lunes, 21 de marzo de 2022

Llenas de polvo rojizo bajo un cielo espeso. Se llama aeroplancton y lo estudia la Aerobiología, de Fernando López-Mirones

 EL AULLIDO [CANAL]

EL SIROCO, de Fernando López-Mirones

Apreciados aulladores:
Esta mañana en Europa millones de personas se han levantado viendo sus vehículos y casas llenas de un polvo rojizo bajo un cielo espeso. Y sí, vuelve a ser cosa de biólogos, porque gran parte de eso se llama aeroplancton y lo estudia la Aerobiología.
Estamos acostumbrados a oír hablar del plancton en un contexto marino; plancton deriva del griego antiguo plagktós que significa errante.
Pues bien, hay también plancton en el aire.
Por definición son criaturas que son llevadas por las corrientes o vientos de forma pasiva, es decir, en el mar no se mueven nadando y en la atmósfera no vuelan de forma activa… pero viajan como polizones agarrados literalmente a granos de arena a menudo desde el mismísimo Sahara.
Yo me crie en la Isla de Gran Canaria y este fenómeno llamado calima formaba parte de mi paisaje infantil habitual, hasta el punto que a veces se cancelaban las clases en los colegios cuando ocurría, incluso con la llegada de enormes langostas.
Estos vientos tropicales secos y calientes que parten del norte de África hacia el noreste se conocen por varios nombres, el mas popular es siroco con su equivalente catalán xaloc y castellano jaloque, que parecen provenir del árabe antiguo hispano saláwq y a su vez del latín salum que significa “agitación o viento del mar”.
En Marruecos, Argelia y Túnez se llama chili.
El mayor siroco registrado en la historia ocurrió precisamente en marzo de 1901, o sea que no les vengan con el cuento del Cambio Climático, cuando más de 2 millones de toneladas de arena del desierto del Sahara llegaron incluso a las islas de Dinamarca.
El fenómeno se da cuando se produce una depresión sobre el mar que succiona el aire de las alturas de la Cordillera del Atlas. Puede producir variaciones de temparetura de hasta 20º C en un solo día.
La aerobiología estudia a las criaturas errantes del aire que por supuesto viajan en estas masas miles de kilómetros llegando hasta el norte de Europa e incluso fertilizando con fósforo y otros elementos esenciales a la mismísima cuenca amazónica, cuyo suelo es enormemente pobre.
Si, la selva del Amazonas existe en parte gracias al polvo del Sahara, que cruza el Océano Atlántico en una semana aproximadamente.
Entre esas criaturas del aerobioma hay algas unicelulares, esporas de hongos, bacterias, eso que llaman “virus”, polen de plantas superiores, protozoos, rotíferos, nematodos, tardígrados, arácnidos e insectos (cuando alguien les diga que “ama a los animales” porque tiene un gato pregúntele por el significado de todas estas palabras)
Pero también hay murciélagos y aves que se meten en el torbellino y aparecen a miles de kilómetros.
Lo mas sorprendente es lo que descubrió el biólogo ruso Alexander A. Imshenetsky cuando envío cohetes a 80 Km de altitud para tomar muestras y encontró dos especies de bacterias (Micrococcus albusy y Mycobacterium luteum) y cuatro de hongos en una zona de intensa radiación ultravioleta, temperaturas de menos 100ºC y gran ionización de gases donde no debería haber vida en absoluto.
Ahora sabemos que los desiertos emiten cada año unas 5.000 millones toneladas de polvo formando autopistas aéreas que fertilizan y siembran vida por todo el hemisferio norte.
La arena y sus habitantes tardan tres días en ir desde el Sahel hasta los Pirineos por ejemplo.
Pero eso no es todo, desde antiguo se sabe que el jaloque afecta al humor de los seres humanos; aún se usa la frase “le dio un siroco” para expresar que alguien hizo alguna locura violenta.
En mis islas canarias lo teníamos claro, eran días para estar tranquilito en casa, no hacer deporte ni hacer enfadar a los papás. El aire seco, el polvo y el cielo opaco producen un efecto oscuro en nuestra psique.
Así que cuando pase usted la mano por su coche hoy sepa que está tocando literalmente un trozo del mítico Sahara lleno de criaturas.

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