sábado, 3 de abril de 2021

Suso de Toro: “No existe la democracia española porque hay un poder judicial desatado que tiene una continuidad ideológica con el franquismo”

 

ELSALTODIARIO.COM      
Guillermo Martínez          4 MAR 2021   

El escritor gallego Suso de Toro trata la necesidad de reivindicar al protagonista de su último libro, Ramón Baltar. Además, reflexiona sobre el centralismo madrileño, el uso del gallego y la memoria histórica.

Suso de Toro: “No existe la democracia española porque hay un poder judicial desatado que tiene una continuidad ideológica con el franquismo”
El último libro de Suso de Toro (Santiago de Compostela, 1956) ahonda en un gallego tan peculiar como poco conocido. Se trata de Ramón Baltar (1902-1981), cirujano e intelectual que tomó el camino de la “resistencia interior” durante el franquismo. Procedente de una familia burguesa, su figura apenas ha tenido recorrido. Suso de Toro la rescata atraído por la ética y la decencia que marcaron la vida del propio Baltar, represaliado por la dictadura en numerosas ocasiones.

La novela recoge su historia real y es un recorrido por la vida del personaje, quien siempre ocultó una parte transcendental de su biografía a sus hijos. De hecho, estos se enteraron que su padre había participado en la Operación Termópilas, un intento de asesinar a Franco, gracias a la investigación del escritor. Con motivo de la traducción al castellano de Un señor elegante (Alianza Editorial, 2021), El Salto conversa con el autor sobre la construcción de la memoria colectiva, el nacionalismo gallego y la ausencia de este tipo de referentes.

En Un señor elegante hablas de Ramón Baltar, un personaje que se podría considerar a todas luces admirable, un hombre moderno para su época y que siempre estuvo a la altura de las trágicas circunstancias que tuvo que vivir, como la dictadura franquista. ¿Qué tenía este personaje para hacerlo tan atractivo y qué podríamos aprender de él hoy en día?
La idea inicial era escribir una novela sobre la familia en su conjunto, pero el personaje fue emergiendo y yo me dejé arrastrar por él. Era como si la figura de Ramón Baltar se fuese escapando de mí, siempre por delante, y yo la perseguí. Era un liberal, tal y como le describe su propia familia, pero un liberal en el buen sentido de la palabra: demócrata, bibliófilo y muy culto.

Sabía que Baltar había sido castigado por el régimen franquista. Primero por los falangistas sublevados y después, tras la Guerra Civil, por la dictadura. Le habían detenido, expulsado de la Universidad en dos ocasiones, pero tampoco me parecía un personaje que fuera extraordinario. Poco después ya intuí que se trataba de un disidente nato, muy desafiante. Por las conversaciones que tuve con sus hijos y la documentación que dejó tras su muerte encontré a un hombre de una actitud ética radical. Según el último relato dominante de la guerra, tan solo había habido verdugos y víctimas, pero al seguir los pasos de Baltar también ves que existió la resistencia. La tentación del victimismo es paralizante, anula, y la idea de que todos somos unas pobres víctimas es una gratificación enfermiza que no se dio en él. Encarnó, sin pretender ser ejemplarizante, la resistencia de la decencia y la ética (...) 

Este personaje es parte de lo que nos robaron, del ímpetu impulsado en la Segunda República por el conocimiento, la creencia en el progreso y la preocupación social. Su historia es la de Europa, la del siglo XX, por lo que no es necesario saber nada sobre la actualidad gallega para comprenderla.

Los Baltar son una familia que promovieron y protegieron intelectuales de la talla de Rosalía de Castro, la familia Castelao y la familia Dieste pero que, actualmente, apenas son reconocidos. ¿Qué falla ahí?

(...)

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