martes, 20 de junio de 2023

Los 97 muertos en una de las tragedias laborales "más sangrientas" del siglo XIX de la que se desentendió el Gobierno

Esther Ballesteros

Mallorca —
El gran socavón que ha sacado a la luz parte de la obra más colosal de la historia de Palma: sus murallas

El gran socavón que ha sacado a la luz parte de la obra más colosal de la historia de Palma: sus murallas

El siniestro se produjo en una época en la que la actividad en las fábricas comenzaba a tomar fuerza al socaire de la revolución industrial, a pesar de que la mecanización aún era deficiente y la preparación laboral, escasa. Como explica Joan Huguet i Amengual en El record d'una tragedia. Explosió al polvorí de Sant Ferran, editado por UGT, el incremento del dinero circulante emitido por el Banco de España para financiar la guerra y la consiguiente depreciación de la peseta, unido a una inflación superior al 12%, menguaban aún más el poder adquisitivo de una población asediada por los altos tributos y gravámenes necesarios para financiar el conflicto. “En este clima enrarecido, en el que se extendía el desánimo, no era difícil hablar de una clase trabajadora bajo presión y un empresariado que escatimaba recursos para aprovechar al máximo sus beneficios”, explica el historiador. Y ese día, en el polvorín de Sant Ferran, nada fue como tenía que haber sido.

Ubicado sobre el revellín de Can Pelat o Casa del Rei don Jaime, construcción que desde el exterior reforzaba las murallas de Palma, un barracón de madera de reducidas dimensiones servía para desmontar cartuchos obsoletos en aras a recuperar la pólvora y otros materiales que habían servido de munición a las armas del Ejército español. Dentro del almacén, más de un centenar de trabajadores y trabajadoras, numerosos niños entre ellos, se afanaban en rescatar los componentes, principalmente plomo y latón, entre precarias condiciones laborales y medidas de prevención prácticamente inexistentes. No en vano, éstas se reducían a la prohibición de fumar, a la obligación de ir descalzos o con 'espardenyes' en las horas de trabajo, a no pegar golpes al fulminante de la cápsula, a retirar la pólvora obtenida de los cartuchos dos veces cada día y a almacenarla en sacos dentro del polvorín.

Una catástrofe que conmocionó al país

Como determinaron las investigaciones posteriores, si el contratista de los trabajos de inutilización de los cartuchos, Gabriel Padrós, hubiera aplicado las medidas de seguridad necesarias, probablemente los hechos jamás se habrían producido. Pero no fue así. De modo que aquel 25 de noviembre de 1895, lunes, poco antes de las 14.00 horas, “una espantosa catástrofe, de esas que dejan imperecedera y triste memoria en la historia de los pueblos”, cubría de luto “a la hermosa capital de las Baleares”, como dejó constancia el boletín oficial de la provincia. Una explosión cuya causa no llegó a aclararse por completo acabó de inmediato con la vida de decenas de personas que trabajaban en el lugar. La onda expansiva sacudió las zonas próximas a las puertas de Jesús, Santa Margalida y Pintada -en torno a la actual Plaça d'España y parte de las Avenidas-. Toda la población de Mallorca quedó conmocionada por el suceso, el duelo se extendió al resto del país y, a iniciativa de la reina María Cristina, se abrieron cuentas de donaciones y colectas por toda España (...)


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