lunes, 14 de junio de 2021

Colombia. Una barricada de valores, de Marco Tobón

 ELSALTODIARIO.COM    

Marco Tobón   Antropólogo y narrador    11 JUN 2021 

En Colombia cargamos sobre nuestras espaldas una antigua certeza y, recientemente, gracias a las reacciones ante una realidad insoportable, experimentamos un sentimiento nuevo. La antigua certeza es que el poder público, infinitas veces, ha sido ocupado por agrupaciones proclives a confabular en beneficio propio. Son capaces de cualquier cosa a fin de garantizar la administración de sus propios negocios, incluso han estado dispuestas, con desfachatez y cinismo, a negociar con el crimen, obedecer a los banqueros y, casi siempre, a dejar un reguero de polvo blanco tras su paso. Venalidad y perversidad propios de la tragedia que han atizado. Este engranaje se pone en marcha con una moral que lo impulsa —Oderbrech, Ñenepolítica, ejecuciones extrajudiciales, Interbolsa, compra de testigos, masacres, Reficar, AIS, etc—, y ante todo, mentiras a borbotones y una reserva de gatilleros que se ocupa de sus detractores. 

Todo mundo sabe, además, que sus privilegios siempre han derivado del trabajo ajeno, trabajos precarios cuyo resultado son cuerpos exhaustos. Cuerpos de proletos con hambre que saben que este mundo está mal hecho. Cuando estos mandamases aparecen en público es apenas para amplificar todas aquellas voces enmohecidas por el racismo y sus rancios prejuicios. Por lo que hemos visto y padecido, son profesionales en oponerse a cualquier cambio, eso sí, jamás se atreverán a reprobar la muerte de sus semejantes. Sin conocer nada de Maquiavelo, además porque desprecian a todos aquellos que invierten su tiempo en la ciencia y en el cultivo de las artes, entendieron que para hacer política deben enmascarar su indolencia, que es otra forma de decir complacencia con el sufrimiento ajeno. En resumidas cuentas, vidas de canallas. Octavio Paz tenía razón cuando dijo que “la derecha no tiene ideas sino intereses” (...)
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