelada por segunda vez tras robar alimentos cuando su pensión no le alcanzaba, reconoce que su decisión estuvo motivada por la desesperación y la falta de apoyo familiar. El caso de Akiyo es representativo de una tendencia creciente en la que las mujeres mayores ven la prisión como una opción más estable que la incertidumbre económica en el exterior.

Factores para reincidir. Como decíamos, el robo es el delito más común entre las mujeres mayores encarceladas en Japón. Los datos oficiales indican que en 2022 más del 80% de las reclusas ancianas fueron encarceladas por hurto, en muchos casos por necesidad económica o por la falta de opciones de sustento. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 20% de las personas mayores de 65 años en Japón vive en la pobreza, una cifra superior al promedio del 14.2% de los países miembros.

De ahí que muchas ancianas recurran deliberadamente a cometer delitos menores para ser arrestadas y regresar a la cárcel, donde encuentran ese refugio ante la inseguridad económica y la falta de atención médica en libertad. Dicho de otra forma, la prisión se ha convertido para algunas en una especie de hogar seguro, donde pueden recibir los cuidados básicos que no pueden costearse fuera.

El desafío de la reinserción. Es la otra de las patas a tratar. Uno de los mayores problemas que enfrentan las autoridades japonesas es la falta de apoyo para las personas mayores una vez que salen de prisión. Muchas ex convictas carecen de redes de apoyo familiar y se encuentran aisladas, lo que aumenta la probabilidad de reincidencia.

Las iniciativas gubernamentales han reconocido esta problemática, con el Ministerio de Justicia implementando programas de apoyo para ayudar a las ex reclusas a vivir de manera independiente, superar adicciones y/o reconstruir relaciones familiares. Sin embargo, la efectividad de estas iniciativas sigue siendo incierta en un contexto de envejecimiento acelerado de la población y escasez de recursos.

La adaptación de un anciano en la cárcel. Ante el creciente número de reclusas ancianas, las prisiones japonesas han tenido que adaptar sus servicios, transformándose en espacios que cada vez se asemejan más a hogares de ancianos. En Tochigi, por ejemplo, el personal penitenciario ha introducido cambios significativos para atender las necesidades de esta población, desde la asistencia en la higiene personal hasta el suministro de equipos médicos especializados.

Incluso se ha recurrido a internas más jóvenes, como Yoko, de 51 años, quien obtuvo una certificación en enfermería durante una de sus condenas y ahora ayuda a otras reclusas en sus actividades diarias. De alguna forma, la cárcel ha asumido un doble papel: ser un centro de reclusión y, a la vez, un espacio de asistencia geriátrica.

El futuro y desafíos. Lo hemos venido contando estos meses atrásJapón enfrenta un desafío demográfico sin precedentes. Con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y una esperanza de vida alta, se estima que para 2040 se necesitarán al menos 2.72 millones de trabajadores de cuidados para atender a la creciente población anciana.

En respuesta, el gobierno ha implementado medidas para fomentar la contratación de trabajadores de la salud y atraer mano de obra extranjera para llenar los vacíos del sector. Con todo, la necesidad de soluciones integrales que aborden tanto el aspecto económico como el social sigue siendo un desafío crucial.

El fenómeno de las mujeres mayores que recurren a la cárcel, como el de los hombres que lleva sucediendo varios años, es una respuesta a esa soledad y pobreza que reflejan el tamaño de la crisis. Una especie de distopia donde el Gobierno nipón también se ha visto obligado a construir nuevas salas de prisión por un importe de más de 40 millones de euros, espacios para albergar a esos miles de ancianos reclusos. Cárceles convertidas, en esencia, en geriátricos.                               



  •      


jueves, 3 de abril de 2025

Copenhague, donde avergüenza ir en coche a trabajar: “Tienes que tener una buena excusa o una pierna mal”

 

Eva Cantón   20 de febrero de 2025 

Copenhague es famosa por sus bicis, la sirenita inspirada en los cuentos de Hans Christian Andersen y el barrio hippie de Christiania. Es, además, una villa ambiciosa. En 2009 se puso como objetivo ser la primera ciudad del mundo neutra en carbono en el año 2025. No lo cumplirá, pero aun así será difícil bajar a la capital danesa del pódium de campeones en la lucha contra el cambio climático porque habrá reducido en casi un 80% sus emisiones de CO2 gracias a un plan climático aprobado en 2012 con más de 60 iniciativas implementadas por etapas en cuatro grandes ámbitos: consumo de energía, producción energética, movilidad y medidas de la administración local. A ello se suma la cooperación con el sector privado, la universidad y la ciudadanía.

Ese 20% que separa a Copenhague de su meta hay que buscarlo en una infraestructura que no ha visto la luz: una autovía de circunvalación. “Cuando se diseñó el plan se esperaba contar con un anillo periférico bordeando la ciudad. Pero por motivos de política nacional no ha podido construirse, así que tenemos muchas emisiones del tráfico. Dicho esto, en general el tipo de movilidad es muy sostenible, y eso es claramente parte del puzle para alcanzar la neutralidad”, explica la geógrafa Kristine Munkgård Pedersen, del departamento Técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Copenhague.

Las cifras le dan la razón a Munkgård Pedersen. Con una población de 659.350 habitantes, casi la mitad de los desplazamientos para ir a trabajar o a estudiar se hace en alguna de las 750.000 bicicletas que contabiliza la ciudad –cuatro veces más que coches– y por sus 546 kilómetros de carriles bici. “Da cierta vergüenza ir al trabajo en coche. Tienes que tener una buena excusa, vivir lejos o tener una pierna mal porque en la cultura danesa ir en bici es un orgullo. A veces hay campañas para ver quién ha recorrido más kilómetros en un mes y la gente se junta el fin de semana para ir en bici”, cuenta Sonia Tardajos, una socióloga española que lleva 26 años viviendo en Copenhague.

También se fomenta el vehículo eléctrico, con la instalación de más parkings exclusivos y más enchufes. “Todo va reduciendo poco a poco el uso del coche”, añade Tardajos. Según datos de la administración local, en 2023 se produjo un descenso en las emisiones del tráfico por carretera atribuible al aumento de la proporción de coches eléctricos. Mientras, las emisiones del transporte público se redujeron en un 20% respecto a 2022. “Los ciudadanos apoyan la movilidad verde, pero las autoridades municipales tienen que garantizar que las infraestructuras sean adecuadas y el transporte público de calidad”, enfatiza Munkgård Pedersen.

De puerto sucio a puerto de baño

Ahora bien, Copenhague no siempre fue un modelo. El urbanista y director de Bloxhub, una plataforma de desarrollo urbano sostenible, Jakob Norman-Hansen, creció en el Copenhague industrial de los años 80 del pasado siglo y recuerda que la capital no era muy habitable. “Contaminada, pobre y con mucha delincuencia, cuando las parejas empezaban a tener hijos se mudaban fuera de la ciudad.

El urbanista recuerda que las cosas empezaron a cambiar en los 90 gracias a un proyecto de reurbanización liderado por un organismo público de nuevo cuño para crear nuevos distritos, construir una línea de metro inexistente hasta esa fecha y levantar infraestructuras. “Se limpió el puerto interior y tanto la actividad portuaria como la industria pesada se trasladó fuera de la ciudad”, explica el experto. El resultado es que ahora en verano el puerto es una opción magnífica para darse un chapuzón. Una app permite a los bañistas consultar la calidad del agua en sus diferentes zonas. “Como en Bilbao, aquí se convirtió una crisis en una oportunidad para transformar la ciudad”, resalta Norman-Hansen.

La urbe también le debe mucho al gran arquitecto danés Jan Gehl, autor de Building cities for people, cuyo trabajo prioriza la escala humana de los espacios para facilitar los desplazamientos, el contacto visual y la interacción social. “Ese nuevo paradigma forma parte de la estrategia del ayuntamiento: considerar la vida urbana antes que los espacios y los espacios antes que los edificios. Y ahora también tenemos en cuenta los límites ambientales para construir en equilibrio con la naturaleza”, resume.

Sin carne en los comedores escolares

La conciencia ambiental está también en los fogones. Desde agosto de 2024 los comedores escolares tienen prohibido ofrecer carne de vacuno a los estudiantes.

Esben Luplau es el director regional del sector educativo de Compass Group, una empresa de catering galardonada en 2024 con el premio a la mejor cantina de cocina sostenible. Tiene 50 comedores repartidos por todo el país y gestiona numerosas cantinas universitarias. “Al trabajar con jóvenes y estudiantes siempre hemos querido estar al día y, por suerte, la sostenibilidad es un tema que les interesa mucho”.

Empezamos hace diez años en la cantina de la Universidad de Copenhague con 'los lunes sin carne'. Y nos dimos cuenta de que muchos estudiantes querían comida vegetariana todos los días

Esben Luplau  Director regional del sector educativo de Compass Group

El trabajo de Luplau en los últimos años ha consistido en convertir los comedores tradicionales en comedores vegetarianos. “Empezamos hace diez años en la cantina de la Universidad de Copenhague con 'los lunes sin carne'. Y nos dimos cuenta de que muchos estudiantes querían comida vegetariana todos los días. Así que decidimos abrir una, y ahora tenemos más de 13 en Dinamarca de las llamadas 'Wicked Rabbit' (algo así como ”conejo pícaro“).

En los comedores que no son vegetarianos, entre un 35% y un 40%, tampoco tenemos carne de vacuno“, cuenta el responsable de Compass Group, entusiasmado con los resultados. ”Tratamos de que no echen de menos la carne, así que hay una gran variedad de platos y ponemos el acento en los sabores. Los estudiantes están muy, muy contentos“. Para reducir el derroche de alimentos, en las cantinas danesas se vende la comida al peso. Llenas un plato, lo pesas y pagas. ”Además –agrega Lubau– 15 minutos antes de cerrar el comedor, el menú está a la mitad de precio tanto para llevar como para consumir allí“.

Aunque parezca paradójico, el sector ganadero danés está de acuerdo en que los consumidores tienen que saber que reducir el consumo de carne es más saludable, tanto para ellos como para el planeta. En Dinamarca, el 30% del total de las emisiones agrícolas procede de la ganadería. Ahora bien, eso no significa que estas explotaciones deban cerrar. “Tenemos que ofrecer productos de origen vegetal, pero también carne y leche mientras haya una demanda mundial, y nosotros debemos de estar entre quienes produzcan carne con bajas emisiones. Queremos ser líderes en ese terreno porque, si no proveemos ese mercado, lo harán otros, en Latinoamérica o Extremo Oriente, con un mayor impacto ambiental”, señala Niels Peter Nørring, director climático del Consejo Danés de Agricultura y Alimentación (DAFC, por sus siglas en inglés).

En junio de 2024, el Ejecutivo danés, las organizaciones ecologistas y el DAFC alcanzaron tras meses de negociación en la que participaron cinco ministros de la coalición gubernamental, un acuerdo para aplicar tasas a las emisiones agrícolas. Sin embargo, el impuesto se ha diseñado de tal forma que, si los ganaderos invierten en nuevas instalaciones, desarrollos tecnológicos, mejores sistemas de alimentación del ganado y otras medidas que permitan rebajar sus emisiones un 40%, no pagan.

“Hay diferentes ayudas para que los granjeros puedan invertir, porque las tasas empezarán a aplicarse en 2030 e irán aumentando progresivamente en 2035 hasta llegar al mismo nivel que las del sector industrial: 100 euros por tonelada de CO2 emitida a la atmósfera”, detalla Nørring. Actualmente, entre el 10% y el 15% de la producción está dedicada a la agricultura orgánica, y el objetivo es duplicar este porcentaje en los próximos 20 años.

Eficiencia energética

Otra clave para entender el éxito en la lucha contra el cambio climático es la apuesta por la eficiencia energética, que tiene su origen en el golpe que sufrió Dinamarca durante la crisis del petróleo a finales de los años 70 del pasado siglo, cuando llegó a implantar “los domingos sin coches” porque la energía escaseaba.

Hoy el 55% de la electricidad que consume procede de la energía eólica. En la ciudad de Copenhague, sin embargo, la joya de la corona de la producción eléctrica funciona con biomasa. Se trata de Copenhill/Amager, la planta que sustituyó en 2009 a la antigua central de carbón y que convierte en energía los residuos no reciclables.

Situada en el centro de la ciudad, el calor residual del proceso de incineración se aprovecha para alimentar una red de calefacción urbana de la que se benefician 90.000 hogares. El 80% de la calefacción es neutra en carbono. Copenhill no solo es una infraestructura industrial sino un símbolo de la agenda verde de la ciudad. En su gran cubierta de 17.000 metros cuadrados, donde se han plantado más de 300 árboles y 7.000 arbustos, se puede esquiar, hacer senderismo o correr. La incineradora quiere ir más allá y pretende capturar el 90% de las emisiones de CO2 de la planta con una nueva instalación. Está en proyecto igualmente introducir la geotermia en la red de energía urbana del Gran Copenhague.

Los ciudadanos pueden entrar en Copenhill y ver lo que ocurre con el cubo de la basura una vez recogido. Los residentes en Copenhague están obligados a clasificar sus residuos domésticos como sigue: alimentos, papel, cartón, residuos electrónicos, jardinería, vidrio, residuos peligrosos, metal, madera y envases de plástico, alimentos y bebida. “Nosotros vivimos en una casa con otra familia y tenemos que pagar los contenedores en función del tamaño. El Ayuntamiento nos da una bolsa de plástico biodegradable, no podemos usar otra. En determinados días se pueden dejar muebles o electrodomésticos grandes en la calle y pasa un camión a recogerlos. Una novedad es que hay días en los que puedes dejar ropa y residuos textiles”, explica Sonia Tardajos, que vive en el barrio de Frederiksberg.

“Las ciudades desempeñan un papel cada vez más importante para alcanzar la neutralidad de carbono y también son muy innovadoras cuando se trata de aplicar políticas e impulsar el cambio. Creo que Copenhague es un buen ejemplo, no solo en la mitigación del cambio climático, también en la adaptación”, subraya Mihai Tomescu, experto en transición energética de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés). Tomescu está convencido de que, dado el actual desarrollo científico-tecnológico, es “totalmente factible” alcanzar la neutralidad carbono cuando se destinan medios.

Consultas al ciudadano

Sin embargo, ningún plan climático funcionaría sin la cooperación de la ciudadanía, a la que se le consulta regularmente sobre las decisiones municipales. “Si van a construir algo se anuncia, hay una reunión informativa en el ayuntamiento y luego hay un tiempo para dar tu opinión y apelar si estás en contra”, relata Sonia Tardajos. Kristine Munkgård Pedersen confirma que se hacen muchos estudios para tomarle el pulso a la opinión pública, pues no se pueden alcanzar los objetivos ambientales “sin la movilización, el interés y el compromiso de los ciudadanos”. Ahora se busca también la implicación de los visitantes.

La oficina de turismo de Copenhague lanzó en el verano de 2024 un programa piloto que recompensaba las actividades respetuosas con el medio ambiente –moverse en bici o colaborar en huertos urbanos– con 24 propuestas culturales y de ocio gratuitas, desde almuerzos vegetarianos con productos locales hasta visitas guiadas a museos o excursiones en kayak.

“Al convertir las acciones ecológicas en dinero para experiencias culturales, los turistas tienen una oportunidad única de explorar Copenhague de una forma que beneficia tanto al medio ambiente como a la comunidad local. Esto encaja perfectamente con nuestros valores de promover soluciones sostenibles”, señala en la web municipal la alcaldesa de Copenhague, la socialdemócrata Sophie Hæstorp Andersen, que anima a otras ciudades a tomar iniciativas similares.

Copenhague registró 12 millones de pernoctaciones en 2023 y ocupó en 2024 el tercer puesto en el Índice Global de Destinos Sostenibles (GDS), después de Helsinki y Gotemburgo. Bilbao ocupa el puesto 14 y Barcelona el 31 en ese índice. Todo indica que la ciudad nórdica deberá enfrentarse, como muchas otras, al reto del turismo masivo. “Tenemos un número creciente de turistas y también una creciente discusión sobre el impacto que eso tendrá en la ciudad. Nuestro municipio es pequeño, pero está rodeado por la gran región de Copenhague, donde los consistorios son más liberales y más conservadores”, admite con cierto recelo Kristine Munkgård Pedersen.

De momento, la ciudad cuenta ya con un nuevo plan climático para 2035 que, además de las metas de reducción de emisiones en el territorio, tendrá en cuenta las generadas en otros sitios, pero consumidas por los habitantes de Copenhague. “El plan de 2025 era más bien estructural y muy centrado en la producción de energía en la ciudad, y el nuevo se orienta más hacia el consumo individual”, resume la geógrafa del consistorio. Copenhague quiere igualmente aumentar la parte de captura y almacenamiento de carbono.

......................

OTRA COSA: El Gobierno debe obligar a los centros de datos a revelar su consumo de agua y luz, de Antonio M. Vélez 


CTXT. Algunas cosas que sabemos y una que no queremos saber, de Gerardo Tecé

 

Gerardo Tecé 20/02/2025

La derecha española ha sabido entender la nueva modernidad mientras la izquierda sigue negándose a ponerle nombre a esta realidad cruda y evidente

Ofensiva judicial. / La boca del logo


En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Como dicen los jóvenes y el juez Peinado, no tengo pruebas, pero tampoco dudas de que si hiciéramos el juego de cambiar los protagonistas de algunos de los asuntos que protagonizan la actualidad política española, todo sería bastante diferente. Imaginen por un momento que no hubiese sido Ayuso sino el Gobierno de Pedro Sánchez el que hubiera emitido una circular prohibiendo el acceso a hospitales de miles de ancianos y que, como consecuencia, 7.291 personas hubieran fallecido. Sabemos a la perfección que el mecanismo judicial se hubiera puesto en marcha de manera contundente. Sabemos que, cinco años después, nadie habría librado al presidente del Gobierno de sentarse en el banquillo acusado del delito de denegación de auxilio y, probablemente, de homicidio. Hablando del presidente del Gobierno, sabemos lo excepcional que es que los familiares de quien dirige un país desfilen por los juzgados. Sabemos lo absolutamente improbable que sería que, con un presidente del PP en La Moncloa, denuncias sin pruebas basadas en bulos publicados en prensa acabasen cristalizando en algo. No habría juez que se atreviese a tirar palante, que diría MAR. 

Sabemos muchas cosas. Sabemos que si Carlos Mazón fuese un dirigente de izquierdas, la presión mediática, judicial y social hubiera sido tal, tras su nefasta gestión de la dana, que hoy sería imposible que siguiese al frente del gobierno valenciano como si nada hubiera pasado. Sabemos que si Desokupa fuese un grupo de activistas de izquierdas dedicado a acosar físicamente a grandes empresarios que vulneran los derechos de los trabajadores, las leyes de protección ambiental o los derechos de los consumidores, esa empresa habría sido ilegalizada y sus miembros, perseguidos por la justicia y la policía. Sabemos que, en ningún caso, un Desokupa de izquierdas que se dedicase a intimidar a empresarios que vulneran la ley podría acabar impartiendo cursos pagados con dinero público a sindicatos de la policía. Sabemos más. Sabemos que es una absoluta rareza que el corrupto Aldama, acusado de haber puesto en marcha una trama que habría defraudado más de 180 millones de euros, haya sido puesto en libertad. Sabemos que su liberación se produjo tras declarar en sede judicial contra el actual gobierno y sabemos que ninguna de sus acusaciones estaba fundamentada en pruebas. Sabemos que un personaje de esta categoría jamás tendría la posibilidad de protagonizar una gira por los medios de comunicación del país para acusar sin pruebas a un presidente del gobierno de derechas. El rigor periodístico, dirían las Ana Rosas, impediría darle voz a quien no puede probar nada de lo que dice.

Sabemos que el Ibex, ese lenguaje hablado por los ludópatas financieros, ha superado los 13.000 puntos y que se trata de un dato histórico. También es histórico el número de personas empleadas en España, un salario mínimo por encima de los 1.100 euros o la evolución de la economía española, a la que los principales diarios salmón del mundo ponen como ejemplo en este momento. Sabemos que cuando la economía y el empleo se encuentran en un momento dulce, las encuestas auguran mayoría absoluta para el gobierno de turno. Sabemos que en este caso no es así y que el Gobierno presidido por Sánchez toca mínimos en intención de voto. Sabemos que, con estos datos, un Feijóo cualquiera tendría asegurada la reelección sin ningún tipo de sobresalto. Sabemos que cuando la derecha controla la inmensa mayoría de medios de comunicación capaces de generar estados de ánimo entre la población no es por una enorme vocación de servicio público. 

Sabemos muchas cosas, pero hay una que no queremos saber y es normal. ¿A quién le apetece unir los puntos y acabar deprimido? Sabemos que la Justicia y los medios de comunicación, pilares básicos de una democracia sana, están podridos en España. Sabemos que, si al cambiar los actores en este juego democrático todo cambiaría, es que España vive una anomalía cuyo nombre no es otro que golpe de Estado. Venir de Tejero liándose a tiros en el Congreso ha generado en España la percepción errónea de que dar un golpe de Estado requiere, como exigía la bancada de Vox en 2020, que los militares tumben la voluntad popular. El mundo ya no funciona así. Los golpes de Estado hoy se producen desde los tribunales y los despachos de dirección de los medios de comunicación. La derecha española, tan obsoleta en algunos asuntos, ha sabido entender la nueva modernidad mientras la izquierda, liderada por el PSOE –así está la izquierda– sigue negándose a ponerle nombre a esta realidad cruda y evidente; confiando en que el sentido común mayoritario volverá a salvarnos de una derecha golpista en las próximas elecciones con gol de rebote en el último minuto. No sucederá. Cuando la derecha sin escrúpulos no sólo controle los juzgados, las grandes empresas, la iglesia, la policía, el ejército y los medios de comunicación, sino también el BOE, quizá nos preguntemos si no deberíamos habernos echado a la calle, como aquel 23F. Entonces será tarde.