lunes, 12 de septiembre de 2022

¿El relato cura o más bien oculta la verdad bajo una nube de autoengaños y autojustificaciones?, de Fernando Broncano

 11/8/22

A propósito de la idea de pecado, uno de los grandes esquemas narrativos (de los pocos que constituyen las grandes historias) consiste en el suceso (un crimen, un daño, algo vergonzoso) oculto y quizás olvidado en la conciencia del personaje, que sale a la superficie y desvela una naturaleza que el personaje no quiere aceptar. Él mismo puede ser el investigador, como el caso de Edipo, o puede ser un investigador externo, como en Crimen y castigo, o puede ser un secreto de otros personajes, como en el caso de Hamlet. El esquema se repite en la gran literatura y en la literatura popular. Uno de estos ejercicios es la serie Bourne, que tan famoso ha hecho a Matt Damon, en la que un personaje despierta sin saber quién es o qué ha hecho en la vida y poco a poco va descubriendo un yo, una identidad, que se niega a aceptar: "yo no soy ese" y que en ocasiones toma el mando. Numerosas películas y novelas (la trilogía de Ludlum en este caso) abordan este tema de la cara oculta de una personalidad (este análisis de Bourne lo encontraréis ampliado en la nueva edición de On Film del discípulo de Cavell Stephen Mulhall, que recomiendo con entusiasmo.
Si se ha asentado como una de las grandes variantes de la construcción de relatos es porque captura una verdad profunda de la naturaleza humana, esa que el psicoanálisis detecta en el lema "lo reprimido siempre vuelve".
Constituye la fábrica de la identidad personal, el origen de la opacidad de nuestro propio ser, el pozo oscuro donde no nos atrevemos a mirar y sobre el que construimos la propia vida: "yo no soy ese", tal como nos enseñaba Sartre en El ser y la nada: "somos lo que no queremos ser, queremos ser lo que no somos".
Puede ser un crimen, pero no es así en la inmensa mayoría de todos nosotros, más bien suele ser lo contrario: una vida gris, complaciente, que no hizo lo que tendría que haber hecho cuando tenía que haberlo hecho, una naturaleza cobarde que ocultamos bajo un carácter emprendedor, abrumador,..., o quizás otros pasos en el jardín de los senderos que se bifurcan y que constituyen nuestras vidas.
Por si queréis seguir leyendo sobre el asunto, el imprescindible "El buen relato" de J. M. Coetzee, novelista, premio Nobel, y doctor honoris causa por la Carlos III de Madrid, y Arabella Kurtz, psicoanalista: la transcripción de conversaciones que han llevado a lo largo de los años sobre el tema de si el relato cura o más bien oculta la verdad bajo una nube de autoengaños y autojustificaciones.


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