lunes, 11 de diciembre de 2023

CTXT. Lo que comemos recorre 4.000 km antes de llegar a nuestra mesa Por David González

 David González 29/11/2023 

La cuestión energética es el talón de Aquiles de nuestro sistema agroalimentario

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Barco mercante en la costa de Nápoles. / Kellymlacy  

Lo que comemos recorre 4.000 km antes de llegar a ...


El pasado mes de mayo se publicó un estudio sobre la cantidad de alimentos frescos consumidos, en la ciudad de Vitoria-Gasteiz y el porcentaje de producción local. El resultado es impactante; solamente el 1% de los alimentos que consumimos en la ciudad tienen origen en Álava. Un 2,4 % si le sumamos Gipuzkoa y Bizkaia. A pesar de ser una provincia eminentemente agrícola, prácticamente la totalidad de nuestros alimentos provienen del exterior. Si el mismo estudio se realizara en diferentes ciudades, los resultados serían similares. Nuestro grado de dependencia de las cadenas largas de suministro alimentario globalizado es enorme. Los alimentos que importamos recorren una media de 4.000 kilómetros antes de llegar a nuestras mesas y para ello necesitamos combustibles fósiles baratos que lo hagan posible.  

La cuestión energética es, precisamente, el talón de Aquiles de nuestro sistema agroalimentario. Su dependencia de recursos energéticos no renovables en un contexto de creciente escasez, y su enorme complejidad, hace que como sociedad seamos cada vez más dependientes, frágiles y vulnerables.  En los últimos tiempos, son varias las señales de agotamiento que hemos percibido, como los problemas de abastecimiento sufridos durante y después de la crisis de la covid, el incidente del canal de Suez o el reciente conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

Cuando hablamos de crisis y transición ecosocial, enseguida nos viene a la cabeza el sistema energético, pero rara vez se tiene en cuenta el peso y la urgencia de realizar una transición del sistema agroalimentario, especialmente si tenemos en cuenta que muchas de las actividades de este último, difícilmente podrán ser electrificadas. Ambos sistemas están profundamente entrelazados. Sin transición agroalimentaria no habrá transición energética. La transición energética afectará directamente al sistema alimentario, y viceversa.

La energía en los sistemas agroalimentarios

El sistema agroalimentario es cada día más insostenible, tanto desde un punto de vista ambiental, como energético. La maquinaria agrícola, así como los sistemas de bombeo para la extracción de agua subterránea e irrigación usan diésel; los fertilizantes y plaguicidas son producto de la industria petroquímica; en la producción de semillas, en los piensos de la ganadería, durante la cosecha, el procesamiento de la comida y su empaquetamiento, el transporte y la refrigeración, todas las etapas de la distribución implican un uso masivo de diésel y electricidad, esta última a su vez generada principalmente con combustibles fósiles.

El consumo total de energía en la agricultura se ha disparado desde 1970 hasta ahora. En el caso del gas y el diésel, se ha multiplicado casi por cinco y la electricidad ha aumentado casi diez veces. El sistema agroalimentario consume alrededor del 30% de la energía mundial –en su gran mayoría fósil–, de la cual el 70% se consume fuera de las fincas, en las largas cadenas de distribución y consumo. Alrededor del 30% de esa energía se desperdicia a través de pérdidas de alimentos en un punto u otro de la cadena de valor. Alrededor del 80% de la energía total asociada al ciclo de vida de los alimentos proviene de combustibles fósiles, especialmente gas, para el procesado de alimentos. 

(...) De cómo la Revolución Verde allanó el camino de la intensificación y la expansión del consumo de recursos fósiles en el sistema de producción de alimentos 

Los seres humanos a lo largo de la historia, hemos producido alimentos a partir de la utilización de recursos mayoritariamente locales. Con la revolución industrial se empieza a importar insumos de territorios alejados y comienza el desacople entre sistemas agroalimentarios y territorio. Posteriormente, en el siglo XX, se produce el impulso del modelo industrializado basado en combustibles fósiles y, por tanto, en la importación de energía. Fue al calor de la Revolución Verde de las décadas de 1950 y 1960, cuando se implementaron a escala masiva una serie de innovaciones en agricultura, que promovieron la utilización de nuevas variedades de plantas con mayor rendimiento, el empleo de maquinaria pesada, así como el uso de fertilizantes y pesticidas químicos para aumentar la producción. También se desarrollaron nuevas técnicas de riego y métodos mecanizados para cultivar los campos. Los derivados del petróleo y el gas natural son fundamentales para este tipo de agricultura, hasta el punto de que se necesitan hasta 13 unidades de energía fósil por cada unidad de energía alimentaria producida (...)

David González Sánchez es Licenciado en Ciencias Químicas, Máster en Ciencias Agroambientales y Máster en Energías Renovables. Especializado en regeneración de suelos. Cooperativista en Sustraiak Habitat Design.


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